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viernes, 25 de noviembre de 2011

Un paso para adelante... medio paso para atrás. History of my life


Shame on me
Fuente: jessekstrom.blogspot.com

Bueno, ayer me mandé la primer gran cagada. Comilona gratis y no me pude resistir (al  menos no a todo). No me conecté ni registré lo que había comido porque me daba mucha vergüenza, qué fiasco que soy. Diez días de dieta y ya tiro todo por la borda a la primera de cambio que no tengo control sobre el menú que se me pone en frente. Débil...

Hoy vengo acá a dar la cara, pasar en limpio lo que impunemente decidí comerme y responsabilizarme por mis actos. Siento que me estoy confesando mis pecados, pero el problema es que nadie me manda a hacer penitencia!!! Como por el momento creo que este blog sigue sin lectores, en realidad estoy haciendo trampa y no hay un verdadero arrepentimiento. Por lo que valga, acá va mi reporte:
  • Desayuno: as usual, café + yogurt
  • Almuerzo: una porción chica de asado con ensalada (hasta ahí todo bien), crumble de manzana y bocha de helado de postre (comí todo menos parte de la manzana), tres copas de vino
  • Media tarde: media porción de cheese cake y una cerveza (o dos), más un poco de picada (papitas, sobre todo)
  • Cena: mila de soja con calabaza (podría haber compensado con un caldito y a la cama, no? Se ve que no es mi estilo)

Esta mañana me costó un huevo volver a la buena senda, y as we speak me estoy comiendo un casette de queso.
  • Desayuno: café + yogurt + jugo de naranja
  • Almuerzo: berenjenas gratinadas y puré de calabazas
  • Media tarde: media medialuna y una manzana, y el mencionado casette de queso
  • Cena: todavía nada, ya veré

Todo indica que llegué a una meseta de cierta comodidad y automáticamente implementé el modo sabotaje. Se viene un fin de semana largo, espero no empezar a pavear porque el verano no es misericordioso y la voy a pasar mal!!!!

La parte que me da vueltas en la cabeza de todo esto es que releo la lista de lo de ayer y no me parece tanto. Estimo que una persona "normal" podría permitirse un día así tranquilamente, y luego retomar la rutina diaria, compensando con un día un poco más tranqui al día siguiente. Pero no es mi caso. Yo estoy --supuestamente--  a dieta, y no en mantenimiento, sino a dieta, es decir, pretendiendo bajar de peso. Y aún así comí todo lo que comí. Cuando esté en mantenimiento (si llego algún día) ¿qué más que eso me voy a permitir comer? 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Saldo de la semana 1: muy positivo!!


Yeaaahhh, man!!!
Fuente foto: cadiz.nueva-acropolis.es
Comprobando la teoría de mi post de ayer, hoy recibí el primer comentario de que me ven más flaca. La remil… Sí, la gente se da cuenta! Y así como se da cuenta de que estoy bajando, se dieron cuenta de lo que subí. Y me ven fluctuar, alegremente.

Pero bueno, al menos el esfuerzo no es en vano. Semana 1 superada y el total bajado es de… dos kilos y medio!! Y un poco más también porque no me pesé el primer día. Es lógico, dado que venía a atracones voraces, y al pasar de 100 a 0, el cuerpo respondió. Se anota en la tablita. La semana próxima me va a costar el doble, y va a ser necesario una de dos cosas, o la combinación de ambas: ajustar un poco más la porción o complementar con algo de ejercicio.

Va lo que comí hoy, para no perder la costumbre:
  • Desayuno: yogurt + dos cafés con leche
  • Almuerzo: canelones de verdura y salsa de tomate casera (suena gordo, pero era una porción chica y cero aceite)
  • Media tarde: un durazno y una ciruela
  • Noche: una milanesa de soja con calabaza 

