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jueves, 30 de agosto de 2012
Borrón y cuenta nueva (again)
Dos semanas y pico al tacho. Estuve comiendo, meta atracones. Le metí unos buenos kilos. Pero frené. Y me enderecé este lunes. Ya estoy desintoxicada, ayer fui al grupo, y me siento mucho mejor. Elijo esta vez no darle 1500 vueltas al tema de por qué me atraqué, el tiempo que perdí, los kilos que recuperé, lo mucho que me odio. Menos drama. Cuando hago esos mea culpas terribles lo único que logro es profundizar el esfuerzo que me insume retomar la dieta, porque estando deprimida uno lo único que quiere es seguir comiendo. Listo, me perdono. No para evitar tomar responsabilidad por lo que hice, que sin dudas estuvo como el or*to, pero para poder mirar para adelante. Actualizo la tablita (65,7 kg esta mañana) y listo. A otra cosa mariposa.
lunes, 6 de agosto de 2012
Me fui a la remil... desenfreno total
Una vez más, la pregunta que se cae de maduro es ¿por qué? El otro día especulaba con varios factores, que hoy no estuvieron presentes. No parece haber habido un motivo desencadenante demasiado claro como la otra vez. Y además, esta vez no hubo freno, le di hasta que no hubo vuelta atrás. No sé. Estoy decepcionada de mi misma, pero con menos cargo de conciencia que la otra vez. Lo cual me da miedo. Todavía no pagué este mes en la clínica. No quiero aprovechar la volteada de no querer dar la cara este miércoles e irme a la mier*da. Estoy en esos puntos de inflexión en los cuales o redoblo esfuerzos y sigo, o tiro la toalla y apareceré de nuevo en este blog en unos 5 meses con 15 kilos de más.
domingo, 29 de julio de 2012
Atracón: buscando las causas
Bueno, mi último post
resultó premonitorio: no se puede andar pelotude*ando porque trae
consecuencias, y en mi caso MUY graves. Como la última vez que escribí fue
después del fin de semana pasado, tengo bastante para recapitular. Acá va:
Luego del finde de excesos
me enderecé el lunes y anduve bien hasta el miércoles a la noche. Fuimos a
cenar con mi vieja y dos amigas suyas a un restaurant pipí cucú. Me abstuve de
la panera, y pedí pescado, pero hubo unos picoteos fuera de reglamento: un
bocado de fainá que trajeron de entrada, dos endivias rellenas con queso azul,
nuez y reducción de aceto y miel (la cosa más maravillosa que he comido en
años), y una feta de tostón. Me explico: el pescado venía con una tostada de
pan tipo lactal pero gordo como tres fetas juntas, medio dorado en manteca y
ajo. Lo fui pellizcando hasta que decidí cortarme una feta, disfrutarla y
punto. Además, el pescado venía en una especie de salsita que debía tener crema
de leche, y comí un bocado de un crumble que se pidieron el resto. Ah! Y dos
vasos de sauvignon blanc. Ahora que lo escribo todo, suena muchísimo, pero no
lo era... para alguien que está manteniendo! Obviamente no para mi, y sobre
todo por el tema PAN.
Al día siguiente tuve
almuerzo con clientes, y a pesar de que pedí una ensalada muy light y sin
condimentos raros, me comí el pancito de acompañamiento. Jueves a la noche,
finalmente, volqué. Los mini desbordes se acumularon y enfrentada con
una parrillada, me llevó puesta. Comí una empanada de carne frita, una porción
de entraña con ensalada, algunas papas fritas, dos vasos de malbec, y la peor
parte: dos panes. Logré abstenerme de pedir postre, pero a la vuelta, en un
kiosco, mi vieja compró un helado de chocotorta, un alfajor de maicena,
bombones y almendras. Me comí un mordiscón de cada cosa, y casi medio tarrito
de almendras, de esos altos, hasta que me las acabé. Si hubiera habido más, me
las seguía comiendo.
El viernes hice las cosas
super bien, incluso a pesar de haber estado luchado internamente media mañana
en contra de una medialuna que me miraba desde el centro de la mesa de la sala
de conferencias en que estuve reunida.
El sábado fui a la
clínica, anoté mil cosas, reflexioné sobre por qué había volcado, lo entendí, y
a la tarde me volví a ir al carajo. Té con platón de frutas, quesos y dos
tostadas de semillas con queso blanco y miel. Compartido con mi amiga, no fue
mucho, pero seguía jodiendo con el pan. Y a la noche toqué fondo: me
tomé un vino con otra amiga, que me eliminó todo freno inhibitorio. Volvía
caminando a casa, pasé por un kiosco y me compré un alfajor chocoarroz y un
paquete de galletitas de arroz, que me comí entero, untado con queso blanco, y
cuando se me acabó eso, con mayonesa. Compré esas galletas --y no unos twistos,
por ejemplo-- porque pensé que si me iba a atracar, que al menos no fuera tan
grave, que no fuera con harina. Pero finalmente luego de comerme hasta la
última galleta inmunda, me volví a cruzar a en frente a comprar medio kilo de
helado LIGHT. Caradura. Me comí hasta los dos cucuruchos que te meten en la
bolsa.
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| Foto: t3.gstatic.com |
Hecha la recapitulación
fáctica, vayamos a las causas, ¿qué
me pasó? Múltiples posibles interpretaciones, o capaz varios factores que
contribuyeron y la sumatoria pudo más. El descontrol empezó el fin de semana
pasado, así que habrá que comenzar por ahí y ver qué pasó.
Pasé todo el finde con mi
vieja, a la que ya les he contado que no quiero participar de mis decisiones
alimentarias, ni de imagen, ni nada por el estilo. Al no explicar que estaba en
la dieta sin harinas, hubo cosas a las que no "pude" decir que no sin
que se notara. Excusas, no? Lo que pasa es que mi vieja puede ser muy
insistente. Ella es una gorda desbordada sin control que permanentemente busca
cómplices para sus excesos y luego busca responsables de sus atracones. Durante
todo el finde estuve en una constante lucha por ponerme límites a mi misma,
pero al mismo tiempo también tuve que luchar en contra de poner límites a mi
mamá. Normalmente ya me cuesta solita mi alma tomar la decisión correcta, acá
tuve que luchar en dos frentes, sumando a los embates permanentes de mi mamá.
