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domingo, 29 de julio de 2012

Atracón: buscando las causas


Bueno, mi último post resultó premonitorio: no se puede andar pelotude*ando porque trae consecuencias, y en mi caso MUY graves. Como la última vez que escribí fue después del fin de semana pasado, tengo bastante para recapitular. Acá va:

Luego del finde de excesos me enderecé el lunes y anduve bien hasta el miércoles a la noche. Fuimos a cenar con mi vieja y dos amigas suyas a un restaurant pipí cucú. Me abstuve de la panera, y pedí pescado, pero hubo unos picoteos fuera de reglamento: un bocado de fainá que trajeron de entrada, dos endivias rellenas con queso azul, nuez y reducción de aceto y miel (la cosa más maravillosa que he comido en años), y una feta de tostón. Me explico: el pescado venía con una tostada de pan tipo lactal pero gordo como tres fetas juntas, medio dorado en manteca y ajo. Lo fui pellizcando hasta que decidí cortarme una feta, disfrutarla y punto. Además, el pescado venía en una especie de salsita que debía tener crema de leche, y comí un bocado de un crumble que se pidieron el resto. Ah! Y dos vasos de sauvignon blanc. Ahora que lo escribo todo, suena muchísimo, pero no lo era... para alguien que está manteniendo! Obviamente no para mi, y sobre todo por el tema PAN.

Al día siguiente tuve almuerzo con clientes, y a pesar de que pedí una ensalada muy light y sin condimentos raros, me comí el pancito de acompañamiento. Jueves a la noche, finalmente, volqué. Los mini desbordes se acumularon y enfrentada con una parrillada, me llevó puesta. Comí una empanada de carne frita, una porción de entraña con ensalada, algunas papas fritas, dos vasos de malbec, y la peor parte: dos panes. Logré abstenerme de pedir postre, pero a la vuelta, en un kiosco, mi vieja compró un helado de chocotorta, un alfajor de maicena, bombones y almendras. Me comí un mordiscón de cada cosa, y casi medio tarrito de almendras, de esos altos, hasta que me las acabé. Si hubiera habido más, me las seguía comiendo.

El viernes hice las cosas super bien, incluso a pesar de haber estado luchado internamente media mañana en contra de una medialuna que me miraba desde el centro de la mesa de la sala de conferencias en que estuve reunida. 

El sábado fui a la clínica, anoté mil cosas, reflexioné sobre por qué había volcado, lo entendí, y a la tarde me volví a ir al carajo. Té con platón de frutas, quesos y dos tostadas de semillas con queso blanco y miel. Compartido con mi amiga, no fue mucho, pero seguía jodiendo con el pan. Y a la noche toqué fondo: me tomé un vino con otra amiga, que me eliminó todo freno inhibitorio. Volvía caminando a casa, pasé por un kiosco y me compré un alfajor chocoarroz y un paquete de galletitas de arroz, que me comí entero, untado con queso blanco, y cuando se me acabó eso, con mayonesa. Compré esas galletas --y no unos twistos, por ejemplo-- porque pensé que si me iba a atracar, que al menos no fuera tan grave, que no fuera con harina. Pero finalmente luego de comerme hasta la última galleta inmunda, me volví a cruzar a en frente a comprar medio kilo de helado LIGHT. Caradura. Me comí hasta los dos cucuruchos que te meten en la bolsa. 

Foto: t3.gstatic.com
Hoy me siento un excremento humano, pero todavía no la cagué. Me desperté tarde y no almorcé, me comí una banana, y hace un rato unas frutillas con yogurt. Pendo de un hilo, así que ojalá pueda hacer las 48 horas de corte y no me sumerja en un espiral de atracones del que no pueda salir hasta recuperar todo el peso perdido.

Hecha la recapitulación fáctica, vayamos a las causas, ¿qué me pasó? Múltiples posibles interpretaciones, o capaz varios factores que contribuyeron y la sumatoria pudo más. El descontrol empezó el fin de semana pasado, así que habrá que comenzar por ahí y ver qué pasó.