Estoy exactamente parada sobre el peso que mi nutricionista del año pasado me puso como cota máxima. Se suponía que una vez en mantenimiento mi peso podía fluctuar en un rango de dos kilos. Así que es un alivio saber que estoy de nuevo en un peso “aceptable”, al menos en términos de BMI. Por supuesto, esto es solo el comienzo. El año pasado cuando llegué a este peso, después seguí bajando. Llegué a la cota mínima y luego bajé tres kilos más. Léase: tengo cinco kilos más por delante todavía. Sé que suena a muy poco, y alguien podrá decirme que ese sobrepeso no es un problema de peso serio. Sin embargo, no dudo de que tengo un desorden alimenticio: restricción, atracón, restricción, atracón, no es una dinámica sana. El real desafío no es bajar estos cinco kilos que me quedan, que puedo hacerlo antes de terminar el año, sino mantener un peso aceptable a lo largo del tiempo. Ese es mi meta para el 2012. Era mi meta para el 2011, pero no tuve éxito. Ensayo y error. La próxima vuelta tendré más herramientas, más información, más conocimiento de mi misma y mis limitaciones, y este blog, mi nuevo grupo de apoyo. Si hay alguien leyendo, dejen un mensaje! Así no me siento tan sola!!
¿Hay alguien ahí?
Fuente foto: fotolog.com


lunes, 21 de noviembre de 2011

Buscando la virtud moral aristotélica: el elusivo punto medio

Esta mañana me levanté y había aumentando 400 gramos. Gran frustración. Respiré hondo y le di para adelante. El miércoles toca anotar en mi tablita el peso, y ahí veremos el saldo semanal. Me peso todos los días para mantenerme controlada, pero el avance lo tengo que medir en períodos más largos, porque diariamente el peso fluctúa por imponderables como retención de líquidos o haber ido o no al baño, etc. Nuevamente tuve que recordarme a mi misma "bajá la ansiedad, nena!!".
Hice las cosas bien hoy, y comí:

  • Desayuno: café con leche y mi yogurt
  • Almuerzo: tartita de calabaza y una ciruela
  • Media tarde: dos cafés con leche y un durazno
  • Cena: hamburguesa light con puré de calabaza y en un rato me voy a comer unas frutillas

Soy consciente de que esto es más una dieta de mantenimiento que de descenso, pero bueno, es lo que me puedo proponer hoy de manera realista cumplir. Por otra parte, sé que lo de comer 600 calorías diarias, cero harina y cero azúcar como hice la última vez, no es la mejor manera de perder peso. Es la más rápida, seguro, pero no genera hábitos alimenticios sanos y sustentables, y mi rebote olímpico lo demuestra. Quizás esta forma moderada de adelgazar sea una opción. Por el momento, mi meta es hacer algo, no importa qué. En otras oportunidades, como soy muy metódica, me gusta tener un plan, con reglas, pautas, listas, etc. [Neurótica, yo? Nooo...] Esta vez iré viendo cómo pintan las cosas, sin presiones ni exigencias inalcanzables.
Fuente: uned.es

Aristóteles lo tenía muy claro y definía la virtud moral como la "disposición voluntaria adquirida (hábito) dirigida por la razón y que consiste en el término medio entre dos vicios". Parece que en la antigüedad tenían las cosas muy claras, y todas las esculturas griegas parecen demostrarlo, no? Quién no querría estos abdominales??



domingo, 20 de noviembre de 2011

El dilema del supermercado: aprender a comer


Hoy estuve mucho más disciplinada que ayer, y compensé un poco el exceso de sábado. Recapitulo:
  • Desayuno: café con leche
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Media tarde: dos tazas de té y un yogurt con frutillas
  • Cena: una zanahoria cruda a modo de entradita, dos salchichas light y puré de calabaza, y frutillas marinadas en jugo de naranja de postre

Lentamente voy desinflándome, aunque por supuesto no al ritmo que querría. Me mido todos los días los pantalones, esperando un cambio sustancial en mi talle, y cuando corroboro que todavía cuesta cerrarlos, me frustro. Qué falta de perspectiva, carajo! Empecé esta dieta hace (cuatro?) días –y ni siquiera pasé la prueba de hacerla al 100% el primer fin de semana que me agarró—y yo ya quiero ver resultados! Soy de terror.

Carrito fuera de control!!!!
Hoy fui al super, tarea que no solo me da fiaca sino que además me confronta con mi total ignorancia hacia cómo debería ser una alimentación balanceada. Siempre termino comprando lo mismo: una calabaza grande para hacer puré y congelarlo en porciones para toda la semana; proteínas varias para hacer con el puré, todas congelables (como salchichas light, hamburguesas light, pechugas de pollo o kani kama); lácteos varios (no puedo vivir sin leche, yogurt y queso, aunque trato de prescindir del queso) y fruta. Trato de variar el tema de los vegetales y compro alguna cosa que se pueda cocinar, fraccionar y congelar. Típicamente remolachas, espárragos, champignones, espinacas, y cuando ando con tiempo, hago lasagna de vegetales en grandes cantidades para fraccionar. Como se vino el verano, ya hay tantas frutas ricas, y no tengo que limitarme a comer manzanas y peras. Así que hoy me stockeé para la semana y compré duraznos, ciruelas, sandía y varias cosas más.