Más lo pienso y más bronca me da. Salto al miércoles y de nuevo lo mismo, casi
puedo escucharla insistiendo durante casi 15 minutos que alguien compartiera
con ella un postre, que se terminó pidiendo sola (el crumble al cual le di un
bocado). El jueves la escena que hizo porque no pudo pedir postre fue digna de
ver. Una nena caprichosa parada en la vereda a punto de largarse a llorar hasta
que logró irse al kiosco y comprar todas esas golosinas que enumeré. Me dio
asco, la odié. Y entonces por qué yo también me prendí? Por qué en el punto en
que más me desagradó verla fue cuando bajé la guardia y me comí un millón de
almendras hasta que me dolió la panza?
Segundo factor
involucrado, qué predecible que soy: un tipo. Salí el sábado pasado y estuve
charlando con un tipo que rajaba la tierra. Me fui chocha a mi casa porque me
hubiera dado bola un tipo así, pero obviamente una semana después no ha vuelto
a llamar. Mi interpretación del suceso fue inicialmente “positiva” (notar la
comillas, que no son casuales). Pensé: “che, debo haber adelgazado bastante, y
debo estar bastante bien si un tipo como este considera que estoy lo suficientemente
buena como para querer darme masa.” Por supuesto, subyacente en el pensamiento
está que el tipo está totalmente fuera de mi liga, y que sólo puede querer
g*rcharme y nunca nada más. De hecho, no muy subyacente, sino más bien
ostensible, está también la sorpresa porque siquiera considere g*rcharme.
Cuando no volvió a llamar, no me deprimí, porque en el fondo prácticamente lo
justifiqué. El interés del tipo era esa noche, porque era lo que había, lo que
encontró a mano, pero no había ninguna chance de que tuviera interés en
continuarlo más allá de esa vez. Nuevamente intenté racionalizarlo como que era
un “boost” para mi autoestima que un pibe así se hubiera fijado en mi. Pero
luego del atracón de anoche evidentemente tengo que sincerarme conmigo misma y
admitir que debo seguir odiándome, a pesar de estar más flaca, si es que puedo
llegar a pensar y creerme todas estas construcciones que estoy relatando. Una
mina con un cachito de autoestima se hubiera permitido fantasear con el tipo,
ilusionarse con que llamara, y enojarse si finalmente no llamaba. No fue mi
caso.
Hubo otros factores?
Supongo que el tema del alcohol no ayudó. Normalmente aún a pesar del consumo
de harina hubiera podido parar un atracón. Pero el pedo te quita todo límite,
toda inhibición, y enfrentada con la decisión, fue mucho más fácil decidir irme
a la mierd*a.
Así que acá estoy. Agarrada
a la silla, con miedo de siquiera rumbear por la cocina por lo que pueda llegar
a hacer. Rompiéndome la cabeza para ver cómo hago para no dejar que este
tropezón me pegue para el lado de la depresión. Determinada a no volver a dejar
que suceda el efecto “contagio” con mi vieja, pero con pocas pistas sobre cómo
meterme en personaje de mujer sexy y creérmela lo suficiente para que un
desencanto mínimo no me cagu*e a palos la autoestima. Respiro hondo…
miércoles, 11 de julio de 2012
Destapando los problemas escondidos abajo de los kilos
Hoy de nuevo sigo en 67,7 kg. La frustración en niveles insostenibles, al punto que casi tiro la toalla. Me llevé toda mi comida al laburo: un yogurt para la mañana, otro para la tarde, y la vianda para el almuerzo. Pero a las 11 am ya me había tomado dos cafés con leche, un té, un vaso de jugo de naranja, uno de agua, y mi yogurcito, y seguía ansiosa. Llamó una amiga para ir a almorzar y fui a meter la vianda en la heladera para que quedara para mañana. Derechito al restaurant, y pedí una pechuga caprese (léase con queso gratinado, tomates y un aliño de aceite con albahaca), acompañado de ensalada de lechuga, tomate y huevo. El doble de la ración de la vianda. Me contuve de comer pan de la panera, pero de puro pedo. Luego me clavé un cortado en jarrita. Y al volver a la oficina, a la hora ya me estaba comiendo el yogurt de la media tarde.
La desmotivación que viene con estos 10 días sin descensos está siendo acompañada, crecientemente, por una leve sensación de depresión. Sacar el foco de la comida, recuperar la lucidez, hace que pueda ver con mucho más claridad algunos aspectos de mi vida que no me gustan ni un poquito. Y la primera y principal es que estoy muy sola. Mientras estaba comiendo no me dolía tanto, porque convengamos que si hay que darse atracones, la mejor receta es hacerlo con total impunidad. Un fin de semana promedio me clavaba unas medialunas por la tarde, un delivery de empanadas a la noche, y un cuartito de Freddo, y me iba a dormir pipona sin siquiera plantearme "uy, es sábado a la noche, no debería estar disfrutando de la noche como la gente de mi edad?" Abatida por la culpa de los atracones es muy difícil poder pensar en otras cosas, aún en lo que esos mismos atracones están haciendo que uno se pierda. Porque mi teoría es que justamente para eso uno busca esos atracones, para tapar los problemas con kilos. Para sentir el efecto estupidizante de la dopamina.
En este fin de semana que pasó, que encima fue largo, se me patentizó bastante que estoy muy sola. Me empecé a dar manija que tengo muchos conocidos pero pocos amigos de verdad, que mi familia está lejos, que no tengo pareja, etc. Me agarró el síndrome Miranda, en ese capítulo de Sex and the City en que se atraganta con comida china y casi se ahoga, y frikea porque piensa que si se hubiera muerto, nadie la hubiera encontrado hasta que apestara su cadáver en todo el edificio y su gato le hubiera comido toda la cara. Dramática yo? No, ni ahí. Pero un poco me jodió pensar en quedarme encerrada todo el fin de semana mirando televisión, dejando que mi juventud transcurra, sin vivirla. El put*o invierno y este frío polar no ayudan. Así que me dije a mi misma "aunque no tenga con quien compartir mi vida, no quiere decir que tenga que vivir encerrada", y me armé mil programas en solitario. Fui al cine, fui a caminar, me fui con mi libro a leer en un café, fui de shopping. Y la verdad es que me sentí más sola que si me hubiera quedado en mi casa.