Pasé todo el finde con mi vieja, a la que ya les he contado que no quiero participar de mis decisiones alimentarias, ni de imagen, ni nada por el estilo. Al no explicar que estaba en la dieta sin harinas, hubo cosas a las que no "pude" decir que no sin que se notara. Excusas, no? Lo que pasa es que mi vieja puede ser muy insistente. Ella es una gorda desbordada sin control que permanentemente busca cómplices para sus excesos y luego busca responsables de sus atracones. Durante todo el finde estuve en una constante lucha por ponerme límites a mi misma, pero al mismo tiempo también tuve que luchar en contra de poner límites a mi mamá. Normalmente ya me cuesta solita mi alma tomar la decisión correcta, acá tuve que luchar en dos frentes, sumando a los embates permanentes de mi mamá. Más lo pienso y más bronca me da. Salto al miércoles y de nuevo lo mismo, casi puedo escucharla insistiendo durante casi 15 minutos que alguien compartiera con ella un postre, que se terminó pidiendo sola (el crumble al cual le di un bocado). El jueves la escena que hizo porque no pudo pedir postre fue digna de ver. Una nena caprichosa parada en la vereda a punto de largarse a llorar hasta que logró irse al kiosco y comprar todas esas golosinas que enumeré. Me dio asco, la odié. Y entonces por qué yo también me prendí? Por qué en el punto en que más me desagradó verla fue cuando bajé la guardia y me comí un millón de almendras hasta que me dolió la panza?

Segundo factor involucrado, qué predecible que soy: un tipo. Salí el sábado pasado y estuve charlando con un tipo que rajaba la tierra. Me fui chocha a mi casa porque me hubiera dado bola un tipo así, pero obviamente una semana después no ha vuelto a llamar. Mi interpretación del suceso fue inicialmente “positiva” (notar la comillas, que no son casuales). Pensé: “che, debo haber adelgazado bastante, y debo estar bastante bien si un tipo como este considera que estoy lo suficientemente buena como para querer darme masa.” Por supuesto, subyacente en el pensamiento está que el tipo está totalmente fuera de mi liga, y que sólo puede querer g*rcharme y nunca nada más. De hecho, no muy subyacente, sino más bien ostensible, está también la sorpresa porque siquiera considere g*rcharme. Cuando no volvió a llamar, no me deprimí, porque en el fondo prácticamente lo justifiqué. El interés del tipo era esa noche, porque era lo que había, lo que encontró a mano, pero no había ninguna chance de que tuviera interés en continuarlo más allá de esa vez. Nuevamente intenté racionalizarlo como que era un “boost” para mi autoestima que un pibe así se hubiera fijado en mi. Pero luego del atracón de anoche evidentemente tengo que sincerarme conmigo misma y admitir que debo seguir odiándome, a pesar de estar más flaca, si es que puedo llegar a pensar y creerme todas estas construcciones que estoy relatando. Una mina con un cachito de autoestima se hubiera permitido fantasear con el tipo, ilusionarse con que llamara, y enojarse si finalmente no llamaba. No fue mi caso.

Hubo otros factores? Supongo que el tema del alcohol no ayudó. Normalmente aún a pesar del consumo de harina hubiera podido parar un atracón. Pero el pedo te quita todo límite, toda inhibición, y enfrentada con la decisión, fue mucho más fácil decidir irme a la mierd*a.

Así que acá estoy. Agarrada a la silla, con miedo de siquiera rumbear por la cocina por lo que pueda llegar a hacer. Rompiéndome la cabeza para ver cómo hago para no dejar que este tropezón me pegue para el lado de la depresión. Determinada a no volver a dejar que suceda el efecto “contagio” con mi vieja, pero con pocas pistas sobre cómo meterme en personaje de mujer sexy y creérmela lo suficiente para que un desencanto mínimo no me cagu*e a palos la autoestima. Respiro hondo…

sábado, 9 de junio de 2012

Detectando tendencias

Pasé la barrera de los dos días de no comer ni tomar nada fuera de la dieta, y me siento mucho mejor. No es que haya bajado una barbaridad, van cuatro días de dieta después de todo, pero me siento bajo control, no desaforada por la comida. Hoy hice compra grande en el super y cociné para toda la semana, fraccionando en porciones y metiendo todo el freezer. Estoy preparada y tengo un plan, así que espero que me vaya bien.