Como sigo en modo adelgazamiento, me limito a comprar esos alimentos, y está bien que no salga de ahí. No hay mucha vuelta para bajar de peso. El tema es que cuando llegué a mi peso ideal y pasé a hacer dieta de mantenimiento, me di cuenta de que no tengo training en cuestiones alimenticias.
En casa de mis padres había un repertorio de unas 15 a 20 comidas, con suerte, que iban alternándose. Muchas tarta de jamón y queso o de choclo, pastas, milanesas con puré…

Cuando me independicé y tuve que empezar a cocinarme, repetí un poco esa dinámica, aunque con un presupuesto menor, y menos tiempo. Hacer puré? Hacer milanesas? Ni hablar. Las tartas me ayudaron a zafarla bastante bien, porque hacía una tarta y comía cuatro veces (eso también tenía sus contras, porque estaba siempre comiendo lo mismo, el gran problema de vivir solo). Como ahora era yo la que elegía qué comprar, era más consciente de evitar ciertas cosas, como la crema de leche (trataba de evitar las pastas, o las hacía con salsa de tomate casera), la mayonesa (que en mi casa consumíamos por vía intravenosa, más o menos…) y los fiambres.

Cuando empecé a ganar más plata empecé a salir mucho a comer y a pedir comida hecha, tanto al mediodía como a la noche, porque además empecé a tener cada vez menos tiempo para cocinar, ya que me la pasaba laburando. Y por supuesto las largas horas de trabajo vienen acompañadas por stress, que a su vez se traduce en más comida. Por esa época estaba en pareja, y mi novio no ayudaba, sino que por el contrario por poco me metía la cuchara en la boca. No le echo la culpa a nadie, la que perdió el control fui yo, pero nuestra relación no era muy sana –ni entre nosotros, ni con la comida—y encontramos en el morfi una forma de obtener la satisfacción que nuestra relación ya al final no nos proporcionaba.

Eventualmente decidí adelgazar, y bajé mucho de peso, hasta que llegué a pesar lo que peso ahora (que hoy me parece muchísimo, pero la primera vez que adelgacé, me parecía un peso muy agradable). Por supuesto eso no duró, porque no cambié mi relación con la comida, y porque todavía tenía un montón de “rollos” (y no en la panza, justamente) que solucionar. Me tomó un año, pero fui a terapia, hice mucha introspección, entendí de dónde vienen mis mayores miedos y frustraciones con mi imagen corporal y el sobrepeso, y me saqué el lastre del ex novio, que venía arrastrando junto con los kilos.
Recién ahí adelgacé en serio (entre noviembre del año pasado y marzo de éste). Y el 2011 fue mi primer año de adulta haciendo un esfuerzo consciente de alimentarme mejor. Empecé a mirar programas de cocina para sacar ideas saludables, tomando nota de cosas básicas, desde técnicas de cocina a ingredientes desconocidos. “Uy, mirá, la mina hizo puré de coliflor, y le puso nuez moscada, y parece igualito a un puré de papas. Voy a probar de hacer eso.” No creo haber probado coliflor jamás en casa de mis padres. Bueno, durante muchos meses fui aprendiendo y llenando mi cocina de técnicas, verduras varias, condimentos, armando una alacena decente y aprovisionando el freezer de comidas hechas por mi.

