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sábado, 19 de noviembre de 2011

Ser gorda en verano apesta (y algunas reflexiones sobre la imagen corporal)


Grave error esta mañana. Como es sábado, me desperté, vi el día hermoso que hacía, y me hice un café con leche gigante, que me tomé tranquila leyendo el diario. Nunca desayuno en casa. Siempre me levanto, voy al baño y luego me peso. El café lo tomo ya en el trabajo, en general. Así que no me pesé. Cuando me percaté de mi error, ya no me quería pesar. Porque si el café con leche me agregaba medio kilo de líquido, me iba a deprimir. Así que me pesé, y después pesé la taza llena de agua, y deduje esos gramos de mi peso. Y menos mal, porque eran como 600 gramos! No es joda!!! Restando esos 600 gramos, mi peso de esta mañana estuvo bastante bien.

Por ser sábado también, la comida estuvo bastante desprolija. Arranqué bien (con el café con leche ya mencionado) y seguí bien con una milanesa de soja y puré de calabazas, más un durazno a media tarde. Pero a la tardecita me junté con algunas de las chicas, y bueno, hicimos lo que hacen las mujeres cuando se juntan los sábados a la tarde: comimos. Ahí le metí un té, una tostada con queso crema abundante, varias fetas de queso y una porción de ensalada de frutas. Para el modo atracón en el que venía la semana pasada, un lujo; pero para la dieta sin harinas que estoy queriendo intentar, es un reprobado. Espero que no me gatille la locura y vuelque nuevamente. La idea es no cenar más que un caldo y a lo sumo un postrecito.

Hoy hizo un calor de morirse, y la verdad es que me costó vestirme. No es que no quepa en la ropa de verano, pero mostrar tanta carne –o mejor dicho, grasa—me despierta todas las inseguridades. Estoy segura de que la gente cuando me ve no piensa “ah, la pelota, qué mina gorda”. A la gente le importa tres pitos, nadie me mira, la que voy pensando que todo el mundo me mira soy yo. Entonces surge el gran dilema: si me pongo poca ropa (léase, polleritas o shorts y musculosa), así estoy más fresca, la paso mal porque me persigo y estoy incómoda con mi cuerpo; o me pongo algo que me cubra y me de seguridad, pero la paso como el orto del calor y me chivo todo. Llegué al ascensor con la opción A, pero al verme al espejo me volví y me puse la opción B.

Por suerte no pasé tanto calor, pero me sentí bastante inadecuada con mi ropa y conmigo. Había minas mucho más gordas que yo, minas con mucho menos ropa, y nadie se hacía problema. ¿Por qué no puedo sentirme cómoda en mi propia piel? No me refiero a ser una gorda feliz y ponerme a subir kilos sin culpa. [No celebro la actitud de esas minas que dicen “peso 150 kilos y soy hermosa, acéptenme como soy”. No me jodas, tenés un bruto problema de salud, nena. Seguro sos hipertensa, tenés diabetes, problemas del corazón, y la vas a palmar antes de los 50. Tampoco me va la onda de que el mundo se tiene que adaptar a vos que sos gordo, porque si no te están discriminando. No te voy a construir un asiento de avión más grande porque no entrás en uno. No te voy poner un carrito eléctrico para que recorras las calles sin agitarte, como hacen en Disney (los yanquis sí que están mal del mate). No te voy a amoldar la realidad para que no te sientas mal con tu gordura. Sentite gordo. Agitate. Pagá dos asientos. A ver si te das cuenta que tenés un problema de salud, y te avenís a hacer algo al respecto.] 

