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jueves, 30 de agosto de 2012

Borrón y cuenta nueva (again)

Dos semanas y pico al tacho. Estuve comiendo, meta atracones. Le metí unos buenos kilos. Pero frené. Y me enderecé este lunes. Ya estoy desintoxicada, ayer fui al grupo, y me siento mucho mejor. Elijo esta vez no darle 1500 vueltas al tema de por qué me atraqué, el tiempo que perdí, los kilos que recuperé, lo mucho que me odio. Menos drama. Cuando hago esos mea culpas terribles lo único que logro es profundizar el esfuerzo que me insume retomar la dieta, porque estando deprimida uno lo único que quiere es seguir comiendo. Listo, me perdono. No para evitar tomar responsabilidad por lo que hice, que sin dudas estuvo como el or*to, pero para poder mirar para adelante. Actualizo la tablita (65,7 kg esta mañana) y listo. A otra cosa mariposa.

jueves, 2 de agosto de 2012

De vuelta al ruedo

Bueno, creo que oficialmente funcionó el corte y volví a la buena senda. Ya sin tanto sufrimiento y más automatizada. Mañana toca ooootro día de desafíos: almuerzo en restaurant italiano de gran renombre con los del laburo, pero ya decidí lo que voy a pedir antes de mirar el menú. Lenguado con espinacas, y un cortado de postre. Sin alcohol y sin tocar la panera. Si lo conozco a mi jefe, va a pedir varias entradas de salumi, burratta y bruschettas, pero me haré la distraída en la conversación y no tocaré ninguna. A la noche tengo after office con otro grupo del laburo, a un pub con cero opciones light. Acá mi estrategia va a ser comer un yogurt o una fruta inmediatamente antes de salir rumbo al bar (vamos directo del laburo) y a lo sumo tomar un porroncito de cerveza con las calorías disponibles. Por suerte en esas ocasiones todos se ponen en pedo rápidamente y nadie lleva la cuenta de quién come qué. Tengo que moderarme y no pasar del porroncito porque si no el alcohol me desdibuja el límite y me como todo cuando vuelvo a casa.

Hoy fui a la médica de la clínica a la mañana, y pesé 65,4 kg. Así que bien, volviendo al peso pre atracón. Y mentalizada de que para el 25 de agosto tengo que estar en mi peso, para pasar a mantenimiento antes de septiembre. Cómo lo ven?

lunes, 30 de julio de 2012

A duras penas... pero aguantando

No me mandé ninguna cag*ada hoy. Hice todo en regla, aunque me costó un perú. Yogurt + café con leche a la mañana, caldo + vianda + kiwi al mediodía, una pera y otro café con leche a la tarde, y caldo + vianda + un litro de jugo Clight hace un rato.
Mañana voy a intentar reducir un poco más la porción, meter algo más fresco en vez de dos viandas. Pero hoy necesitaba simplemente efectivizar el corte con la harina para despegarme, el resto se verá.
Mi peso de hoy después del atraconazo: 66,3 kg. Nerds... Pero no importa! A mirar para adelante. Dos días de corte con mucha fruta, una pasadita por el baño y vuelvo a la carrera.
Voy a poder controlar mi ingesta todos los días de esta semana, salvo el viernes. Tengo gran almuerzo gran en el laburo, y por la noche after office. Ahí vamos a ver cómo me las arreglo, pero una cosa es seguro, y es que si no estoy bien plantada y fuerte para ese entonces, me va a llevar puesta. Tengo tres días de "concentración" hasta entonces.

jueves, 12 de julio de 2012

Me cambió el humor... finally!!