Hoy fui a terapia y estuve hablando de esto, y la interpretación a la que llegué -- o a la que me condujeron medio de prepo-- fue la siguiente: soy una co-dependiente (chocolate por la noticia). Adicción que anda dando vuelta yo me la pego. A medida que me deshago de una, me agarro de otra distinta. El pucho, luego la comida, luego mi ex, luego mi mamá, luego la comida de nuevo. Habiendo superado mi co-dependencia con la comida (o al menos estando en proceso de ello) estoy a la pesca de un nuevo objeto. Pareja no tengo, al pucho no vuelvo, y tengo muy en claro que a mi mamá tampoco. Entonces parece que me pego a mis amigos. Y cuando me faltan, como por ejemplo durante un fin de semana largo que todo el mundo raja a hacer mini turismo, me quedo sin "chupete". Será tan así? No lo sé. No creo que estar solo, y aprender a estar solo en mi caso sea algo deseable. Como le dije a la mina, si hay algo a lo que tiendo es al ostracismo voluntario. Si hay algo en lo que tengo que trabajar es a aprender a abrirme, a relacionarme, a generar vínculos. Y no a quedarme en casa con el control remoto. Pero el punto que sí tiene es que antes, cuando me quedaba sola tipo ermitaña, era siempre con comida. Sin comida, es otra cosa, y es una situación nueva. La cuestión es que decidí que aunque me cueste un huevo, tengo que salir de mi comfort zone (léase, mi casa) y explorar el mundo. SOLA. Hasta que no duela. Hasta que se me haga natural. Hasta que me guste. Hasta que la posibilidad de compartirlo con otro sea un PLUS, pero no una CONDICIÓN.
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| Olla en ebullición! Foto: siquieroentoncespuedo |
En este fin de semana que pasó, que encima fue largo, se me patentizó bastante que estoy muy sola. Me empecé a dar manija que tengo muchos conocidos pero pocos amigos de verdad, que mi familia está lejos, que no tengo pareja, etc. Me agarró el síndrome Miranda, en ese capítulo de Sex and the City en que se atraganta con comida china y casi se ahoga, y frikea porque piensa que si se hubiera muerto, nadie la hubiera encontrado hasta que apestara su cadáver en todo el edificio y su gato le hubiera comido toda la cara. Dramática yo? No, ni ahí. Pero un poco me jodió pensar en quedarme encerrada todo el fin de semana mirando televisión, dejando que mi juventud transcurra, sin vivirla. El put*o invierno y este frío polar no ayudan. Así que me dije a mi misma "aunque no tenga con quien compartir mi vida, no quiere decir que tenga que vivir encerrada", y me armé mil programas en solitario. Fui al cine, fui a caminar, me fui con mi libro a leer en un café, fui de shopping. Y la verdad es que me sentí más sola que si me hubiera quedado en mi casa.
Hoy fui a terapia y estuve hablando de esto, y la interpretación a la que llegué -- o a la que me condujeron medio de prepo-- fue la siguiente: soy una co-dependiente (chocolate por la noticia). Adicción que anda dando vuelta yo me la pego. A medida que me deshago de una, me agarro de otra distinta. El pucho, luego la comida, luego mi ex, luego mi mamá, luego la comida de nuevo. Habiendo superado mi co-dependencia con la comida (o al menos estando en proceso de ello) estoy a la pesca de un nuevo objeto. Pareja no tengo, al pucho no vuelvo, y tengo muy en claro que a mi mamá tampoco. Entonces parece que me pego a mis amigos. Y cuando me faltan, como por ejemplo durante un fin de semana largo que todo el mundo raja a hacer mini turismo, me quedo sin "chupete". Será tan así? No lo sé. No creo que estar solo, y aprender a estar solo en mi caso sea algo deseable. Como le dije a la mina, si hay algo a lo que tiendo es al ostracismo voluntario. Si hay algo en lo que tengo que trabajar es a aprender a abrirme, a relacionarme, a generar vínculos. Y no a quedarme en casa con el control remoto. Pero el punto que sí tiene es que antes, cuando me quedaba sola tipo ermitaña, era siempre con comida. Sin comida, es otra cosa, y es una situación nueva. La cuestión es que decidí que aunque me cueste un huevo, tengo que salir de mi comfort zone (léase, mi casa) y explorar el mundo. SOLA. Hasta que no duela. Hasta que se me haga natural. Hasta que me guste. Hasta que la posibilidad de compartirlo con otro sea un PLUS, pero no una CONDICIÓN.
sábado, 9 de junio de 2012
Detectando tendencias
Pasé la barrera de los dos días de no comer ni tomar nada fuera de la dieta, y me siento mucho mejor. No es que haya bajado una barbaridad, van cuatro días de dieta después de todo, pero me siento bajo control, no desaforada por la comida. Hoy hice compra grande en el super y cociné para toda la semana, fraccionando en porciones y metiendo todo el freezer. Estoy preparada y tengo un plan, así que espero que me vaya bien.
Estuve repasando las veintipico entradas que publiqué en este blog hasta enero de este año, en que tiré la toalla. Es impresionante cuando uno se aleja y mira el "big picture", qué claro que parece todo, ¿no? Arranco la dieta cuando toco fondo. Me propongo hacerla "todo o nada", para desintoxicarme. Luego de una semana ya me siento mejor, y empiezo a negociar, a hacer pequeñas trampitas, total sé que sigo bajando, por contraste con lo que venía haciendo. Una pequeña desviación de la dieta empieza a convertirse en muchas infracciones recurrentes. Empiezo con las justificaciones: "esto que estoy haciendo es mucho más razonable que 600 calorías diarias, prefiero adelgazar más lento pero de manera saludable". Y a los tres días me doy un atracón y desaparezco. Moraleja: no puedo desviarme ni un poquito. No puedo negociar. Y tengo que agregar ejercicio o ningún cambio que aborde va a ser duradero.
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| Foto: bryanhehirexposed.wordpress.com |
Bueno, la teoría está. Podré cambiar mi historia? Podré escribir un nuevo post en una semana y no tener que denunciar ninguna irregularidad?
jueves, 7 de junio de 2012
Vuelve el perro arrepentido...
Hola de nuevo a la blogósfera. Luego de meses de ausencia retomo el contacto con este medio y ¿adivinen qué? Por supuesto, estoy hecha un tanque. Y ya no un kilito o dos, sino una bocha: estoy pesando 72 kilos. Casi lo mismo que pesaba cuando empecé Ravenna la primera vez, en 2009, que estaba como en 74. Sí, una bestialidad. Estaba releyendo mi último post, que estaba en 64,5 o algo así. En ese post decía que en las últimas recaídas al menos había podido frenar a tiempo, y que ya no me iba a ir a la mier... como en otras oportunidades, que ya no iba a pasar de 69. Flor de chasco...