Estuve repasando las veintipico entradas que publiqué en este blog hasta enero de este año, en que tiré la toalla. Es impresionante cuando uno se aleja y mira el "big picture", qué claro que parece todo, ¿no? Arranco la dieta cuando toco fondo. Me propongo hacerla "todo o nada", para desintoxicarme. Luego de una semana ya me siento mejor, y empiezo a negociar, a hacer pequeñas trampitas, total sé que sigo bajando, por contraste con lo que venía haciendo. Una pequeña desviación de la dieta empieza a convertirse en muchas infracciones recurrentes. Empiezo con las justificaciones: "esto que estoy haciendo es mucho más razonable que 600 calorías diarias, prefiero adelgazar más lento pero de manera saludable". Y a los tres días me doy un atracón y desaparezco. Moraleja: no puedo desviarme ni un poquito. No puedo negociar. Y tengo que agregar ejercicio o ningún cambio que aborde va a ser duradero.
Foto: bryanhehirexposed.wordpress.com
Bueno, la teoría está. Podré cambiar mi historia? Podré escribir un nuevo post en una semana y no tener que denunciar ninguna irregularidad?

jueves, 7 de junio de 2012

Vuelve el perro arrepentido...


Hola de nuevo a la blogósfera. Luego de meses de ausencia retomo el contacto con este medio y ¿adivinen qué? Por supuesto, estoy hecha un tanque. Y ya no un kilito o dos, sino una bocha: estoy pesando 72 kilos. Casi lo mismo que pesaba cuando empecé Ravenna la primera vez, en 2009, que estaba como en 74. Sí, una bestialidad. Estaba releyendo mi último post, que estaba en 64,5 o algo así. En ese post decía que en las últimas recaídas al menos había podido frenar a tiempo, y que ya no me iba a ir a la mier... como en otras oportunidades, que ya no iba a pasar de 69. Flor de chasco...

Otra vez la c*gué
 No sé cómo llegué a este punto. Sospecho que tiene mucho que ver con mis frustraciones emocionales, concretamente con un tipo. Qué predecible, no? En los últimos dos meses ya la cosa se me fue de control, cayendo en atracones permanentes. A la noche me iba a dormir tan llena que me despertaba aún sintiéndome mal, llena hasta la garganta, y para “bajar” esa comida, arrancaba bien tempranito con otro atracón. Mi sistema digestivo la pasó muy mal por varias semanas, mejor ni les cuento porque es muy escatológico. Y finalmente llegué al punto en el cual no me entró ningún pantalón. Los viejos, los “de gorda”, pre 2009, no sé ni dónde están. Creo que se los di a mi vieja, y antes muerta que pedírselos de vuelta. Tuve que salir a comprar nuevos, y cuando ésos no me entraron, me compré un vestido negro de modal elastizado talle ballena, lo que yo llamo una “carpa de beduino”, y me escondí ahí adentro. Pero, ¿a quién engaño? No hay cómo esconder los casi 10 kilos que me puse. Se notan por todos lados.

Hace poco hice una escapada de viaje con una amiga, situación que inevitablemente deriva en el sacado de fotos. Uggh...! Cuando me vi en las fotos... Qué asco que me doy, qué desagradable que me siento. Una intocable, sexy como una ameba. En terapia había hablado del tema de la imagen en su momento, y había llegado a la conclusión de que ponerme kilos es un mecanismo de defensa, porque me “saco del mercado”. Gorda, ¿quién va a quererme? ¿Quién podría desearme? Nadie. Listo. Riesgo cero. Es totalmente cierto que cuando a pesar de mi estado de grasitud me avengo a salir de noche –lo cual la mayoría de las veces ni siquiera accedo a hacer—me pongo de expectadora de mis amigas. Ellas levantan, yo miro, yo soy uno más de los muchachos, riéndose de las otras que despliegan sus armas de seducción. Ok, detectar el problema y admitirlo es el primer paso para solucionarlo, no? Entonces con mi psicóloga empecé a intentar hacerme a la idea que alguien me puede querer gorda, que no me excluye del mercado, que puedo estar “adentro” del mercado, y no mirarlo de “afuera” solo por ese motivo. Empecé a querer cambiar mi actitud por adentro, al menos, aunque no cambiara mi aspecto de afuera. A meterme en personaje de mujer, a permitirme seducir, etc, etc. Bueno, por supuesto, fue un fracaso rotundo. Y ahí le di una vuelta de rosca a la explicación de mi gordura: comer anula mi sexualidad. Pero ya no en el sentido de que me saca del mercado, es decir, no solo porque me hace menos deseable, y entonces menos expuesta al riesgo del rechazo. Sino porque aplaca mi deseo sexual. Psicológicamente, porque me siento una bolsa de manteca in-c*gible, pero también físicamente, porque me anula hormonalmente. ¿Acaso será casualidad que me mando los peores atracones por la noche, cuando vuelvo a casa y estoy sola como un perro, mirando televisión? No hay casualidades. Este tema es muy extenso, no termino de desentrañarlo yo misma, y además ponerlo por escrito me hace sentir más patética de lo que ya me siento, así que lo dejaré para más adelante.