Bueno, respiro más tranquila, hoy bajé un poquito: 67,2 kg. Ayer me hizo bien ir a la reunión de los gordos. Necesitaba realmente una cachetada que me volviera a poner a tono. A pesar de que en ningún momento pensé seriamente en tirar todo por la borda, ya estaba empezando a pel*tudearla. Adelantando los horarios de las comidas, agregando cositas, comiendo afuera sin dividir en dos la porción, etc. El descenso de esta mañana me hizo muy bien como motivación para redoblar esfuerzos, pero sobre todo me cambió el humor. Después de 10 días de estancamiento, arrancar el día con esa buena noticia me predispuso de otra manera. Mejor humor, menos dramatismo. Estoy lista para seguir en carrera, y este fin de semana me voy a probar los jeans chupines. Tengo dos pares de chupines, que me compré pesando alrededor de 65. Me los seguí poniendo a medida que aumentaba, hasta alrededor de los 67, y luego creo que no entré más. Ya puede que entre en uno de ellos, el más blandito, aunque no en el otro, que es más oscuro y de tela más dura. Parecerá re estúpido, pero pensar que pronto voy a volver a entrar en esos jeans es todo un hito. El peso que me resta bajar para entrar cómodamente es mínimo y aún así lo veo como un tocazo. Y son dos kilos. Me preocupa que me sigo viendo horrible, empezamos de nuevo con esta historia: más bajo, más me miro, más duramente me juzgo, y mi autoestima no sube en proporción equivalente al peso descendido. El sábado voy a ver si me quedo al taller de imagen corporal, así laburo un poquito este tema. Y seguiré yendo a Pilates, a ver si marcando un poco la musculatura me veo más linda. Por ahora si estoy marcando músculos, todavía están enterrados abajo de bastante grasa. Pero cuando baje un poco más, LA pucha que voy a quedar de 10! Ja!

miércoles, 4 de julio de 2012

Pesaje y recapitulación de miércoles

Hoy a la mañana pesé lo mismo que ayer: 67,8 kg. Me enculé. Sigo enojada porque el otro día vi 67,4 y me recontra emocioné, solo para que al día siguiente la put*a balanza me quitara nuevamente la alegría. Y me enojé igual esta mañana, a pesar de que no era lógico que hubiera descendido nada, porque ayer empecé a incorporar fruta de postre, a recomendación de la nutricionista, y era incluso esperable que al haber incrementado la ingesta hubiera un pequeño ascenso. Pero nada de eso le importa a mi irracional, ansiosa y empecinada psique: yo quería un descenso que no llegó.

Fui a la clínica y denuncié mi peso en la puerta, pero en el grupo no tenían mi peso anterior, así que no supe exactamente cuánto había bajado en la semana. Dije que creía haber bajado entre 800 gramos y un kilo, algo así. Y es que ultimamente estoy tan pendiente de las fluctuaciones diarias que ya no me acordaba de mi peso del miércoles pasado. Acabo de repasar el post del miércoles pasado, y resulta que estaba en 69,2 kg. Es decir, que en una semana bajé 1 kilo 400 gramos. No es moco de pavo! Equivale a haberme toda esta manteca del cul*o:

500 + 500 + 200 + 200 = 1,4 kg!
Moraleja: una vez más, tengo que bajar la ansiedad, alejarme del objeto y obtener un poco de perspectiva. Cómo cuesta, mamita querida... Para recapitular: he bajado 4 kilos 200 gramos desde que arranqué, lo que más o menos luce así:
Un montón de manteca!
Respecto de mi cuarto y último desafío de la semana, finalmente no tuve que someterme a esa prueba. El almuerzo de laburo super gordo que anticipaba se canceló, al igual que otro almuerzo con amigos al que le tenía un poco de miedo. Así que salí invicta de mis sucesivos escollos.

Ahora, el almuerzo de amigos se pasó para mañana y el de laburo para el martes que viene. No es que ya pasó el peligro del todo, sino que solo se pospuso. Pero no sé por qué eso me da un poco más de relax. Como que la semana que viene voy a estar más fuerte para afrontar esas tentaciones. Qué bolud*a, no?

Bueno, se viene un fin de semana largo y tengo que prepararme. No tanto para el fin de semana en sí, que no me representa muchas tentaciones (fundamentalmente porque no voy a ir de mi vieja). Pero voy a ir a la clínica el domingo o el lunes, así sigo enganchada y me mentalizo para la semana que viene, así afronto mis sucesivos almuerzos gordos con un poco más de fuerza de voluntad.

martes, 3 de julio de 2012

Malditas balanzas!!

POR QUÉ??!!!
Esta mañana me subí a la balanza con pavor, temiendo un aumento. El descenso del fin de semana parecía desproporcionado con el poco tiempo transcurrido, y cuando algo is too good to be true, puede que no sea del todo true. Y así fue: 67,8 kg. Blurgh! No importa! Un poco de perspectiva: igual estoy abajo de los 68sss, lo cual ya es MUY positivo, y la semana pasada pensaba que me iba a costar más, y que iba a empezar a bajar a razón de 500 gramos por semana. 