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| Otra vez la c*gué |
No sé cómo llegué a este punto. Sospecho que tiene mucho que ver con mis frustraciones emocionales, concretamente con un tipo. Qué predecible, no? En los últimos dos meses ya la cosa se me fue de control, cayendo en atracones permanentes. A la noche me iba a dormir tan llena que me despertaba aún sintiéndome mal, llena hasta la garganta, y para “bajar” esa comida, arrancaba bien tempranito con otro atracón. Mi sistema digestivo la pasó muy mal por varias semanas, mejor ni les cuento porque es muy escatológico. Y finalmente llegué al punto en el cual no me entró ningún pantalón. Los viejos, los “de gorda”, pre 2009, no sé ni dónde están. Creo que se los di a mi vieja, y antes muerta que pedírselos de vuelta. Tuve que salir a comprar nuevos, y cuando ésos no me entraron, me compré un vestido negro de modal elastizado talle ballena, lo que yo llamo una “carpa de beduino”, y me escondí ahí adentro. Pero, ¿a quién engaño? No hay cómo esconder los casi 10 kilos que me puse. Se notan por todos lados.
Hace poco hice una escapada de viaje con una amiga, situación que inevitablemente deriva en el sacado de fotos. Uggh...! Cuando me vi en las fotos... Qué asco que me doy, qué desagradable que me siento. Una intocable, sexy como una ameba. En terapia había hablado del tema de la imagen en su momento, y había llegado a la conclusión de que ponerme kilos es un mecanismo de defensa, porque me “saco del mercado”. Gorda, ¿quién va a quererme? ¿Quién podría desearme? Nadie. Listo. Riesgo cero. Es totalmente cierto que cuando a pesar de mi estado de grasitud me avengo a salir de noche –lo cual la mayoría de las veces ni siquiera accedo a hacer—me pongo de expectadora de mis amigas. Ellas levantan, yo miro, yo soy uno más de los muchachos, riéndose de las otras que despliegan sus armas de seducción. Ok, detectar el problema y admitirlo es el primer paso para solucionarlo, no? Entonces con mi psicóloga empecé a intentar hacerme a la idea que alguien me puede querer gorda, que no me excluye del mercado, que puedo estar “adentro” del mercado, y no mirarlo de “afuera” solo por ese motivo. Empecé a querer cambiar mi actitud por adentro, al menos, aunque no cambiara mi aspecto de afuera. A meterme en personaje de mujer, a permitirme seducir, etc, etc. Bueno, por supuesto, fue un fracaso rotundo. Y ahí le di una vuelta de rosca a la explicación de mi gordura: comer anula mi sexualidad. Pero ya no en el sentido de que me saca del mercado, es decir, no solo porque me hace menos deseable, y entonces menos expuesta al riesgo del rechazo. Sino porque aplaca mi deseo sexual. Psicológicamente, porque me siento una bolsa de manteca in-c*gible, pero también físicamente, porque me anula hormonalmente. ¿Acaso será casualidad que me mando los peores atracones por la noche, cuando vuelvo a casa y estoy sola como un perro, mirando televisión? No hay casualidades. Este tema es muy extenso, no termino de desentrañarlo yo misma, y además ponerlo por escrito me hace sentir más patética de lo que ya me siento, así que lo dejaré para más adelante.
Volviendo a las fotos: toqué fondo. Fue mi “ahá” moment, en el que dije “bueno, basta”. Hace dos semanas y pico que volví de viaje ya, pero todavía no he logrado engancharme con nada. La semana pasada fui a un grupo de Ravenna y me compré viandas. Por unos días anduve bien, pero progresivamente fui aumentando la ración, y terminé a los atracones. Intenté retomar el ejercicio, pero el finde tuve que laburar y no hice nada. Al menos ayer arranqué Pilates. Sé que no voy a perder peso con eso, pero al menos es un paso hacia retomar el cuidado de mi cuerpo, el contacto con mi cuerpo. Pero digamos, que a pesar de sentirme muy muy mal desde las fotos, hago un paso adelante y cinco para atrás, y no sé cómo hacer para cortar con eso.
Hoy podría ser un buen día de “turning point”, por varios motivos:
1) Tengo grupo de Ravenna, y me van a recag*ar a pedos, porque esta semana hice todo mal. La semana pasada era fin de mes, y no pagué nada porque llegué después del horario de cobranzas, pero si hoy voy, tendré que pagar todo el mes, y dado que sale un fangote de plata, eso me puede llegar a incentivar a permanecer. Además, voy a aprovechar para repasar la teoría. En Ravenna te dicen que no hay que pensar, hay que hacer la dieta sin desviarse. Salirse de la dieta te saca de la acidosis, te da hambre, te pone ansiosa, y la c*gás, y no un poquito, sino que terminás en el atracón.
2) Tengo terapia. Quiero ahondar esta relación entre la comida y la sexualidad (o la falta de). Siento que vengo abriendo muchas líneas de pensamiento relacionadas con lo mismo, pero no termino de sacar una conclusión que me ayude. Voy a ver si hoy puedo recapitular un poco y tomar conciencia de algunas cosas.
3) Siento algunos músculos tensos de haber hecho Pilates ayer. Eso es bueno, incentiva.
4) Mi bloguera preferida, Jen, posteó hoy un desafío de bajar 12 pounds (algo así como 6 kilos) de acá al 1º de agosto. Y me gustan los desafíos. Me motivan. Este en particular me sirve, porque me hace sentir que no estoy sola. Y constituye lo que se llama un objetivo inteligente [en inglés, “SMART” goal: Specific, Measurable, Achievable, Relevant, and Time-based].
5) Retomé este medio, al fin y al cabo, no? “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.
Solo espero que después de toda esta perorata mi próximo post no sea de acá a 5 meses con 10 kilos más encima...
martes, 24 de enero de 2012
Todo sobre mi madre (reflexiones post atracón)
Hola, hola! Justo cuando todos pensaban que me estaba
pudriendo en mi departamento como esas dos pobres viejas en Recoleta, NO, aquí
escribo este post para reafirmar que sigo viva!
Qué pasó? Bueno, por supuesto, la cagué. Luego de mi último
reporte, que había sido 65,4kg, me fui el fin de semana de visita a casa de mis
viejos. Muchos eventos sociales, sumados al “calor materno” canalizado a través
de la comida, y me puse más de un kilo en dos días. Sí, se puede ser así de
animal. Ahora no me acuerdo bien, pero creo que el lunes a la mañana ese me pesé y clavé 67.