Volviendo a las fotos: toqué fondo. Fue mi “ahá” moment, en el que dije “bueno, basta”. Hace dos semanas y pico que volví de viaje ya, pero todavía no he logrado engancharme con nada. La semana pasada fui a un grupo de Ravenna y me compré viandas. Por unos días anduve bien, pero progresivamente fui aumentando la ración, y terminé a los atracones. Intenté retomar el ejercicio, pero el finde tuve que laburar y no hice nada. Al menos ayer arranqué Pilates. Sé que no voy a perder peso con eso, pero al menos es un paso hacia retomar el cuidado de mi cuerpo, el contacto con mi cuerpo. Pero digamos, que a pesar de sentirme muy muy mal desde las fotos, hago un paso adelante y cinco para atrás, y no sé cómo hacer para cortar con eso.

Hoy podría ser un buen día de “turning point”, por varios motivos: 
1)      Tengo grupo de Ravenna, y me van a recag*ar a pedos, porque esta semana hice todo mal. La semana pasada era fin de mes, y no pagué nada porque llegué después del horario de cobranzas, pero si hoy voy, tendré que pagar todo el mes, y dado que sale un fangote de plata, eso me puede llegar a incentivar a permanecer. Además, voy a aprovechar para repasar la teoría. En Ravenna te dicen que no hay que pensar, hay que hacer la dieta sin desviarse. Salirse de la dieta te saca de la acidosis, te da hambre, te pone ansiosa, y la c*gás, y no un poquito, sino que terminás en el atracón.
2)      Tengo terapia. Quiero ahondar esta relación entre la comida y la sexualidad (o la falta de). Siento que vengo abriendo muchas líneas de pensamiento relacionadas con lo mismo, pero no termino de sacar una conclusión que me ayude. Voy a ver si hoy puedo recapitular un poco y tomar conciencia de algunas cosas.
3)      Siento algunos músculos tensos de haber hecho Pilates ayer. Eso es bueno, incentiva.
4)      Mi bloguera preferida, Jen, posteó hoy un desafío de bajar 12 pounds (algo así como 6 kilos) de acá al 1º de agosto. Y me gustan los desafíos. Me motivan. Este en particular me sirve, porque me hace sentir que no estoy sola. Y constituye lo que se llama un objetivo inteligente [en inglés, “SMART” goal: Specific, Measurable, Achievable, Relevant, and Time-based].
5)      Retomé este medio, al fin y al cabo, no? “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

Solo espero que después de toda esta perorata mi próximo post no sea de acá a 5 meses con 10 kilos más encima...

sábado, 7 de enero de 2012

Hice trampaaaa! (pero poquito)


Recuerdan que comenté en mi último post que me había comprado viandas truchas, y que los canelones de verdura que me comí el jueves a la noche mi habían parecido asquerosos? Bueno, dos horas más tardes mi cuerpo decidió que eran tan asquerosos que no los iba a digerir y fueron expulsados de mi cuerpo. Me pasé dos horas nauseosa, una hora vomitando, y dos horas más sintiéndome como el orto, sin poder dormirme. Cada vez que recordaba el sabor de los canelones empezaba a hacer arcadas, incluso al día siguiente. Moraleja: habrá que gastarse unos pesos extra y volver a las viandas oficiales.

Fuente: www.zazzle.com
Mi peso ayer a la mañana: 67 kg, descenso de 500 grs (pero es un número poco fiable, dado el episodio de la noche anterior). Cuando me levanté estaba todavía medio tiernita, con el estómago dado vuelta. A la mañana me tomé un té con leche y me disponía a comer mi yogurt cuando la vorágine de mi día laboral me lo impidió. Pasé de largo el desayuno, que se convirtió en mi almuerzo y luego de pedo que tuve tiempo de clavarme un durazno a media tarde. Me morí de hambre, pero igual mejor, así le daba un respirito a mi sistema digestivo. A la noche salí, me comí una empanada de verdura y unos vasos de cerveza. Así que sí, hice trampa, como temía, pero no se notó.

