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martes, 24 de enero de 2012

Todo sobre mi madre (reflexiones post atracón)


Hola, hola! Justo cuando todos pensaban que me estaba pudriendo en mi departamento como esas dos pobres viejas en Recoleta, NO, aquí escribo este post para reafirmar que sigo viva!

Qué pasó? Bueno, por supuesto, la cagué. Luego de mi último reporte, que había sido 65,4kg, me fui el fin de semana de visita a casa de mis viejos. Muchos eventos sociales, sumados al “calor materno” canalizado a través de la comida, y me puse más de un kilo en dos días. Sí, se puede ser así de animal. Ahora no me acuerdo bien, pero creo que el lunes a la mañana ese  me pesé y clavé 67.

Me puse en regla inmediatamente y ajusté el cinturón. Ese miércoles al grupo de Ravenna apenas y con lo justo llegué a denunciar un “igual”, pero al menos me hice cargo de decir que no fue un “igual” porque la dieta no está funcionando, o “no estoy tomando suficiente agua, se ve”, como dicen algunos cara-rotas. Dije que la había cagado, que ir a casa de mi vieja generalmente me trastoca todo. Y no en la forma en que cualquiera pensaría (léase, comida casera si se trata de una madre aplicada, o comida chatarra si se trata de una madre sin dotes culinarios). Por suerte no me dieron oportunidad para explayarme, porque ya estaba terminando la sesión.

Qué pasó con mi vieja? Bueno, luego de 30 años de darme el peor ejemplo del mundo en materia alimentaria (exceso de peso crónico, comida chatarra ilimitada casi como gracia, cero balance nutricional, atracones permanentes de comida, sedentarismo absoluto, problemas de auto-estima o de imagen que ni les cuento, etc) ahora resulta que adelgazó. Creo que en parte fue debido al efecto contagio que produjo en ella el hecho de que yo el año pasado bajé casi 12 o 14 kilos. En ese momento, que yo dejé de pegarme a la mierda de ejemplo suyo y tomé mi rumbo, hice un esfuerzo consciente de no dejarla inmiscuirse en mis decisiones de comida ni en mi percepción de mi imagen corporal. No quería su condicionamiento, no quería sus prejuicios, sus experiencias pasadas, ni nada de eso que impactaran sobre mi dieta. Funcionó. Y eventualmente ella se pegó a mi ejemplo y bajó, lo cual me alegró inmensamente. Pero mientras yo este año tuve mis bajones y volví a los 68-69s (cuando rondé los 62-63s), mi vieja adelgazó fuerte. Guarda, tampoco es que se convirtió en role-model, a ver… Yo luché todo el año tratando de lograr un balance, un punto medio, un equilibrio, que finalmente no encontré, pero le re puse huevo. Y hasta podría decir que en parte no estuve tan mal, porque hasta septiembre me mantuve re bien, y cuando me empecé a ir de tema, no me puse mil kilos sino que supe frenar a tiempo. Como creo que ya expliqué, también me pasó algo curioso que fue sentirme horriblemente gorda en un peso de 69, que el año pasado había marcado el comienzo de sentirme divina. Es decir, subí el estándar, ya no me voy a dejar ir como antes nunca más.  Por contraste, mi vieja tuvo una recaída de varios meses en los cuales se mandó un atracón atrás de otro, se puso de nuevo todo lo que había bajado y algo más (y hablamos de 20-25 kilos, no 5), luego de lo cual retomó y bajó. Pero volviendo al fin de semana: ella está flaca como nunca, y quiero decir nunca, en los 30 y pico años que la conozco. Mientras tanto, yo ando desmejorada y queriendo levantar cabeza. Y qué hizo: se puso a pontificar. Con el dedito en el aire decidió hablar desde la autoridad moral que sólo puede tener quien ha sido flaco 15 minutos y pretendió darme cátedra sobre cómo adelgazar. No sólo eso sino que me ofreció mi ropa de gorda que llevé a su casa y que le dije que no quería volver a usar en mi vida. Hace un año mi ropa de gorda era mi mejor ropa, que ella recibió con brazos abiertos a medida que yo iba bajando de peso y me iba quedando grande, y ella también iba bajando de peso y por primera vez entraba. Ahora esa ropa le queda grande, y me la vuelve a ofrecer a mi, la gorda que tuvo la recaída. Se le escapa la sutileza? No lo creo. Mi vieja será muchas cosas, pero no es pelotuda, y tiene años de gorda y otros tantos de psicoanálisis, así que sabe el dedo en el culo que me estaba metiendo.