Me puse en regla inmediatamente y ajusté el cinturón. Ese
miércoles al grupo de Ravenna apenas y con lo justo llegué a denunciar un
“igual”, pero al menos me hice cargo de decir que no fue un “igual” porque la
dieta no está funcionando, o “no estoy tomando suficiente agua, se ve”, como
dicen algunos cara-rotas. Dije que la había cagado, que ir a casa de mi vieja
generalmente me trastoca todo. Y no en la forma en que cualquiera pensaría
(léase, comida casera si se trata de una madre aplicada, o comida chatarra si
se trata de una madre sin dotes culinarios). Por suerte no me dieron
oportunidad para explayarme, porque ya estaba terminando la sesión.
Qué pasó con mi vieja? Bueno, luego de 30 años de darme el
peor ejemplo del mundo en materia alimentaria (exceso de peso crónico, comida
chatarra ilimitada casi como gracia, cero balance nutricional, atracones
permanentes de comida, sedentarismo absoluto, problemas de auto-estima o de
imagen que ni les cuento, etc) ahora resulta que adelgazó. Creo que en parte
fue debido al efecto contagio que produjo en ella el hecho de que yo el año
pasado bajé casi 12 o 14 kilos. En ese momento, que yo dejé de pegarme a la
mierda de ejemplo suyo y tomé mi rumbo, hice un esfuerzo consciente de no
dejarla inmiscuirse en mis decisiones de comida ni en mi percepción de mi
imagen corporal. No quería su condicionamiento, no quería sus prejuicios, sus
experiencias pasadas, ni nada de eso que impactaran sobre mi dieta. Funcionó. Y
eventualmente ella se pegó a mi ejemplo y bajó, lo cual me alegró inmensamente.
Pero mientras yo este año tuve mis bajones y volví a los 68-69s (cuando rondé
los 62-63s), mi vieja adelgazó fuerte. Guarda, tampoco es que se convirtió en
role-model, a ver… Yo luché todo el año tratando de lograr un balance, un punto
medio, un equilibrio, que finalmente no encontré, pero le re puse huevo. Y
hasta podría decir que en parte no estuve tan mal, porque hasta septiembre me
mantuve re bien, y cuando me empecé a ir de tema, no me puse mil kilos sino que
supe frenar a tiempo. Como creo que ya expliqué, también me pasó algo curioso
que fue sentirme horriblemente gorda en un peso de 69, que el año pasado había
marcado el comienzo de sentirme divina. Es decir, subí el estándar, ya no me
voy a dejar ir como antes nunca más. Por
contraste, mi vieja tuvo una recaída de varios meses en los cuales se mandó un
atracón atrás de otro, se puso de nuevo todo lo que había bajado y algo más (y
hablamos de 20-25 kilos, no 5), luego de lo cual retomó y bajó. Pero volviendo
al fin de semana: ella está flaca como nunca, y quiero decir nunca, en los 30 y
pico años que la conozco. Mientras tanto, yo ando desmejorada y queriendo
levantar cabeza. Y qué hizo: se puso a pontificar. Con el dedito en el aire
decidió hablar desde la autoridad moral que sólo puede tener quien ha sido
flaco 15 minutos y pretendió darme cátedra sobre cómo adelgazar. No sólo eso
sino que me ofreció mi ropa de gorda que llevé a su casa y que le dije que no
quería volver a usar en mi vida. Hace un año mi ropa de gorda era mi mejor
ropa, que ella recibió con brazos abiertos a medida que yo iba bajando de peso
y me iba quedando grande, y ella también iba bajando de peso y por primera vez
entraba. Ahora esa ropa le queda grande, y me la vuelve a ofrecer a mi, la
gorda que tuvo la recaída. Se le escapa la sutileza? No lo creo. Mi vieja será
muchas cosas, pero no es pelotuda, y tiene años de gorda y otros tantos de
psicoanálisis, así que sabe el dedo en el culo que me estaba metiendo.
Qué hice como reacción? Lo que cualquiera hubiera hecho en
mi lugar, llevarle la contra. “No me
digas lo que tengo que comer, yo sé perfectamente lo que tengo que comer, y voy
a comer lo que quiera, y eso incluye todo lo que se me cruce por el camino en
todo el fin de semana, y otras cosas también, que iré a comprarme adrede para
mostrarte que no me controlás!” Muy racional, no? Si, yo también tengo que
volver a terapia, evidentemente. Es que aunque sé que mis problemas de peso son
míos, porque yo soy la que abre la boca y morfa, en el fondo reconozco el
germen de mis problemas de imagen en verla ser gorda mientras yo crecía. Pobre,
no? Ella seguramente luchaba con sus propios demonios, pero lamentablemente
todo impacta sobre los hijos. Había un doble mensaje por ahí escondido, porque
mientras nos trasmitía “querete como sos”,
eso era válido siempre y cuando fueras flaca, pero si sos gorda no valés un
mango. Si de chica hubiera empezado con sobrepeso el mensaje hubiera sido “ponete linda para que la gente te quiera,
porque gorda sos un sorete”, que era como ella se trataba a sí misma.
Y también hay algo de competencia. Ella siempre fue gorda
que yo recuerde, así que nunca compitió conmigo, porque nunca pudo. Ahora la
tortilla se invirtió y de repente vuelan las hilachas por los aires… No sé.
Será que la que compito soy yo? Será mi auto-estima la que está herida porque
ella está flaca? Tiendo a pensar que no, porque finalmente puedo salir a la
calle al lado de ella y no sentirme abochornada de que la gente nos ve y piensa
“the apple doesn’t fall far from the tree”.
Fin de la digresión (y del atracón). Volví a mi rutina luego
de ese fin de semana, volví a la vianda, y me dejé de joder. Y vengo bien. Hoy
pesé 64,5 kg. Estoy a un kilo y medio de la meta inicial, y luego veré cómo
sigue esto, si decido bajar un poco más o si decido intentar mantenerlo. Recién
cuando pisé los 65 en punto dejé de sentirme horrible y empecé a verme mejor,
pero sigo disconforme. Creo que la diferencia con el año pasado es que no
retomé el gimnasio, y aunque la grasa disminuye, la masa muscular no se
incrementa y me veo como un montón de gelatina. Ahí claramente está la meta de
la etapa que se viene.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Soy lo menos
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| The shame!! |
Cuando retorné pude haber intentado retomar, pero estaba
enviciadísima con la harina. No pude parar. Y llegó navidad, y siguió la
comilona. La consigna de vestirme linda y sentirme cómoda también se fue al
carajo. No me entraba nada y tuve que recurrir a una superposición de prendas
para intentar taparme el culo. Decí que al menos hizo un poco de fresco y la
pude caretear un poco.