No, me refiero a sentirse cómoda con lo que tengo: un flor de traste, un respetable flotador, un incipiente pantalón de montar y bastante celulitis. En la panza no tengo rollos, sino que se me hace redondita, tipo embarazada de 5 meses. Es un problema, porque más de una vez me ofrecen el asiento en el colectivo y me vuelvo loca de la rabia, pero al menos la bajo con facilidad: en cuanto largo la harina, la panza se achata bastante (aunque el flotador no se va). Cuando llegué a mi peso mínimo, que estaba objetivamente espléndida, igual estaba super insegura. Entiendo que fue la primera vez que estuve flaca luego de por lo menos 4 o 5 años de mucho sobrepeso, y que por lo tanto era lógico que me iba a tomar tiempo amigarme con mi imagen corporal. Cuando uno está gordo, está recubierto de una gran capa de grasa que te da seguridad (paradójicamente) porque te protege del rechazo. Con mis kilos de más yo estaba fuera del mercado, y por lo tanto “a salvo” de ser rechazada. Cuando los kilos se fueron, me sentí mucho más expuesta. Ahora había que ver qué onda, y si un tipo no me daba bola, ya no le podía echar la culpa a los kilos… Poco a poco me fui soltando, y empezando a disfrutarme más. Me compré pilchas atrevidas –que al comienzo me puse sintiéndome medio rara, pero luego me fui habituando—y salí con algunos tipos, me animé a “volver al ruedo”, llamémosle. [El tema sexo pufff, ni hablemos, da para un post completo.] Creo que cuando alcancé el pico de seguridad fue justo cuando tuve una especie de desencanto amoroso, porque no se dieron las cosas con un tipo al cual yo le había puesto un par de fichas. Y ahí comenzó el declive, ahí volví a morfar, evidentemente para protegerme de nuevo.

Pero bueno, asumiendo que vuelva a bajar y me mantenga, necesito encontrar la forma para quererme como soy, con la celulitis, con las arañitas, con mi gran orto. Es el envase en el que vine, después de todo, no? 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un poco de historia: cómo llegué hasta aquí


So far so good. Vengo con cuatro días de dieta, no impecable, pero decente. Hoy comí:
  • Desayuno: lo de siempre
  • Almuerzo: calabazas asadas con arroz y queso
  • Media tarde: dos cafés con leche y un durazno
  • Cena: todavía no comí, pero pienso hacer algo 100% vegetariano, tirando un montón de porquerías en el wok con salsa de soja

No more junk for you!
Me noto mucho más desinflada, y entro de nuevo en los pantalones, aunque todavía no puedo respirar (quién necesita respirar, de todas formas…). No me pidan que me siente o me agache, porque me quedo en bolas o sale expedido el botón, pero al menos QUEPO. Con una semana más así, voy a estar en un peso aceptable. Con aceptable quiero decir que no me desagrado a mi misma. Paso de ballena a foca, digamos.

De ahí en más, y con la auto-estima menos apaleada, redoblaré los esfuerzos para llegar a un peso agradable, en el que me sienta cómoda y pueda disfrutar del verano. Para Navidad capaz que hasta logre ponerme algún vestidito lindo de los del año pasado.

Estuve viendo mi tablita, para ver en cuánto estaba el noviembre pasado. No me acordaba que la dieta en serio la empecé un 23 de noviembre, así que hace un año pesaba casi 7 kilos más que ahora. Eso no quiere decir que ahora esté bien, porque unos tres o cuatro meses después llegué a pesar 5 o 6 kilos menos que ahora. No sé si el peso más bajo al que llegué, que fue más o menos por marzo o abril de este año, es muy sustentable para mi. Por ahí con bajar 4 kilos estoy.

Cuando llegue a ese punto veré cómo encararlo de forma diferente esta vez. Claramente el mantenimiento me falló. Al principio seguí haciendo lo mismo que venía haciendo (evitar la harina y el azúcar) pero aumenté la cantidad. Luego fui agregando de a poquito algunos hidratos. En vez de la ensalada sola, comía la ensalada con un pancito, por ejemplo. Y poquito a poquito fui agregando cosas. Durante un par de meses me mantuve más o menos equilibrada en unos 2 kilos arriba de lo mínimo que llegué a pesar. Y después me fui yendo de tema. Empecé una especie de subi-baja: hacía dos o tres días desprolijos, típicamente el fin de semana, y luego me disciplinaba de nuevo. Lentamente, pero fui subiendo de peso. Y no tengo muy en claro cuándo, pero en un momento me bandeé y volví a mis viejos hábitos de atracones. Terminé pidiendo empanadas y helado a domicilio, comiendo hasta que no podía más. Y ya no pude parar.