Qué hice como reacción? Lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar, llevarle la contra. “No me digas lo que tengo que comer, yo sé perfectamente lo que tengo que comer, y voy a comer lo que quiera, y eso incluye todo lo que se me cruce por el camino en todo el fin de semana, y otras cosas también, que iré a comprarme adrede para mostrarte que no me controlás!” Muy racional, no? Si, yo también tengo que volver a terapia, evidentemente. Es que aunque sé que mis problemas de peso son míos, porque yo soy la que abre la boca y morfa, en el fondo reconozco el germen de mis problemas de imagen en verla ser gorda mientras yo crecía. Pobre, no? Ella seguramente luchaba con sus propios demonios, pero lamentablemente todo impacta sobre los hijos. Había un doble mensaje por ahí escondido, porque mientras nos trasmitía “querete como sos”, eso era válido siempre y cuando fueras flaca, pero si sos gorda no valés un mango. Si de chica hubiera empezado con sobrepeso el mensaje hubiera sido “ponete linda para que la gente te quiera, porque gorda sos un sorete”, que era como ella se trataba a sí misma.

Y también hay algo de competencia. Ella siempre fue gorda que yo recuerde, así que nunca compitió conmigo, porque nunca pudo. Ahora la tortilla se invirtió y de repente vuelan las hilachas por los aires… No sé. Será que la que compito soy yo? Será mi auto-estima la que está herida porque ella está flaca? Tiendo a pensar que no, porque finalmente puedo salir a la calle al lado de ella y no sentirme abochornada de que la gente nos ve y piensa “the apple doesn’t fall far from the tree”.

Fin de la digresión (y del atracón). Volví a mi rutina luego de ese fin de semana, volví a la vianda, y me dejé de joder. Y vengo bien. Hoy pesé 64,5 kg. Estoy a un kilo y medio de la meta inicial, y luego veré cómo sigue esto, si decido bajar un poco más o si decido intentar mantenerlo. Recién cuando pisé los 65 en punto dejé de sentirme horrible y empecé a verme mejor, pero sigo disconforme. Creo que la diferencia con el año pasado es que no retomé el gimnasio, y aunque la grasa disminuye, la masa muscular no se incrementa y me veo como un montón de gelatina. Ahí claramente está la meta de la etapa que se viene. 

martes, 22 de noviembre de 2011

La mirada de los otros...


Reporte diario exitoso, sigo sin pecar a pesar de haber tenido muchas oportunidades al efecto.
  • Desayuno: same as usual, no cambio ni el gusto del yogurt ultimamente
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Merienda: una ciruela, una manzana chica y un café con leche
  • Cena: me jugué y salí de mi rutina, preparé pechuga de pollo al curry con zanahorias, todo en papillote, gourmet total! En un rato me voy a cortar una tajada de sandía. 

Tobillos, where are thou?
Fuente: hightechhealth.com.au
Me veo la cara menos desfigurada por la gordura, sin tanta hinchazón. Cuando hago episodios de atracón la retención de líquidos al día siguiente es espantosa, al punto que no sé cómo caretearla ya con maquillaje. Se me achinan los ojos, se me rellena completamente el párpado y me crecen los cachetes que da miedo. Bueno, por suerte todo eso va mejorando. Otra cosa que noto es que se me marca más la clavícula y la parrilla (así denomino yo a los huesos que se ven en el espacio entre las tetas, que en mi caso, al tener bastante poco y estar muy separadas, tiende a verse bastante cuando adelgazo). Por supuesto el problema mayor (pun intended) sigue en sus dimensiones usuales (mi traste, por supuesto), los tobillos están perdidos hace tiempo debajo de grasa localizada sin remedio, y las piernas siguen regordetas y tipo maceta. Las cachas están a pleno todavía, así que en cuanto me ponga una pollera y traspire un poco me voy a paspar hasta el hipotálamo. Pero bueno, algo es algo. Siempre se adelgaza de arriba para abajo (y en mi caso nunca llego a bajar todo lo que tengo que bajar de abajo…).