Lunes, martes, y hoy miércoles, y sigo sin cortar. Como
anoche me sentí requete mal, por la sumatoria, hoy me moderé un poco. Pero a
ver, no fue muy meritorio, no es que “me cuidé”, sino que no podía comer,
físicamente hubiera sido imposible otro atracón, por falta de capacidad. Hoy
comí una tarta al mediodía, un yogur a la tarde y unos rollitos de jamón y
queso de cena. Recién termino de hacer puré de calabaza a ver si retomo la
buena senda, pero estoy mal predispuesta, ya sé que no lo voy a hacer. Mañana
tengo un almuerzo de cumpleaños, a la noche cena en un restaurant con amigos,
el viernes cumpleaños con chupi por la noche, y el sábado la cena de año nuevo.
Estoy apuntando al lunes. Sé que es un chiclé terrible, “el lunes empiezo”,
pero es lo que hay. El martes tengo turno con un nutricionista, y vamos a ver
si lentamente retomo.
Y el saldo de esta nueva ronda de atracones es… (sonido de
platillos): 69,5 kilos! Subí 3 kilos y medio en dos semanas y pico. Y
sinceramente pensé que iba a ser mucho más. Soy un asco. Me odio y no sé qué
carajo me voy a poner para año nuevo. Maldito el momento que dije “ahora soy
flaca” y regalé todo a la mierda. Live and learn.
jueves, 1 de diciembre de 2011
El saldo de la jodita y metas del mes
Me pesé esta mañana: 68,200. Es decir, la jodita me costó
más de un kilo y medio. Flor de idiota, toda una semana a la basura. Pero
bueno, borrón y cuenta nueva.
Hoy ya siento que al menos una porción de mi tracto digestivo e intestinal no están completamente llenos de comida. Pero no sé por qué hoy estuve medio mareada por la tarde y medio nauseosa hace un rato. Tuve un día altamente frustrante en el trabajo, pero no me comí todo ni recurrí al delivery. Punto para mi. Mi comida de hoy:
- Desayuno: café con leche y mi yogurt.
- Almuerzo: dos milanesas de berenjena y puré de calabaza.
- Media tarde: dos cafés con leche y una pera.
- Cena: estoy cocinando media pechuga de pollo sobre fino colchón de zanahorias al curry en papillote. Como en los restaurantes de Palermo, suena divino pero es una porción de mier** envuelta en papel aluminio.
Hoy es 1º de diciembre. En uno de los blogs que sigo, la
minita todos los primeros de mes escribe sus metas y el último día hace un
reporte de cumplimiento. Me copa la idea, y voy a intentarlo con diciembre. Mes
jugado si los hay para andar poniendo metas ambiciosas, así que creo que voy a
ponerme metas alcanzables. Acá van:
- Pesar entre 64 y 65 kilos al final del mes.
- No darme ningún atracón.
- Pasar navidad y año nuevo cómoda, sintiéndome linda, y comiendo con moderación.
Así que… good luck a mi misma!
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Flor de palo (y sinceramiento)
Dicen que un tropezón no es caída. Bueno, no sé, yo me di un flor de palo este fin de semana, y estoy pagando muy caro las consecuencias.
El jueves fue mi última entrada, y hoy es miércoles. Soy relativamente nueva en esto de escribir y leer blogs relacionados con la pérdida de peso, pero si hay una estadística que no falla es que cuando un blogger desaparece es porque se fue a morfar. Eso es lo que estuve haciendo yo. No es que estuve "viviendo" la vida y la dieta quedó en un segundo plano. No, activamente hice todo lo que pude para sabotearme y atracarme con comida.
El jueves, como les conté, había banquineado levemente, producto de cierta falta de disciplina y compromiso, aunque nada grave. Todavía estaba a tiempo de enderezarme y retomar, porque la motivación estaba. Pero el viernes intervinieron otros factores, esta vez emocionales (aren't they always...). Una frustración amorosa --llamémosle-- y una (o varias) de índole laboral. Esa noche terminé volcando, con picada, cerveza, y más picada y más cerveza. El fin de semana largo me agarró deprimida, totalmente desmotivada, sin energía y aletargada por el atracón, y fundamentalmente, sin comida sana en la heladera. Así que me mandé un atracón de comida chatarra atrás de otro, abusando del delivery y encima, gastando una millonada de plata. Ayer retomé el trabajo pesada, culposa, con la cara hinchada como un boxeador por la retención de líquidos, y bastante "gaseosa" (y sí, el atracón no es gratis...). No pude frenar, y a la salida del trabajo fui directo al chino de enfrente a mi casa a stockearme de porquería. Con el estómago y el pecho tirante, sin poder respirar, recibí un llamado de unos conocidos para salir a tomar algo. Acepté, y le apilé un kilo más de comida arriba de los varios que ya cargaba. Terminé sintiéndome tan mal que consideré vomitar. Fui al baño, hice todo el ademán, pero ya se ve que la cosa estaba a medio digerir y no logré devolver más que un poco de bilis. Lo cual fue un poco un alivio porque hubiera sido mi primera vez con una conducta tan abiertamente patológica y bulímica.
Esta mañana no daba más. El desgaste físico y emocional de la forma en que me castigué todo el fin de semana me mató. Corté con la locura y comí lo siguiente:
No sé si contarlo como una victoria realmente porque la verdad es que siento que tengo todo el tracto digestivo lleno hasta arribita de todo, así que aunque hubiera querido continuar con otro atracón, no hubiera siquiera tenido capacidad física para hacerlo. Todavía me siento como la misma mier**. Una vez vi en National Geographic que los obesos, cuyos órganos digestivos se agrandan sustancialmente a lo largo del tiempo, acumulan grandes cantidades de comida sin digerir en el cuerpo. Como el proceso digestivo se vuelve más lento, sumado a las grandes cantidades consumidas, la comida llega a pasar varios días en el organismo, llega pudrirse ahí adentro y hasta puede causar intoxicación. Te mostraban la radiografía del sistema digestivo y se veían las masas de comida sin digerir. Bueno, eso siento yo.