Determinada a que el dato no me arruinara la mañana, partí rumbo a la nutricionista sin desayunar, sin tomar ni un café, ni un vaso de agua, por poco sin cepillarme los dientes, para que cuando ella me pesara no me diera un número más alto. Pero me pesé y la balanza de la clínica me dio 68,2 kg. Y la remil! Nuevamente, elijo no ponerme mal por el número. Yo siempre me peso en mi casa, y es el peso de mi casa el que contabilizo. Repetiré en mi cabeza todo el día el mantra de "tolerancia a la frustración". El número de la balanza de la mañana no puede determinar mi estado de ánimo durante el día, media pila.

Continué la mañana desayunando un delicioso yogurt casero con un café con leche de máquina también super rico. Me compré una de las viandas más suculentas para este mediodía. Camino al subte compré frutillas, que me dijo la nutricionista que agregara frutas a mi dieta. Y a la noche tengo pilates. Así que bien, tranquila, tratando de seguir haciendo las cosas bien. Porque mañana... se viene el cuarto desafío! El más difícil de todos!

lunes, 2 de julio de 2012

Fin de semana superado!



Desafío número tres: otro éxito rotundo!

Sobreviví dos días en casa de mi vieja sin atracones, sin contagio, y sin mayores explicaciones respecto de mi dieta. Comí todo muy en regla, y aunque no hubo ejercicio de ningún tipo, la balanza esta mañana pegó un salto inusitado (para abajo): 67,4 kg!! Será que finalmente fui al baño, o que el sábado me canté un poco de hambre porque espacié demasiado las comidas, o que como el domingo me levanté tarde me ahorré el desayuno, no lo sé.  Pero hoy estoy VERY contenta con el peso que registré esta mañana. 

La convivencia fue dura, eso sí. Constantes ofrecimientos de comida de todos los colores, que rechacé al principio sin explicaciones y sin bronca, al final ya un poco ofuscadita por las constantes agresiones. Hacía un tiempo que no me veía y se sorprendió de mis dimensiones. Me dijo "no estás mal de peso", a lo cual la respondí que no, que en efecto estoy "normal", como le dije por teléfono. Era una mentira burda, estoy claramente adelgazando, pero no quise decirle que estoy yendo a la clínica. A la noche salí con mis amigas y tomé una coca light y un café, pero al otro día cuando me preguntó qué habíamos pedido, dije que habíamos compartido unas tortas y tomado unos tragos. Por qué la necesidad de mentirle? Para que no sepa que estoy a dieta y me empiece a controlar o meterse en mis decisiones. El domingo comí muy de dieta pero quise que pensara que estaba simplemente compensando por el exceso de la noche anterior. No sé si se chupa el dedo, no me importa. Si acusa recibo del mensaje "no quiero que te metas", tanto mejor. 

Hubo otro momento tenso, cuando empezó a decirme cómo me tengo que vestir. Porque ella mira no sé qué programa de "Dress for your body type" y sabe que cuando uno tiene cola grande, es mejor pantalones rectos y chaquetas cortas. Cuando habla de "uno" se refiere a mi, y el culo al que se refiere es el mío. Mensaje subliminal: "tenés el culo demasiado grande, tenés que vestirte de forma tal de disimularlo". Se ve que no aprobó Psicología 01 para padres, lección 1: "no le minen la autoestima a sus hijos", por el amor de Dios!! Hice oídos sordos, y la dejé hablando sola, me fui de la habitación. No voy a intentar decirle cómo pretendo que sea conmigo, no quiero confrontar más con ella por tener un ideal de madre que ella nunca va a ser. Pero tampoco tengo que escucharla, así que me fui. Nuevamente, espero que mi desdén y mi actitud de ignorar lo que estaba diciendo no haya pasado desapercibida, porque si acusa recibo, mejor todavía. 


Nociones inculcadas a lo largo de años...
Laburito duro y parejo!

Otra vez lunes, día que tengo libre por la noche. Otra vez me propongo retomar el gimnasio, aunque sé que me estoy predisponiendo a no tener éxito. Ya estuve pensando que en realidad tengo que aprovechar el hueco para ir al super, porque como no fui el fin de semana, no tengo nada en la heladera. Y necesito organizarme para la semana, comprar frutas, lácteos, etc. Podría tranquilamente hacer las dos cosas (gym + super) pero, ¿a quién engaño? No creo que eso suceda. 

Resta el último escollo de la semana, el miércoles, al que creo que se va a sumar otro almuerzo de laburo mañana. Así que respirando hondo para poder afrontarlo. El peso de esta mañana y la buena onda que me generó me va a ayudar, seguramente.