A pesar de que yo ya un poco lo noto, no sé si la gente alrededor mío se da cuenta de que estoy bajando de peso, y hasta preferiría que no lo noten mucho. Me acuerdo que en terapia, una vez que hablé del tema de mi sobrepeso, la mina me preguntaba por qué no podía asumirme como era, por qué la necesidad de taparme, ocultarme bajo un montón de ropa. Yo respondí que porque mi cuerpo me avergonzaba, y que la ropa amplia ocultaba lo que odiaba de mi. Me sorprendió su respuesta, me dijo que era muy omnipotente de mi parte pensar así. ¿Cómo omnipotente? Todo lo contrario, pensé yo. Pero cuando me lo explicó, le di la razón. Es muy omnipotente creer que uno puede controlar lo que la gente percibe de uno, la forma en que otros nos ven. Es obvio que aunque me ponga la ropa más amplia del mundo, la gordura se ve!

El médico nutricionista que empecé a ver inmediatamente después de que me “dieron de alta” de la terapia (era terapia por objetivos, ergo de corta duración), me dijo que el gordo es una persona fuera de control. Descontrolada en su alimentación, en sus emociones, en todo. Eso, sumado a lo que me había dicho la psicóloga, hizo que llegara a la siguiente conclusión: la gente se da cuenta, y no lo puedo evitar, que engordo y que estoy fuera de control de mi misma.

Recuerdo la bronca que me dio llegar a esa realización. Odié darme cuenta de que la gente me puede leer como a un libro abierto a través de mi peso. Odié participar al mundo de mis emociones, de mi impotencia para lidiar con mis frustraciones, mis inseguridades, y mi vida en general. Y yo pensando como una idiota que mi gordura me blindaba emocionalmente: sí, en efecto, estando gorda no me expongo emocionalmente a que me pase nada, pero al mismo tiempo mi gordura le muestra al resto mi absoluta imposibilidad de controlarme emocionalmente. Odio sentirme vulnerable, y en ese momento me sirvió de motivación para adelgazar pensar que de esa forma me volvía menos trasparente a que me juzgaran.

Alguien se la cree?

Se acerca Navidad, y estaba pensando qué me iba a poner, por lo cual recapitulé qué me había puesto en los últimos años, haciendo memoria de los últimos tres vestidos. A muchos de mis parientes los veo sólo esa vez al año, y estaba pensando que: en 2008 me vieron totalmente descontrolada, en mi peso máximo, claramente demacrada y abatida (las fotos lapidarias lo confirman); en 2009 me vieron más flaca, porque logré bajar un poco y estaba más o menos como estoy ahora; me sentía re diosa en un vestidito que compré chico y nunca antes me había entrado; en el 2010 había vuelto a engordar un montón, pero en noviembre me había puesto de nuevo a dieta, así que me vieron un par de kilos arriba sobre el 2009, pero mucho más insegura con mi cuerpo, más tapada; y este año espero que me vean ligeramente más flaca que en el 2009. En este momento estoy como estaba en febrero de este año, que me faltaban adelgazar casi 5 kilos. Si logro mantenerme a raya hasta Navidad, quizás pueda aparecer a los ojos de quienes me ven una vez al año que estoy equilibrada. Sin embargo, me da una rabia espantosa pensar que la gente que me ve todos los días no se creen ese verso, ya que ellos ven mis fluctuaciones, mis subidas, mis bajadas, mis vestiditos apretados y mis camisas gigantes, en suma, mi descontrol.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Buscando la virtud moral aristotélica: el elusivo punto medio