Mi peso esta mañana: 66,4 kg, descenso de 600 grs. Hoy comí prolijo: un café con leche al mediodía cuando me levanté, dos salchichas con calabaza al mediodía, otro café y un yogurt con frutas a la tarde y una vianda “oficial” recién (aprendí y pedí delivery de las viandas caras, que son verdaderamente una delicia, aunque algo escuetas, por supuesto).

Tengo miedo de qué me mostrará la balanza mañana, porque los descensos de los últimos dos días fueron muy abruptos, y probablemente motivados por (i) el lanzamiento del jueves a la noche, (ii) lo inusualmente poco que comí el viernes, por falta de tiempo y por seguir medio revuelta. Así que cruzo los dedos. Me consuela al menos que hoy fui al baño (too much information?), que no había ido desde que empecé a comer como un pajarito. Eso tiene que ayudar en mi pesada de mañana, no?

Pero aunque rebote un poquito, vengo bien, dietando como se debe. Y la trampita de anoche fue super requete moderada. Incluso probablemente estuvo dentro de las calorías diarias permitidas, porque había comido muy poco durante el día. No intento justificarme, sé que estuvo mal porque tenía harina y alcohol, dos grandes “no-no”s de Ravenna, pero no me provocó que al día siguiente volcara, sino que hoy retomé perfectamente, y sigo motivada.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Haciendo memoria (4 días agitados)


Mmm, era un 1/4 o 1 kilo de helado?
Acá estoy de vuelta, tratando de recapitular cuándo escribí por última vez. Aparentemente el martes, por lo tanto no reporté lo que comí ni el miércoles, ni el jueves, ni ayer. Intentaré acordarme, pero la veo difícil. A ver:

Miércoles:
  • Desayuno: yogurt + café con leche
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Media tarde: creo que un durazno y un café
  • Cena: salchichas con calabaza y media cerveza (salí con amigos) 

Jueves:
  • Desayuno: café y 4 galletitas operas (me olvidé el yogurt)
  • Almuerzo: pechuga de pollo grillé con calabaza
  • Media tarde: yogurt y café con leche
  • Noche: salteadito de tirtas carne, champignones y tomates disecados en tacos de papel de arroz. Acá la cagué con ganas, porque comí temprano, y luego salí con amigos, y volví a comer, prácticamente. Había unas pastas con estofado de pollo, y dije que sólo lo iba a probar, pero la porción que me sirvieron –y me comí—era más que una probadita. Además, comí dos bochas de helado de postre, y todo acompañado con vino y cerveza. Para atrás. 

Ayer:
  • Desayuno: me desperté tarde, así que me comí mi yogurt y mi café con leche, y pasé de largo el almuerzo, para compensar la bestialidad de la noche anterior.
  • Media tarde: café con leche y licuado de ciruela
  • Noche: sobrante del salteado de carne de la noche anterior, con puré de calabaza. Me quedé despierta hasta muy tarde, así que cerca de las dos me comí dos salchichas con juguito de pickle. 

Hoy:
  • Desayuno: yogurt + café con leche
  • Almuerzo: Paty light con puré de calabazas
  • Media tarde: otro yogurt y un licuado de arándanos
  • Esta noche: tengo una pechuga y puré de calabazas 

Ahora que pasé todo en limpio, veo que estoy comiendo de más, tanto los días de desarreglo, como los días que pensé que estaba “compensando”. Este mes de diciembre parece que va a ser más difícil de lo que yo creía.

PELIGRO!!!
Mañana me voy de viaje por laburo. Voy a estar fuera varios días, yendo a comer afuera todo el tiempo con gente de la empresa y con potenciales clientes. Por lejos, comida mucho más gourmet y sofisticada que la que como normalmente (por supuesto mucho más glamorosa que la diaria milanesa de soja de la oficina, pero incluso mejor que lo que como cuando salgo con amigos, por evidentes cuestiones de presupuesto). Así que va a ser jodidísimo moderarme. Voy a ponerme algunos propósitos para no subir 5 kilos en mi viajecito:
  1.  no volverme loca con el desayuno buffet: por el hecho que haya de todo a mi disposición, no significa que me lo tenga que comer. Justificaciones del estilo de “qué desperdicio no comerme al menos una de esos waffles, que en argentina no hacen” o “nunca puedo desayunar tostadas con mermelada porque no tengo tiempo” no serán aceptadas;
  2. decirle NO al pan en todas y cada una de las comidas;
  3. si como afuera, aunque pida algo light, ya la porción va a ser más grande de lo que puedo comer, y rara vez logro eso de dejar la mitad del plato, así que al menos ponerme como regla no pedir postre; cortadito y listo;
  4. tener un plan para la tarde, ya sea fruta o yogurt, o muchos café con leches, pero NO recurrir a panificados. Prohibidas las medialunas, bajo cualquier circunstancia. De eso no se vuelve. 
Mientras esté fuera dudo que me reporte, así que cuando regrese haré un sinceramiento lo más acabado posible de lo que haya ocurrido. Cuando regrese van a faltar escasos días para navidad, y los excesos que la acompañan. Así que espero cumplir con mis reglitas o la meta de diciembre de los 64 a 65 kilos... te la debo. Ayer me pesé y estoy en 65,500 kg. 