Se empieza a notar

[NOTA: este post lo escribí el viernes 29 de junio, pero no tuve tiempo de publicarlo hasta hoy]


Desafío número dos: sobrellevado con éxito!


Fui a la cena de laburo que tenía, pero primero fui a Pilates, comí mi porquería en casa y caí más tarde. Cuando llegué todos ya habían pedido, tenían sus cervezas, y al ratito cayó la comida. Como el servicio fue muy desprolijo, no comieron todos juntos, y nadie sintió la necesidad de preguntarme si yo comía, no comía, o si estaba a dieta, ni nada de eso. Todos comieron hamburguesas, rabas, bastones de mozzarella, y otras cosas gordas. Yo no comí ni tomé nada, salvo un shot de tequila que el agasajado invitó a cada uno de los asistentes. No quería tomarlo, pero pensé que no tenía muchas calorías (acabo de averiguar que son como 65 calorías, si lo hubiera sabido no me lo tomaba). Pensé que sería mi única transgresión, y que no tomarlo, por el contrario, evidenciaría que estaba haciendo dieta. Como ya he dicho en otros posts, tengo un tema con participar a la gente de mi proceso de adelgazamiento. Así como no quiero que se den cuenta que engordo, no quiero que se den cuenta que adelgazo. Y no es un tema de accountability (hay mucha gente que no dice que está a dieta para no generar expectativas y no quedar como idiota cuando no lo logra). No, es un tema de que siento que mis fluctuaciones evidencian mis estados de ánimo, mi vulnerabilidad, mi imposibilidad de controlarme. Sí, además de rollos en la panza tengo miles de rollos en la cabeza, ya lo sé. Así que a veces prefiero no denunciar nada. El otro día fui a un cumpleaños, y me ofrecían todo el tiempo comida. Si decía "no, gracias" iba a venir el inevitable "en serio no querés??" con incredulidad, a lo cual iba a tener que responder "estoy a dieta". Así que opté por decir "uy, qué rico, sí, ya me voy a comer 50, vos no te preocupes, yo me sirvo". Total después nadie te controla si te servís o no. Ayer creo que con mi caída tarde logré salir bastante airosa de la situación sin generar mayores sospechas. 

Anyway, la jodita por suerte no tivo consecuencias sobre la balanza y esta mañana marcó 68,6 kg, lo cual considero todo un lujo. Y eso que encima todavía no fui al baño. Espero que no haya sido una anomalía estadística porque me cuesta mucho tolerar la frustración de no bajar. 

El descenso se está empezando a hacer evidente, al punto que el pantalón que la semana pasada les conté que me pisaba, ya es imponible, así que pasé al pantalón del talle siguiente, que luego de un día de uso, ya se siente incluso sueltito. Evidentemente, y muy a mi pesar, la gente lo nota. Hoy me hicieron el primer comentario al respecto, que tengo la cara más angulosa, pero vino de la compañera de laburo que almuerza todos los días conmigo, que me ve que hace casi un mes que me traigo la viandita pijoter*a. Incluso a ella no le he admitido que estoy yendo a la clínica. Digo que traigo la vianda "porque me re soluciona el tema de la comida, es super práctica", pero que a la noche como cualquier cosa así que me mantengo. Patrañas. Pero bueno, con ella hay confianza. A mis más cercanas no les he contado tampoco, vengo haciéndome la boluda al respecto. Por ejemplo, si me invitan a salir en el horario que tengo los grupos, digo que "hoy no puedo juntarme" y no digo porqué. Los sábados o domingos a la mañana todo el mundo de todas formas asume que duermo hasta tarde, cuando en realidad arranco con el grupo y sigo con actividad física. Y así quiero que permaneza, porque si las participo todo el mundo siente que tiene derecho a opinar.

Bueno, me quedan dos desafíos más. El próximo ya mañana, que voy a casa de mi vieja. Otra que no sabe que estoy yendo a la clínica, y a quien especialmente no le voy a contar. No quiero efecto contagio, no quiero solidaridad, opiniones, nada. Va a ser difícil que no se de cuenta, no va a haber muchas formas de caretearla. Pero estoy determinada a no dar muchas explicaciones al respecto ni escuchar sus lamentos porque ella volvió a engordar de nuevo. Que cada cual lidie con su propia gordura. 

Forza!

jueves, 7 de junio de 2012

Vuelve el perro arrepentido...