Esta mañana me levanté y había aumentando 400 gramos. Gran frustración. Respiré hondo y le di para adelante. El miércoles toca anotar en mi tablita el peso, y ahí veremos el saldo semanal. Me peso todos los días para mantenerme controlada, pero el avance lo tengo que medir en períodos más largos, porque diariamente el peso fluctúa por imponderables como retención de líquidos o haber ido o no al baño, etc. Nuevamente tuve que recordarme a mi misma "bajá la ansiedad, nena!!".
Hice las cosas bien hoy, y comí:

  • Desayuno: café con leche y mi yogurt
  • Almuerzo: tartita de calabaza y una ciruela
  • Media tarde: dos cafés con leche y un durazno
  • Cena: hamburguesa light con puré de calabaza y en un rato me voy a comer unas frutillas

Soy consciente de que esto es más una dieta de mantenimiento que de descenso, pero bueno, es lo que me puedo proponer hoy de manera realista cumplir. Por otra parte, sé que lo de comer 600 calorías diarias, cero harina y cero azúcar como hice la última vez, no es la mejor manera de perder peso. Es la más rápida, seguro, pero no genera hábitos alimenticios sanos y sustentables, y mi rebote olímpico lo demuestra. Quizás esta forma moderada de adelgazar sea una opción. Por el momento, mi meta es hacer algo, no importa qué. En otras oportunidades, como soy muy metódica, me gusta tener un plan, con reglas, pautas, listas, etc. [Neurótica, yo? Nooo...] Esta vez iré viendo cómo pintan las cosas, sin presiones ni exigencias inalcanzables.
Fuente: uned.es

Aristóteles lo tenía muy claro y definía la virtud moral como la "disposición voluntaria adquirida (hábito) dirigida por la razón y que consiste en el término medio entre dos vicios". Parece que en la antigüedad tenían las cosas muy claras, y todas las esculturas griegas parecen demostrarlo, no? Quién no querría estos abdominales??



domingo, 20 de noviembre de 2011

El dilema del supermercado: aprender a comer


Hoy estuve mucho más disciplinada que ayer, y compensé un poco el exceso de sábado. Recapitulo:
  • Desayuno: café con leche
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Media tarde: dos tazas de té y un yogurt con frutillas
  • Cena: una zanahoria cruda a modo de entradita, dos salchichas light y puré de calabaza, y frutillas marinadas en jugo de naranja de postre

Lentamente voy desinflándome, aunque por supuesto no al ritmo que querría. Me mido todos los días los pantalones, esperando un cambio sustancial en mi talle, y cuando corroboro que todavía cuesta cerrarlos, me frustro. Qué falta de perspectiva, carajo! Empecé esta dieta hace (cuatro?) días –y ni siquiera pasé la prueba de hacerla al 100% el primer fin de semana que me agarró—y yo ya quiero ver resultados! Soy de terror.

Carrito fuera de control!!!!
Hoy fui al super, tarea que no solo me da fiaca sino que además me confronta con mi total ignorancia hacia cómo debería ser una alimentación balanceada. Siempre termino comprando lo mismo: una calabaza grande para hacer puré y congelarlo en porciones para toda la semana; proteínas varias para hacer con el puré, todas congelables (como salchichas light, hamburguesas light, pechugas de pollo o kani kama); lácteos varios (no puedo vivir sin leche, yogurt y queso, aunque trato de prescindir del queso) y fruta. Trato de variar el tema de los vegetales y compro alguna cosa que se pueda cocinar, fraccionar y congelar. Típicamente remolachas, espárragos, champignones, espinacas, y cuando ando con tiempo, hago lasagna de vegetales en grandes cantidades para fraccionar. Como se vino el verano, ya hay tantas frutas ricas, y no tengo que limitarme a comer manzanas y peras. Así que hoy me stockeé para la semana y compré duraznos, ciruelas, sandía y varias cosas más.