Después todo el esfuerzo se me fue a la mierda, en parte por causas emocionales, porque volví a la necesidad del chupete alimentario, pero también en parte por no haber logrando encontrar un punto medio entre el modo dieta (verduritas + proteínas + frutas y yogurt) y una alimentación sana, balanceada y variada. En cuanto empecé a ir introduciendo cositas engordantes, como tostadas, mermelada, queso blanco, algún postrecito o flan light, quesos, etc., volqué. Porque no tuve punto medio. Si compraba un paquete de tostadas, me las bajaba en dos días. Si compraba un queso port salut, volaba en poco tiempo. Siempre con cosas light, pero aún con cosas así me mandaba atracones. Si hacía el postrecito de 6 porciones, me las comía a las 6 en una sentada. Y eventualmente dejé de caretearla, no fui más al super y recurrí al combo de Mc Donald’s o al kilo de helado.
My doom...
Quiero poder ser una persona normal, que compra un paquete de papas fritas por si viene gente, y efectivamente guarda el paquete en la alacena hasta que vienen visitas, y no se lo come apenas llega del supermercado. Quiero poder comprar cosas engordantes y dosificarlas en forma moderada. ¿Por qué no puedo tener 200 grs de pategras en la heladera por si una noche me quiero comer un cachito con una copa de vino? ¿Por qué hasta que no se acaba, no lo dejo en paz al pobre queso? (Noto que mis ejemplos vienen mucho por el lado de los quesos…).

Creo que si logro adelgazar y mantenerme, sólo va a ser cuando pueda lograr este equilibrio. La mitad de los blogs que leo dicen que el equilibrio lo logran de dos formas: (i) eliminando ciertos alimentos gatillo (en muchos casos, el gluten); o (ii) haciendo varias sesiones de ejercicio por semana. Vamos a ver qué adopto yo. Sé que tengo una asignatura pendiente con el deporte, un poco por falta de tiempo y otro sencillamente porque lo odio. Eventualmente me avendré a ir al gimnasio, baby steps. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un poco de historia: cómo llegué hasta aquí


So far so good. Vengo con cuatro días de dieta, no impecable, pero decente. Hoy comí:
  • Desayuno: lo de siempre
  • Almuerzo: calabazas asadas con arroz y queso
  • Media tarde: dos cafés con leche y un durazno
  • Cena: todavía no comí, pero pienso hacer algo 100% vegetariano, tirando un montón de porquerías en el wok con salsa de soja

No more junk for you!
Me noto mucho más desinflada, y entro de nuevo en los pantalones, aunque todavía no puedo respirar (quién necesita respirar, de todas formas…). No me pidan que me siente o me agache, porque me quedo en bolas o sale expedido el botón, pero al menos QUEPO. Con una semana más así, voy a estar en un peso aceptable. Con aceptable quiero decir que no me desagrado a mi misma. Paso de ballena a foca, digamos.

De ahí en más, y con la auto-estima menos apaleada, redoblaré los esfuerzos para llegar a un peso agradable, en el que me sienta cómoda y pueda disfrutar del verano. Para Navidad capaz que hasta logre ponerme algún vestidito lindo de los del año pasado.

Estuve viendo mi tablita, para ver en cuánto estaba el noviembre pasado. No me acordaba que la dieta en serio la empecé un 23 de noviembre, así que hace un año pesaba casi 7 kilos más que ahora. Eso no quiere decir que ahora esté bien, porque unos tres o cuatro meses después llegué a pesar 5 o 6 kilos menos que ahora. No sé si el peso más bajo al que llegué, que fue más o menos por marzo o abril de este año, es muy sustentable para mi. Por ahí con bajar 4 kilos estoy.

Cuando llegue a ese punto veré cómo encararlo de forma diferente esta vez. Claramente el mantenimiento me falló. Al principio seguí haciendo lo mismo que venía haciendo (evitar la harina y el azúcar) pero aumenté la cantidad. Luego fui agregando de a poquito algunos hidratos. En vez de la ensalada sola, comía la ensalada con un pancito, por ejemplo. Y poquito a poquito fui agregando cosas. Durante un par de meses me mantuve más o menos equilibrada en unos 2 kilos arriba de lo mínimo que llegué a pesar. Y después me fui yendo de tema. Empecé una especie de subi-baja: hacía dos o tres días desprolijos, típicamente el fin de semana, y luego me disciplinaba de nuevo. Lentamente, pero fui subiendo de peso. Y no tengo muy en claro cuándo, pero en un momento me bandeé y volví a mis viejos hábitos de atracones. Terminé pidiendo empanadas y helado a domicilio, comiendo hasta que no podía más. Y ya no pude parar.