Toqué fondo hace una semana y empecé este blog. Todo este año estuve siguiendo varios blogs y eso me inspiró a iniciar el mío. Sigo un par muy copados, de minas que bajaron mucho de peso y ahora la reman todos los días. En general son yanquis, porque son miles, entonces hay blogs de cualquier cosa, y porque los americanos tienen un problema de obesidad impresionante. Algunas reportan lo que comen, para tener que sincerarse (“accountability”, es decir, tener que rendir cuentas), otras cuentan el ejercicio que hacen (asignatura pendiente en mi caso) y otras van contabilizando lo que bajan (o suben). Yo todavía no me avengo a poner por escrito mi peso, aún cuando se trata de un blog anónimo. Qué tarada, no?

Lo que todos los blogs tienen en común es que sus autoras empezaron a escribir porque necesitaban un sistema de apoyo, un grupo de gente con quien compartir y que te entienda. Coincido en que es fundamental y el éxito de la dieta depende de contar o no con esa contención. En mi caso, el año pasado iba a reuniones, que me re sirvieron, pero ya no puedo asistir. Y las extraño, me hacen falta. En el mundo exterior soy simplemente una gorda a la que le gusta morfar, que no se puede controlar a sí misma. Siquiera pensar en hablar de la dieta y el sobrepeso con mi gente cotidiana me pone de la nuca. En cambio, en el grupo soy una persona entre muchas, todos con los mismos quilombos y desórdenes alimentarios. La gordura no es tema de joda, es una enfermedad y una lucha permanente.

Así que los blogs –el mío y los que sigo—se han convertido en el reemplazo de los grupos. Hay algunos muy buenos, que recomiendo ampliamente si leen inglés (ver listita completa en la columna de la derecha, y en particular hoy leí este post sobre lo que gatilla un atracón, muy bueno). Y bueno, si alguien está leyendo este post, hola! Gracias por ser mi nuevo grupo de apoyo. Saludoss!

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Corte - día 2


Ok, segundo día de desintoxicación… exitoso! Hoy comí:
  • Desayuno: un café con leche y un yogurt light con colchón de frutillas
  • Almuerzo: algo así como una lasagna de vegetales (básicamente vegetales grillados apilados y un poco de queso)
  • Media tarde: un café con leche, un durazno, y luego otro café con leche
  • Cena: una salchicha light, dos espárragos, media remolacha y puré de calabaza
Yes I did!!
Puedo decir que estoy mucho más tranquila. Aunque pasé momentos de mucha hambre, ya me siento menos ansiosa. Hasta diría que estuve más productiva en el trabajo que lo que he estado ultimamente. Recuperando lentamente una sensación de control sobre mi misma.

No logré cumplir mi objetivo de no pensar todo el día en el sobrepeso, sin embargo. Arranqué la mañana con 20 minutos de probarme ropa que me aprieta, sin encontrar qué ponerme. Definitivamente no me había dado cuenta que había engordado, me dejé estar, y mucho. Me probé un par de polleras “de gorda” que casi había descartado que jamás volvería a usar, y de pedo que me cierran. Quepo, pero me siento una ballena embarazada. Así que me puse mi uniforme de siempre, uno de los dos pantalones que me entran y no me dan ganas de llorar cuando me miro al espejo.

Hoy agarré la tablita en la que el año pasado, semana a semana, fui anotando la evolución (¿o involución?) de mi peso. Anoté lo que peso hoy y voy a empezar a registrar mi peso en ese papelito semanalmente. Un poco para matar la ansiedad, y no estar pensando en la evolución del peso de forma diaria. Eso no significa que no me vaya a pesar todos los días (es la única forma de mantener la gorda a raya), pero me pone en perspectiva un poco de que la dieta es algo que toma tiempo, que hay que sostener con paciencia. Típico de gordo que uno se deja estar meses y meses, y cuando finalmente decide adelgazar, quiere todo ya! Es mi caso, por supuesto: quiero bajar en dos patadas todo mi sobrepeso; quiero retomar el gimnasio y correr lo que corría antes, a pesar de que ya no tengo estado; quiero tonificar todos los músculos caídos, particularmente el traste, que está chocando con los talones; quiero salir a comprarme ropa de flaca. Y van dos días de dieta. A duras penas. Tranquila, nena, bajá un cambio.

Así que tengo que tomármelo con un poco más de calma, o en dos días más tiro todo por la ventana, frustradísima. Por lo pronto, esta noche voy a revolver mi placard y encontrar qué ponerme mañana, así no repito el mini meltdown de esta mañana.