Como sigo en modo adelgazamiento, me limito a comprar esos alimentos, y está bien que no salga de ahí. No hay mucha vuelta para bajar de peso. El tema es que cuando llegué a mi peso ideal y pasé a hacer dieta de mantenimiento, me di cuenta de que no tengo training en cuestiones alimenticias.
En casa de mis padres había un repertorio de unas 15 a 20 comidas, con suerte, que iban alternándose. Muchas tarta de jamón y queso o de choclo, pastas, milanesas con puré…

Cuando me independicé y tuve que empezar a cocinarme, repetí un poco esa dinámica, aunque con un presupuesto menor, y menos tiempo. Hacer puré? Hacer milanesas? Ni hablar. Las tartas me ayudaron a zafarla bastante bien, porque hacía una tarta y comía cuatro veces (eso también tenía sus contras, porque estaba siempre comiendo lo mismo, el gran problema de vivir solo). Como ahora era yo la que elegía qué comprar, era más consciente de evitar ciertas cosas, como la crema de leche (trataba de evitar las pastas, o las hacía con salsa de tomate casera), la mayonesa (que en mi casa consumíamos por vía intravenosa, más o menos…) y los fiambres.

Cuando empecé a ganar más plata empecé a salir mucho a comer y a pedir comida hecha, tanto al mediodía como a la noche, porque además empecé a tener cada vez menos tiempo para cocinar, ya que me la pasaba laburando. Y por supuesto las largas horas de trabajo vienen acompañadas por stress, que a su vez se traduce en más comida. Por esa época estaba en pareja, y mi novio no ayudaba, sino que por el contrario por poco me metía la cuchara en la boca. No le echo la culpa a nadie, la que perdió el control fui yo, pero nuestra relación no era muy sana –ni entre nosotros, ni con la comida—y encontramos en el morfi una forma de obtener la satisfacción que nuestra relación ya al final no nos proporcionaba.

Eventualmente decidí adelgazar, y bajé mucho de peso, hasta que llegué a pesar lo que peso ahora (que hoy me parece muchísimo, pero la primera vez que adelgacé, me parecía un peso muy agradable). Por supuesto eso no duró, porque no cambié mi relación con la comida, y porque todavía tenía un montón de “rollos” (y no en la panza, justamente) que solucionar. Me tomó un año, pero fui a terapia, hice mucha introspección, entendí de dónde vienen mis mayores miedos y frustraciones con mi imagen corporal y el sobrepeso, y me saqué el lastre del ex novio, que venía arrastrando junto con los kilos.
Recién ahí adelgacé en serio (entre noviembre del año pasado y marzo de éste). Y el 2011 fue mi primer año de adulta haciendo un esfuerzo consciente de alimentarme mejor. Empecé a mirar programas de cocina para sacar ideas saludables, tomando nota de cosas básicas, desde técnicas de cocina a ingredientes desconocidos. “Uy, mirá, la mina hizo puré de coliflor, y le puso nuez moscada, y parece igualito a un puré de papas. Voy a probar de hacer eso.” No creo haber probado coliflor jamás en casa de mis padres. Bueno, durante muchos meses fui aprendiendo y llenando mi cocina de técnicas, verduras varias, condimentos, armando una alacena decente y aprovisionando el freezer de comidas hechas por mi.

Después todo el esfuerzo se me fue a la mierda, en parte por causas emocionales, porque volví a la necesidad del chupete alimentario, pero también en parte por no haber logrando encontrar un punto medio entre el modo dieta (verduritas + proteínas + frutas y yogurt) y una alimentación sana, balanceada y variada. En cuanto empecé a ir introduciendo cositas engordantes, como tostadas, mermelada, queso blanco, algún postrecito o flan light, quesos, etc., volqué. Porque no tuve punto medio. Si compraba un paquete de tostadas, me las bajaba en dos días. Si compraba un queso port salut, volaba en poco tiempo. Siempre con cosas light, pero aún con cosas así me mandaba atracones. Si hacía el postrecito de 6 porciones, me las comía a las 6 en una sentada. Y eventualmente dejé de caretearla, no fui más al super y recurrí al combo de Mc Donald’s o al kilo de helado.
My doom...
Quiero poder ser una persona normal, que compra un paquete de papas fritas por si viene gente, y efectivamente guarda el paquete en la alacena hasta que vienen visitas, y no se lo come apenas llega del supermercado. Quiero poder comprar cosas engordantes y dosificarlas en forma moderada. ¿Por qué no puedo tener 200 grs de pategras en la heladera por si una noche me quiero comer un cachito con una copa de vino? ¿Por qué hasta que no se acaba, no lo dejo en paz al pobre queso? (Noto que mis ejemplos vienen mucho por el lado de los quesos…).