Espero mañana sentirme un poco mejor, y no tan deprimida y desmoralizada. No sé si pesarme o no, porque tengo miedo de ver un número muy horrible y tirar todo al carajo otra vez. Por otro lado, si no me peso, puedo hasta creerme que este fin de semana de locura no tuvo consecuencias graves y seguir pelotudeando.
Lo que tengo claro es que hasta que no me sincere completamente en este blog, es lo mismo que nada. Así que he tomado tres determinaciones:
El jueves fue mi última entrada, y hoy es miércoles. Soy relativamente nueva en esto de escribir y leer blogs relacionados con la pérdida de peso, pero si hay una estadística que no falla es que cuando un blogger desaparece es porque se fue a morfar. Eso es lo que estuve haciendo yo. No es que estuve "viviendo" la vida y la dieta quedó en un segundo plano. No, activamente hice todo lo que pude para sabotearme y atracarme con comida.
El jueves, como les conté, había banquineado levemente, producto de cierta falta de disciplina y compromiso, aunque nada grave. Todavía estaba a tiempo de enderezarme y retomar, porque la motivación estaba. Pero el viernes intervinieron otros factores, esta vez emocionales (aren't they always...). Una frustración amorosa --llamémosle-- y una (o varias) de índole laboral. Esa noche terminé volcando, con picada, cerveza, y más picada y más cerveza. El fin de semana largo me agarró deprimida, totalmente desmotivada, sin energía y aletargada por el atracón, y fundamentalmente, sin comida sana en la heladera. Así que me mandé un atracón de comida chatarra atrás de otro, abusando del delivery y encima, gastando una millonada de plata. Ayer retomé el trabajo pesada, culposa, con la cara hinchada como un boxeador por la retención de líquidos, y bastante "gaseosa" (y sí, el atracón no es gratis...). No pude frenar, y a la salida del trabajo fui directo al chino de enfrente a mi casa a stockearme de porquería. Con el estómago y el pecho tirante, sin poder respirar, recibí un llamado de unos conocidos para salir a tomar algo. Acepté, y le apilé un kilo más de comida arriba de los varios que ya cargaba. Terminé sintiéndome tan mal que consideré vomitar. Fui al baño, hice todo el ademán, pero ya se ve que la cosa estaba a medio digerir y no logré devolver más que un poco de bilis. Lo cual fue un poco un alivio porque hubiera sido mi primera vez con una conducta tan abiertamente patológica y bulímica.
Esta mañana no daba más. El desgaste físico y emocional de la forma en que me castigué todo el fin de semana me mató. Corté con la locura y comí lo siguiente:
- Almuerzo: milanesa de soja con calabaza.
- Media tarde: una pera y dos cafés con leche.
- Cena: dos salchichas light y puré de calabaza, y dos ciruelas chicas de postre.
| Yuck! Fuente: obeseliving.com |
Espero mañana sentirme un poco mejor, y no tan deprimida y desmoralizada. No sé si pesarme o no, porque tengo miedo de ver un número muy horrible y tirar todo al carajo otra vez. Por otro lado, si no me peso, puedo hasta creerme que este fin de semana de locura no tuvo consecuencias graves y seguir pelotudeando.
Lo que tengo claro es que hasta que no me sincere completamente en este blog, es lo mismo que nada. Así que he tomado tres determinaciones:
- Voy a dejar de ocultar el número de kilos, cuánto bajé, cuánto peso, etc. Flor de pavada. A ver: mi peso en el 2006 era entre 65 y 68 kilos, y con bastante esfuerzo. Llegué a pesar 82 kilos en febrero de 2009, mi peor momento. Luego deambulé todo el 2009 en las proximidades de los 74 kilos. Para diciembre de ese año bajé a 67 y no lo podía creer. Pero en el invierno del 2010 volví a subir como hasta 76, peso en el cual toqué fondo de nuevo por noviembre de 2010. Ahí empecé mi dieta en serio y mi nutricionista me indicó que debía fluctuar entre 64 y 66 como peso normal. Bajé hasta 64 kilos, pero luego quise seguir bajando, y llegué a los 60,5 kilos en abril de este año. Luego lentamente me fui dejando ir. Debo haber raspado los 70 cuando decidí empezar este blog. En un par de semanas de desintoxicación logré bajar a 66,5 kilos, peso que registré en mi tablita la semana pasada. Hoy, luego de 5 días de atracones, debo estar en 69 de nuevo. Ok, basta de estupideces, mañana me peso.
- Voy a escribir aunque me haya mandado una gran cag***. No vale anotar lo bueno y desaparecer cuando las cosas no me salen como quiero. Ojalá tuviera más lectores (if any) así siento que estoy rindiéndole cuentas a alguien.
- Voy a dejar el anonimato, EVENTUALMENTE. Todavía no estoy lista para este último ítem, pero creo que este blog sólo me va a servir como instrumento de "accountability" cuando me de vergüenza (propia y no ajena) si me desvío de mis cometidos.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Saldo de la semana 1: muy positivo!!
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| Yeaaahhh, man!!! Fuente foto: cadiz.nueva-acropolis.es |
Comprobando la teoría de mi post de ayer, hoy recibí el
primer comentario de que me ven más flaca. La remil… Sí, la gente se da cuenta!
Y así como se da cuenta de que estoy bajando, se dieron cuenta de lo que subí.
Y me ven fluctuar, alegremente.
Pero bueno, al menos el esfuerzo no es en vano. Semana 1
superada y el total bajado es de… dos
kilos y medio!! Y un poco más también porque no me pesé el primer día. Es
lógico, dado que venía a atracones voraces, y al pasar de 100 a 0, el cuerpo
respondió. Se anota en la tablita. La semana próxima me va a costar el doble, y va a ser necesario una
de dos cosas, o la combinación de ambas: ajustar un poco más la porción o
complementar con algo de ejercicio.