Peace out!

domingo, 4 de diciembre de 2011

Anomalía estadística y detalle de color


Nah, this can't be right...

Anoche finalmente no me tomé uno sino dos tragos, y bien azucarados los dos. Soy débil como la misma mier**. Por suerte esta mañana la balanza no acusó recibo. Pesé 65,700 kg. Parece un descenso desproporcionado para lo que comí, y más habiendo pecado con esos dos traguitos por la noche. Creo que tiene que ver con que dormí hasta las 12.30, y normalmente me peso mucho más temprano, tipo 8.30 – 9.00 hs. Así que no me quiero entusiasmar mucho porque ya veo que mañana a la mañana la balanza marca un ascenso en vez de un descenso, y no me quiero deprimir. Tomaré el peso de hoy como una anomalía estadística, por parámetro no comparable, y mañana veré qué pasa cuando me pese.

Hoy mis comidas estuvieron bien, a pesar de la ansiedad de la tarde, que por momentos era insoportable.
  • Desayuno: café con leche
  • Almuerzo: cuatro bastoncitos de kani kama y un puñado de espinaca con soja texturada (hice como una salsa blanca con tofu procesado y se lo agregué a la espinaca, quedó bastante bien). De postre una compotera de cerezas
  • Media tarde: dos cafés con leche, un yogurt con frutillas, un té (se nota que estaba un poco ansiosa?)
  • Cena: media pechuga de pollo con calabaza y de postre un durazno con una cucharada de queso blanco light.

Bueno, sí, el queso estuvo de más, pero bueno. Al menos se terminó y no lo repondré antes de las vacaciones. Estoy tratando de liquidar todo lo que hay en la heladera, así la apago cuando me vaya. Obvio que no por ello voy a convertirme en una trituradora de basura, ni voy a usarlo como justificación para comer de más. El día que me vaya, todo lo que quede en el freezer lo tiro y se acabó.

Detalle curioso de haberme despertado por debajo de la cota máxima de peso que me puso mi nutricionista: de repente “florecieron mis hormonas” (podría ser más explícita y no andar con tantos eufemismos, pero no quiero poner nada que haga que mi blog pase a ser PG-13). Se ve que al estar menos intoxicada con comida de repente escucho otras necesidades que tiene mi cuerpo, que hacía rato que no se manifestaban. Sigo posponiendo el post sobre el sexo y su relación con la gordura. Es que me va a tomar un poco de tiempo, porque requiere mucha introspección. Paciencia…

martes, 15 de noviembre de 2011

Como las gordas de Botero

Qué hacer cuando uno se siente así?
Hoy tuve un atracón, al igual que varias veces en las últimas semanas. No tengo muy en claro qué lo gatilló. Lo cual es una mierda, porque no sé cómo pararlo. En realidad los que saben dicen que no hay que sobre-analizar las causas, el aspecto psicológico. Se te murió el perro y estás triste? Pobrecita... comé, comé, estás justificada. Te peleaste con tu jefe? Ah, claro, te entiendo, bueno, no importa, el lunes que viene empezás. En realidad uno debería primero cerrar la boca, empezar por lo físico. Lo cual lleva a que uno se sienta bien, y luego puede, tranquilamente, analizar qué pasó y cómo no repetirlo. Suena más fácil de lo que es llevarlo adelante, de todas formas.
Me estoy yendo a dormir asqueada, físicamente y ni te cuento emocionalmente. Mañana intentaré cortar con este ciclo, y para ser responsable de mis actos, a la noche voy a postear una lista de todo lo que comí. Veré si mañana me puedo ir a dormir odiándome menos...