Creo que si logro adelgazar y mantenerme, sólo va a ser cuando pueda lograr este equilibrio. La mitad de los blogs que leo dicen que el equilibrio lo logran de dos formas: (i) eliminando ciertos alimentos gatillo (en muchos casos, el gluten); o (ii) haciendo varias sesiones de ejercicio por semana. Vamos a ver qué adopto yo. Sé que tengo una asignatura pendiente con el deporte, un poco por falta de tiempo y otro sencillamente porque lo odio. Eventualmente me avendré a ir al gimnasio, baby steps. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Un poco de historia: cómo llegué hasta aquí


So far so good. Vengo con cuatro días de dieta, no impecable, pero decente. Hoy comí:
  • Desayuno: lo de siempre
  • Almuerzo: calabazas asadas con arroz y queso
  • Media tarde: dos cafés con leche y un durazno
  • Cena: todavía no comí, pero pienso hacer algo 100% vegetariano, tirando un montón de porquerías en el wok con salsa de soja

No more junk for you!
Me noto mucho más desinflada, y entro de nuevo en los pantalones, aunque todavía no puedo respirar (quién necesita respirar, de todas formas…). No me pidan que me siente o me agache, porque me quedo en bolas o sale expedido el botón, pero al menos QUEPO. Con una semana más así, voy a estar en un peso aceptable. Con aceptable quiero decir que no me desagrado a mi misma. Paso de ballena a foca, digamos.

De ahí en más, y con la auto-estima menos apaleada, redoblaré los esfuerzos para llegar a un peso agradable, en el que me sienta cómoda y pueda disfrutar del verano. Para Navidad capaz que hasta logre ponerme algún vestidito lindo de los del año pasado.

Estuve viendo mi tablita, para ver en cuánto estaba el noviembre pasado. No me acordaba que la dieta en serio la empecé un 23 de noviembre, así que hace un año pesaba casi 7 kilos más que ahora. Eso no quiere decir que ahora esté bien, porque unos tres o cuatro meses después llegué a pesar 5 o 6 kilos menos que ahora. No sé si el peso más bajo al que llegué, que fue más o menos por marzo o abril de este año, es muy sustentable para mi. Por ahí con bajar 4 kilos estoy.

Cuando llegue a ese punto veré cómo encararlo de forma diferente esta vez. Claramente el mantenimiento me falló. Al principio seguí haciendo lo mismo que venía haciendo (evitar la harina y el azúcar) pero aumenté la cantidad. Luego fui agregando de a poquito algunos hidratos. En vez de la ensalada sola, comía la ensalada con un pancito, por ejemplo. Y poquito a poquito fui agregando cosas. Durante un par de meses me mantuve más o menos equilibrada en unos 2 kilos arriba de lo mínimo que llegué a pesar. Y después me fui yendo de tema. Empecé una especie de subi-baja: hacía dos o tres días desprolijos, típicamente el fin de semana, y luego me disciplinaba de nuevo. Lentamente, pero fui subiendo de peso. Y no tengo muy en claro cuándo, pero en un momento me bandeé y volví a mis viejos hábitos de atracones. Terminé pidiendo empanadas y helado a domicilio, comiendo hasta que no podía más. Y ya no pude parar.

Toqué fondo hace una semana y empecé este blog. Todo este año estuve siguiendo varios blogs y eso me inspiró a iniciar el mío. Sigo un par muy copados, de minas que bajaron mucho de peso y ahora la reman todos los días. En general son yanquis, porque son miles, entonces hay blogs de cualquier cosa, y porque los americanos tienen un problema de obesidad impresionante. Algunas reportan lo que comen, para tener que sincerarse (“accountability”, es decir, tener que rendir cuentas), otras cuentan el ejercicio que hacen (asignatura pendiente en mi caso) y otras van contabilizando lo que bajan (o suben). Yo todavía no me avengo a poner por escrito mi peso, aún cuando se trata de un blog anónimo. Qué tarada, no?