Hola de nuevo a la blogósfera. Luego de meses de ausencia retomo el contacto con este medio y ¿adivinen qué? Por supuesto, estoy hecha un tanque. Y ya no un kilito o dos, sino una bocha: estoy pesando 72 kilos. Casi lo mismo que pesaba cuando empecé Ravenna la primera vez, en 2009, que estaba como en 74. Sí, una bestialidad. Estaba releyendo mi último post, que estaba en 64,5 o algo así. En ese post decía que en las últimas recaídas al menos había podido frenar a tiempo, y que ya no me iba a ir a la mier... como en otras oportunidades, que ya no iba a pasar de 69. Flor de chasco...

Otra vez la c*gué
 No sé cómo llegué a este punto. Sospecho que tiene mucho que ver con mis frustraciones emocionales, concretamente con un tipo. Qué predecible, no? En los últimos dos meses ya la cosa se me fue de control, cayendo en atracones permanentes. A la noche me iba a dormir tan llena que me despertaba aún sintiéndome mal, llena hasta la garganta, y para “bajar” esa comida, arrancaba bien tempranito con otro atracón. Mi sistema digestivo la pasó muy mal por varias semanas, mejor ni les cuento porque es muy escatológico. Y finalmente llegué al punto en el cual no me entró ningún pantalón. Los viejos, los “de gorda”, pre 2009, no sé ni dónde están. Creo que se los di a mi vieja, y antes muerta que pedírselos de vuelta. Tuve que salir a comprar nuevos, y cuando ésos no me entraron, me compré un vestido negro de modal elastizado talle ballena, lo que yo llamo una “carpa de beduino”, y me escondí ahí adentro. Pero, ¿a quién engaño? No hay cómo esconder los casi 10 kilos que me puse. Se notan por todos lados.

Hace poco hice una escapada de viaje con una amiga, situación que inevitablemente deriva en el sacado de fotos. Uggh...! Cuando me vi en las fotos... Qué asco que me doy, qué desagradable que me siento. Una intocable, sexy como una ameba. En terapia había hablado del tema de la imagen en su momento, y había llegado a la conclusión de que ponerme kilos es un mecanismo de defensa, porque me “saco del mercado”. Gorda, ¿quién va a quererme? ¿Quién podría desearme? Nadie. Listo. Riesgo cero. Es totalmente cierto que cuando a pesar de mi estado de grasitud me avengo a salir de noche –lo cual la mayoría de las veces ni siquiera accedo a hacer—me pongo de expectadora de mis amigas. Ellas levantan, yo miro, yo soy uno más de los muchachos, riéndose de las otras que despliegan sus armas de seducción. Ok, detectar el problema y admitirlo es el primer paso para solucionarlo, no? Entonces con mi psicóloga empecé a intentar hacerme a la idea que alguien me puede querer gorda, que no me excluye del mercado, que puedo estar “adentro” del mercado, y no mirarlo de “afuera” solo por ese motivo. Empecé a querer cambiar mi actitud por adentro, al menos, aunque no cambiara mi aspecto de afuera. A meterme en personaje de mujer, a permitirme seducir, etc, etc. Bueno, por supuesto, fue un fracaso rotundo. Y ahí le di una vuelta de rosca a la explicación de mi gordura: comer anula mi sexualidad. Pero ya no en el sentido de que me saca del mercado, es decir, no solo porque me hace menos deseable, y entonces menos expuesta al riesgo del rechazo. Sino porque aplaca mi deseo sexual. Psicológicamente, porque me siento una bolsa de manteca in-c*gible, pero también físicamente, porque me anula hormonalmente. ¿Acaso será casualidad que me mando los peores atracones por la noche, cuando vuelvo a casa y estoy sola como un perro, mirando televisión? No hay casualidades. Este tema es muy extenso, no termino de desentrañarlo yo misma, y además ponerlo por escrito me hace sentir más patética de lo que ya me siento, así que lo dejaré para más adelante.

Volviendo a las fotos: toqué fondo. Fue mi “ahá” moment, en el que dije “bueno, basta”. Hace dos semanas y pico que volví de viaje ya, pero todavía no he logrado engancharme con nada. La semana pasada fui a un grupo de Ravenna y me compré viandas. Por unos días anduve bien, pero progresivamente fui aumentando la ración, y terminé a los atracones. Intenté retomar el ejercicio, pero el finde tuve que laburar y no hice nada. Al menos ayer arranqué Pilates. Sé que no voy a perder peso con eso, pero al menos es un paso hacia retomar el cuidado de mi cuerpo, el contacto con mi cuerpo. Pero digamos, que a pesar de sentirme muy muy mal desde las fotos, hago un paso adelante y cinco para atrás, y no sé cómo hacer para cortar con eso.