Toqué fondo hace una semana y empecé este blog. Todo este año estuve siguiendo varios blogs y eso me inspiró a iniciar el mío. Sigo un par muy copados, de minas que bajaron mucho de peso y ahora la reman todos los días. En general son yanquis, porque son miles, entonces hay blogs de cualquier cosa, y porque los americanos tienen un problema de obesidad impresionante. Algunas reportan lo que comen, para tener que sincerarse (“accountability”, es decir, tener que rendir cuentas), otras cuentan el ejercicio que hacen (asignatura pendiente en mi caso) y otras van contabilizando lo que bajan (o suben). Yo todavía no me avengo a poner por escrito mi peso, aún cuando se trata de un blog anónimo. Qué tarada, no?

Lo que todos los blogs tienen en común es que sus autoras empezaron a escribir porque necesitaban un sistema de apoyo, un grupo de gente con quien compartir y que te entienda. Coincido en que es fundamental y el éxito de la dieta depende de contar o no con esa contención. En mi caso, el año pasado iba a reuniones, que me re sirvieron, pero ya no puedo asistir. Y las extraño, me hacen falta. En el mundo exterior soy simplemente una gorda a la que le gusta morfar, que no se puede controlar a sí misma. Siquiera pensar en hablar de la dieta y el sobrepeso con mi gente cotidiana me pone de la nuca. En cambio, en el grupo soy una persona entre muchas, todos con los mismos quilombos y desórdenes alimentarios. La gordura no es tema de joda, es una enfermedad y una lucha permanente.

Así que los blogs –el mío y los que sigo—se han convertido en el reemplazo de los grupos. Hay algunos muy buenos, que recomiendo ampliamente si leen inglés (ver listita completa en la columna de la derecha, y en particular hoy leí este post sobre lo que gatilla un atracón, muy bueno). Y bueno, si alguien está leyendo este post, hola! Gracias por ser mi nuevo grupo de apoyo. Saludoss!

jueves, 17 de noviembre de 2011

La harina y yo: relación amor/odio


Día 3 desde que corté con el exceso nefasto que venía experimentando. Hoy considero un gran logro haberme resistido a dos fuentes de tentación importantísimas: 1. Medialunas, y 2. Buffet de comida caliente y postres de todo tipo. Tuve dos ocasiones laborales, una a la mañana y otra a la noche, en la que había DE TODO. Y logré sobrevivir y no tentarme. El total del día fue:
  •  Desayuno: café con leche y yogurt con frutas
  • Almuerzo: milanesas de berenjenas y porción de puré de calabazas
  • Media tarde: café con leche y un durazno
  • Cena: una copa de vino (a eso ya no pude resistirme) y un yogurt Ser de lemon pie

No es exactamente un día “en regla”, pero ey, demasiado bien! 

Creo que es muy importante haber dicho no a las medialunas, que son definitivamente mi perdición. Cuando pienso en cuál es la comida que más me pierde, me delira, son las medialunas. Masa. Harina 100%. Hay gente que le da al dulce, otros que no pueden vivir sin carne. Lo mío es la harina. Pizzas, pastas, empañadas, tartas, todo lo que tenga aunque sea un poquito de masa. Y las medialunas son tooooodo masa!

Ultimamente sé que no tengo un sano punto medio con la harina. O la elimino totalmente o en cuanto toco una miguita, me vuelvo loca y vuelco. Atracón total. Es chotísimo, porque una persona equilibrada debería poder involucrar harina en su dieta, al igual que azúcar y otros alimentos más enviciantes. Yo no puedo. Es terrible. Seriamente estoy considerando si, dado que no hallo el balance, no es mejor eliminarla del todo y llevar una dieta sin gluten. Así como hay vegetarianos, veganos, y qué sé yo, hay gente que voluntariamente –y no por celiaquismo—no come gluten. Hace tiempo que coqueteo con la dieta “paleolítica”, tan popular en USA. Aunque no sé si en el mercado argentino, con la poca variedad alimentaria que hay, es muy posible. Allá tienen de todo gluten free, corn syrup free, refined sugar free y no se limitan a galletas de arroz!

Por ahora tengo que adelgazar. Ya veré cuando llegue a un peso aceptable cómo encaro el tema mantenimiento, ya que este año mi método evidentemente no funcionó.

PD: sé que las milanesas tienen rebozado de pan, y ahí hay harina. Pero era el morfi que tenía y me lo comí. De todas formas es un avance con respecto a lo que venía comiendo y creo que no resetea mis dos días de corte. En todo caso, la semana que viene introduciré más ensalada a mis mediodías.