Lo que todos los blogs tienen en común es que sus autoras empezaron a escribir porque necesitaban un sistema de apoyo, un grupo de gente con quien compartir y que te entienda. Coincido en que es fundamental y el éxito de la dieta depende de contar o no con esa contención. En mi caso, el año pasado iba a reuniones, que me re sirvieron, pero ya no puedo asistir. Y las extraño, me hacen falta. En el mundo exterior soy simplemente una gorda a la que le gusta morfar, que no se puede controlar a sí misma. Siquiera pensar en hablar de la dieta y el sobrepeso con mi gente cotidiana me pone de la nuca. En cambio, en el grupo soy una persona entre muchas, todos con los mismos quilombos y desórdenes alimentarios. La gordura no es tema de joda, es una enfermedad y una lucha permanente.

Así que los blogs –el mío y los que sigo—se han convertido en el reemplazo de los grupos. Hay algunos muy buenos, que recomiendo ampliamente si leen inglés (ver listita completa en la columna de la derecha, y en particular hoy leí este post sobre lo que gatilla un atracón, muy bueno). Y bueno, si alguien está leyendo este post, hola! Gracias por ser mi nuevo grupo de apoyo. Saludoss!

jueves, 17 de noviembre de 2011

La harina y yo: relación amor/odio


Día 3 desde que corté con el exceso nefasto que venía experimentando. Hoy considero un gran logro haberme resistido a dos fuentes de tentación importantísimas: 1. Medialunas, y 2. Buffet de comida caliente y postres de todo tipo. Tuve dos ocasiones laborales, una a la mañana y otra a la noche, en la que había DE TODO. Y logré sobrevivir y no tentarme. El total del día fue:
  •  Desayuno: café con leche y yogurt con frutas
  • Almuerzo: milanesas de berenjenas y porción de puré de calabazas
  • Media tarde: café con leche y un durazno
  • Cena: una copa de vino (a eso ya no pude resistirme) y un yogurt Ser de lemon pie

No es exactamente un día “en regla”, pero ey, demasiado bien! 

Creo que es muy importante haber dicho no a las medialunas, que son definitivamente mi perdición. Cuando pienso en cuál es la comida que más me pierde, me delira, son las medialunas. Masa. Harina 100%. Hay gente que le da al dulce, otros que no pueden vivir sin carne. Lo mío es la harina. Pizzas, pastas, empañadas, tartas, todo lo que tenga aunque sea un poquito de masa. Y las medialunas son tooooodo masa!

Ultimamente sé que no tengo un sano punto medio con la harina. O la elimino totalmente o en cuanto toco una miguita, me vuelvo loca y vuelco. Atracón total. Es chotísimo, porque una persona equilibrada debería poder involucrar harina en su dieta, al igual que azúcar y otros alimentos más enviciantes. Yo no puedo. Es terrible. Seriamente estoy considerando si, dado que no hallo el balance, no es mejor eliminarla del todo y llevar una dieta sin gluten. Así como hay vegetarianos, veganos, y qué sé yo, hay gente que voluntariamente –y no por celiaquismo—no come gluten. Hace tiempo que coqueteo con la dieta “paleolítica”, tan popular en USA. Aunque no sé si en el mercado argentino, con la poca variedad alimentaria que hay, es muy posible. Allá tienen de todo gluten free, corn syrup free, refined sugar free y no se limitan a galletas de arroz!

Por ahora tengo que adelgazar. Ya veré cuando llegue a un peso aceptable cómo encaro el tema mantenimiento, ya que este año mi método evidentemente no funcionó.

PD: sé que las milanesas tienen rebozado de pan, y ahí hay harina. Pero era el morfi que tenía y me lo comí. De todas formas es un avance con respecto a lo que venía comiendo y creo que no resetea mis dos días de corte. En todo caso, la semana que viene introduciré más ensalada a mis mediodías.