Hoy podría ser un buen día de “turning point”, por varios motivos: 
1)      Tengo grupo de Ravenna, y me van a recag*ar a pedos, porque esta semana hice todo mal. La semana pasada era fin de mes, y no pagué nada porque llegué después del horario de cobranzas, pero si hoy voy, tendré que pagar todo el mes, y dado que sale un fangote de plata, eso me puede llegar a incentivar a permanecer. Además, voy a aprovechar para repasar la teoría. En Ravenna te dicen que no hay que pensar, hay que hacer la dieta sin desviarse. Salirse de la dieta te saca de la acidosis, te da hambre, te pone ansiosa, y la c*gás, y no un poquito, sino que terminás en el atracón.
2)      Tengo terapia. Quiero ahondar esta relación entre la comida y la sexualidad (o la falta de). Siento que vengo abriendo muchas líneas de pensamiento relacionadas con lo mismo, pero no termino de sacar una conclusión que me ayude. Voy a ver si hoy puedo recapitular un poco y tomar conciencia de algunas cosas.
3)      Siento algunos músculos tensos de haber hecho Pilates ayer. Eso es bueno, incentiva.
4)      Mi bloguera preferida, Jen, posteó hoy un desafío de bajar 12 pounds (algo así como 6 kilos) de acá al 1º de agosto. Y me gustan los desafíos. Me motivan. Este en particular me sirve, porque me hace sentir que no estoy sola. Y constituye lo que se llama un objetivo inteligente [en inglés, “SMART” goal: Specific, Measurable, Achievable, Relevant, and Time-based].
5)      Retomé este medio, al fin y al cabo, no? “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

Solo espero que después de toda esta perorata mi próximo post no sea de acá a 5 meses con 10 kilos más encima...

martes, 24 de enero de 2012

Todo sobre mi madre (reflexiones post atracón)


Hola, hola! Justo cuando todos pensaban que me estaba pudriendo en mi departamento como esas dos pobres viejas en Recoleta, NO, aquí escribo este post para reafirmar que sigo viva!

Qué pasó? Bueno, por supuesto, la cagué. Luego de mi último reporte, que había sido 65,4kg, me fui el fin de semana de visita a casa de mis viejos. Muchos eventos sociales, sumados al “calor materno” canalizado a través de la comida, y me puse más de un kilo en dos días. Sí, se puede ser así de animal. Ahora no me acuerdo bien, pero creo que el lunes a la mañana ese  me pesé y clavé 67.

Me puse en regla inmediatamente y ajusté el cinturón. Ese miércoles al grupo de Ravenna apenas y con lo justo llegué a denunciar un “igual”, pero al menos me hice cargo de decir que no fue un “igual” porque la dieta no está funcionando, o “no estoy tomando suficiente agua, se ve”, como dicen algunos cara-rotas. Dije que la había cagado, que ir a casa de mi vieja generalmente me trastoca todo. Y no en la forma en que cualquiera pensaría (léase, comida casera si se trata de una madre aplicada, o comida chatarra si se trata de una madre sin dotes culinarios). Por suerte no me dieron oportunidad para explayarme, porque ya estaba terminando la sesión.