Va lo que comí hoy, para no perder la costumbre:
- Desayuno: yogurt + dos cafés con leche
- Almuerzo: canelones de verdura y salsa de tomate casera (suena gordo, pero era una porción chica y cero aceite)
- Media tarde: un durazno y una ciruela
- Noche: una milanesa de soja con calabaza
Estoy exactamente parada sobre el peso que mi nutricionista
del año pasado me puso como cota máxima. Se suponía que una vez en
mantenimiento mi peso podía fluctuar en un rango de dos kilos. Así que es un
alivio saber que estoy de nuevo en un peso “aceptable”, al menos en términos de
BMI. Por supuesto, esto es solo el comienzo. El año pasado cuando llegué a este
peso, después seguí bajando. Llegué a la cota mínima y luego bajé tres kilos
más. Léase: tengo cinco kilos más por delante todavía. Sé que suena a muy poco,
y alguien podrá decirme que ese sobrepeso no es un problema de peso serio. Sin
embargo, no dudo de que tengo un desorden alimenticio: restricción, atracón,
restricción, atracón, no es una dinámica sana. El real desafío no es bajar
estos cinco kilos que me quedan, que puedo hacerlo antes de terminar el año,
sino mantener un peso aceptable a lo largo del tiempo. Ese es mi meta para el
2012. Era mi meta para el 2011, pero no tuve éxito. Ensayo y error. La próxima
vuelta tendré más herramientas, más información, más conocimiento de mi misma y
mis limitaciones, y este blog, mi nuevo grupo de apoyo. Si hay alguien
leyendo, dejen un mensaje! Así no me siento tan sola!!
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| ¿Hay alguien ahí? Fuente foto: fotolog.com |
martes, 22 de noviembre de 2011
La mirada de los otros...
Reporte diario exitoso, sigo sin pecar a pesar de haber
tenido muchas oportunidades al efecto.
- Desayuno: same as usual, no cambio ni el gusto del yogurt ultimamente
- Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
- Merienda: una ciruela, una manzana chica y un café con leche
- Cena: me jugué y salí de mi rutina, preparé pechuga de pollo al curry con zanahorias, todo en papillote, gourmet total! En un rato me voy a cortar una tajada de sandía.
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| Tobillos, where are thou? Fuente: hightechhealth.com.au |
Me veo la cara menos desfigurada por la gordura, sin tanta
hinchazón. Cuando hago episodios de atracón la retención de líquidos al día
siguiente es espantosa, al punto que no sé cómo caretearla ya con maquillaje.
Se me achinan los ojos, se me rellena completamente el párpado y me crecen los
cachetes que da miedo. Bueno, por suerte todo eso va mejorando. Otra cosa que
noto es que se me marca más la clavícula y la parrilla (así denomino yo a los
huesos que se ven en el espacio entre las tetas, que en mi caso, al tener
bastante poco y estar muy separadas, tiende a verse bastante cuando adelgazo).
Por supuesto el problema mayor (pun intended) sigue en sus dimensiones usuales
(mi traste, por supuesto), los tobillos están perdidos hace tiempo debajo de
grasa localizada sin remedio, y las piernas siguen regordetas y tipo maceta.
Las cachas están a pleno todavía, así que en cuanto me ponga una pollera y
traspire un poco me voy a paspar hasta el hipotálamo. Pero bueno, algo es algo.
Siempre se adelgaza de arriba para abajo (y en mi caso nunca llego a bajar todo
lo que tengo que bajar de abajo…).
A pesar de que yo ya un poco lo noto, no sé si la gente alrededor mío se da cuenta de que estoy bajando de peso, y hasta preferiría que no lo noten mucho. Me acuerdo que en terapia, una vez que hablé del tema de mi
sobrepeso, la mina me preguntaba por qué no podía asumirme como era, por qué la
necesidad de taparme, ocultarme bajo un montón de ropa. Yo respondí que porque
mi cuerpo me avergonzaba, y que la ropa amplia ocultaba lo que odiaba de mi. Me
sorprendió su respuesta, me dijo que era muy omnipotente de mi parte pensar
así. ¿Cómo omnipotente? Todo lo contrario, pensé yo. Pero cuando me lo explicó,
le di la razón. Es muy omnipotente creer que uno puede controlar lo que la
gente percibe de uno, la forma en que otros nos ven. Es obvio que aunque me
ponga la ropa más amplia del mundo, la gordura se ve!
El médico nutricionista que empecé a ver inmediatamente
después de que me “dieron de alta” de la terapia (era terapia por objetivos,
ergo de corta duración), me dijo que el gordo es una persona fuera de control.
Descontrolada en su alimentación, en sus emociones, en todo. Eso, sumado a lo
que me había dicho la psicóloga, hizo que llegara a la siguiente conclusión: la
gente se da cuenta, y no lo puedo evitar, que engordo y que estoy fuera de
control de mi misma.
Recuerdo la bronca que me dio llegar a esa realización. Odié
darme cuenta de que la gente me puede leer como a un libro abierto a través de
mi peso. Odié participar al mundo de mis emociones, de mi impotencia para
lidiar con mis frustraciones, mis inseguridades, y mi vida en general. Y yo
pensando como una idiota que mi gordura me blindaba emocionalmente: sí, en
efecto, estando gorda no me expongo emocionalmente a que me pase nada, pero al
mismo tiempo mi gordura le muestra al resto mi absoluta imposibilidad de
controlarme emocionalmente. Odio sentirme vulnerable, y en ese momento me
sirvió de motivación para adelgazar pensar que de esa forma me volvía menos
trasparente a que me juzgaran.
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| Alguien se la cree? |
Se acerca Navidad, y estaba pensando qué me iba a poner, por
lo cual recapitulé qué me había puesto en los últimos años, haciendo memoria de
los últimos tres vestidos. A muchos de mis parientes los veo sólo esa vez al
año, y estaba pensando que: en 2008 me vieron totalmente descontrolada, en mi
peso máximo, claramente demacrada y abatida (las fotos lapidarias lo
confirman); en 2009 me vieron más flaca, porque logré bajar un poco y estaba
más o menos como estoy ahora; me sentía re diosa en un vestidito que compré
chico y nunca antes me había entrado; en el 2010 había vuelto a engordar un
montón, pero en noviembre me había puesto de nuevo a dieta, así que me vieron
un par de kilos arriba sobre el 2009, pero mucho más insegura con mi cuerpo,
más tapada; y este año espero que me vean ligeramente más flaca que en el 2009.
En este momento estoy como estaba en febrero de este año, que me faltaban
adelgazar casi 5 kilos. Si logro mantenerme a raya hasta Navidad, quizás pueda
aparecer a los ojos de quienes me ven una vez al año que estoy equilibrada. Sin
embargo, me da una rabia espantosa pensar que la gente que me ve todos los días
no se creen ese verso, ya que ellos ven mis fluctuaciones, mis subidas, mis
bajadas, mis vestiditos apretados y mis camisas gigantes, en suma, mi
descontrol.
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