Qué pasó con mi vieja? Bueno, luego de 30 años de darme el peor ejemplo del mundo en materia alimentaria (exceso de peso crónico, comida chatarra ilimitada casi como gracia, cero balance nutricional, atracones permanentes de comida, sedentarismo absoluto, problemas de auto-estima o de imagen que ni les cuento, etc) ahora resulta que adelgazó. Creo que en parte fue debido al efecto contagio que produjo en ella el hecho de que yo el año pasado bajé casi 12 o 14 kilos. En ese momento, que yo dejé de pegarme a la mierda de ejemplo suyo y tomé mi rumbo, hice un esfuerzo consciente de no dejarla inmiscuirse en mis decisiones de comida ni en mi percepción de mi imagen corporal. No quería su condicionamiento, no quería sus prejuicios, sus experiencias pasadas, ni nada de eso que impactaran sobre mi dieta. Funcionó. Y eventualmente ella se pegó a mi ejemplo y bajó, lo cual me alegró inmensamente. Pero mientras yo este año tuve mis bajones y volví a los 68-69s (cuando rondé los 62-63s), mi vieja adelgazó fuerte. Guarda, tampoco es que se convirtió en role-model, a ver… Yo luché todo el año tratando de lograr un balance, un punto medio, un equilibrio, que finalmente no encontré, pero le re puse huevo. Y hasta podría decir que en parte no estuve tan mal, porque hasta septiembre me mantuve re bien, y cuando me empecé a ir de tema, no me puse mil kilos sino que supe frenar a tiempo. Como creo que ya expliqué, también me pasó algo curioso que fue sentirme horriblemente gorda en un peso de 69, que el año pasado había marcado el comienzo de sentirme divina. Es decir, subí el estándar, ya no me voy a dejar ir como antes nunca más.  Por contraste, mi vieja tuvo una recaída de varios meses en los cuales se mandó un atracón atrás de otro, se puso de nuevo todo lo que había bajado y algo más (y hablamos de 20-25 kilos, no 5), luego de lo cual retomó y bajó. Pero volviendo al fin de semana: ella está flaca como nunca, y quiero decir nunca, en los 30 y pico años que la conozco. Mientras tanto, yo ando desmejorada y queriendo levantar cabeza. Y qué hizo: se puso a pontificar. Con el dedito en el aire decidió hablar desde la autoridad moral que sólo puede tener quien ha sido flaco 15 minutos y pretendió darme cátedra sobre cómo adelgazar. No sólo eso sino que me ofreció mi ropa de gorda que llevé a su casa y que le dije que no quería volver a usar en mi vida. Hace un año mi ropa de gorda era mi mejor ropa, que ella recibió con brazos abiertos a medida que yo iba bajando de peso y me iba quedando grande, y ella también iba bajando de peso y por primera vez entraba. Ahora esa ropa le queda grande, y me la vuelve a ofrecer a mi, la gorda que tuvo la recaída. Se le escapa la sutileza? No lo creo. Mi vieja será muchas cosas, pero no es pelotuda, y tiene años de gorda y otros tantos de psicoanálisis, así que sabe el dedo en el culo que me estaba metiendo.

Qué hice como reacción? Lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar, llevarle la contra. “No me digas lo que tengo que comer, yo sé perfectamente lo que tengo que comer, y voy a comer lo que quiera, y eso incluye todo lo que se me cruce por el camino en todo el fin de semana, y otras cosas también, que iré a comprarme adrede para mostrarte que no me controlás!” Muy racional, no? Si, yo también tengo que volver a terapia, evidentemente. Es que aunque sé que mis problemas de peso son míos, porque yo soy la que abre la boca y morfa, en el fondo reconozco el germen de mis problemas de imagen en verla ser gorda mientras yo crecía. Pobre, no? Ella seguramente luchaba con sus propios demonios, pero lamentablemente todo impacta sobre los hijos. Había un doble mensaje por ahí escondido, porque mientras nos trasmitía “querete como sos”, eso era válido siempre y cuando fueras flaca, pero si sos gorda no valés un mango. Si de chica hubiera empezado con sobrepeso el mensaje hubiera sido “ponete linda para que la gente te quiera, porque gorda sos un sorete”, que era como ella se trataba a sí misma.

Y también hay algo de competencia. Ella siempre fue gorda que yo recuerde, así que nunca compitió conmigo, porque nunca pudo. Ahora la tortilla se invirtió y de repente vuelan las hilachas por los aires… No sé. Será que la que compito soy yo? Será mi auto-estima la que está herida porque ella está flaca? Tiendo a pensar que no, porque finalmente puedo salir a la calle al lado de ella y no sentirme abochornada de que la gente nos ve y piensa “the apple doesn’t fall far from the tree”.

Fin de la digresión (y del atracón). Volví a mi rutina luego de ese fin de semana, volví a la vianda, y me dejé de joder. Y vengo bien. Hoy pesé 64,5 kg. Estoy a un kilo y medio de la meta inicial, y luego veré cómo sigue esto, si decido bajar un poco más o si decido intentar mantenerlo. Recién cuando pisé los 65 en punto dejé de sentirme horrible y empecé a verme mejor, pero sigo disconforme. Creo que la diferencia con el año pasado es que no retomé el gimnasio, y aunque la grasa disminuye, la masa muscular no se incrementa y me veo como un montón de gelatina. Ahí claramente está la meta de la etapa que se viene. 

jueves, 12 de enero de 2012

Sigo bajando (pero que no se note!)


  • Bueno, ayer anoté 65,9 kg en la tablita semanal.
  • Descenso total de la semana: 2,6 kg. Bien.
  • Y mi peso esta mañana fue: 65,4 kg. Otros 500 gramos más. Bien, bien.
El año pasado el nutricionista me había dicho que mi peso normal era fluctuar entre 64 y 66, por lo cual estoy en mi peso, supuestamente. Esta vez la minita de Ravenna me puso como objetivo 63 kilos, un poquito menos, así que todavía no llegué. Y es lógico, hace una semana que empecé la dieta, después de todo, no?

La verdad es que, aunque me noto mucho mejor, más desinchada, menos obesa, no me siento mucho mejor con mi imagen. Definitivamente no me siento como me sentía el año pasado cuando estaba en este peso. Será que ahora ya no me conformo con poco, ahora sé que puedo estar mucho mejor. No sé. Es preocupante, porque parte la gracia de adelgazar es volver a sentirme bien en mi propia piel, quererme un poco más. Ello no ha sucedido todavía. No paro de hacer chistes de gorda hacia mi misma y otros comentarios auto-denigrantes.  Oculto que estoy a dieta, y si alguien nota que no estoy comiendo mucho, digo “no, es que ya comí en casa”, y a los que se dan cuenta que estoy más flaca, les digo que es una ilusión óptica, que debo estar reteniendo menos líquidos, pero que mi peso sigue igual. Supongo que es para no ponerme tanta presión, pero al mismo tiempo sé que en parte tiene que ver con no reconocer que me puse muchos kilos, es decir, para minimizar a los ojos de los otros lo que tengo que bajar.

No me miren!!
Como ya dije en otro post, la mirada de los otros me jode sobremanera. Me ven fluctuar, me ven rebotar, me ven fuera de control. Se nota. Y odio que se note. Odio mostrar vulnerabilidad. En cierta forma, bajar mucho de peso es también atraer atención sobre mi, sobre lo que había subido (como si nadie se hubiera dado cuenta, qué esperanza…).

Pero bueno, sigo bien, motivada, y las salidas que tuve no me llevaron puesta. Sí, es cierto que hice trampa porque chupé, pero compensé comiendo muy muy poco. Sé que no es lo más sano del mundo alocar calorías al alcohol en vez de a la comida, pero bueno, es lo que decidí hacer.  Y por suerte la balanza me sigue acompañando. Este finde siguen los eventos sociales, el viernes y el sábado a la noche. Ughhh…

jueves, 5 de enero de 2012

El "antes" y el "antes" de la gordura: comparativo entre dos gordas


Mi peso esta mañana: 67,5 kg. Descenso de 600 grs.
Mis comidas de hoy: en regla nuevamente; yogurt, café, ensalada, durazno, vianda. Compré la vianda en un lugar “no oficial”, digamos, y me parece que no tienen 150 calorías ni en pedo. Hoy me comí una de canelones de verdura que no solo eran asquerosos, sino que además el creppe era de queso (en reemplazo de la harina) y debe haber tenido muchas más calorías que lo permitido. Tengo un retrogusto horrible y siento culpa como si me hubiera comido media pizza. La verdad que para comer como la m*** y encima no bajar de peso, mejor compro las oficiales y me dejo de joder.
Estado de ánimo: sigo bastante motivada y no muy ansiosa. Hoy me fui a hacer las manos y los pies, que no sé por qué motivo, pero me hacen sentir más mujer. Así que la auto-estima está bastante mejor que la semana pasada.
Tamaño de mi orto: sin variaciones, pero noto que la cara está más angulosa. No tengo más esa retención de líquidos espantosa en la cara que me hace ver como si me hubiera puesto relleno de colágeno por todos lados. Ya se me achinan menos los ojos cuando me río.

El otro día en la clínica me pesaron y midieron todo, cintura, cola, pierna, etc. El año pasado cuando también había recurrido a ayuda profesional con esto del descenso, también me midieron toda. Así que pude comparar medidas entre dos etapas de gorda. A ver si me explico a qué voy con esto. El ejercicio de tomar las medidas del “antes” y el “después” y comparar tiene su gracia, como por ejemplo ver dónde estuvo la mayor pérdida de grasa, o si fue en general parejo. En mi caso, por ejemplo, la vez pasada, bajé creo que 1 cm de cola, y en cambio casi 26 cm de panza. Dos conclusiones: (i) la harina me elimina la cintura, y (ii) mi orto es endémico y no reduce con facilidad. Nunca llegué el año pasado a terminar de complementar el descenso con gimnasia localizada a ver si con eso se achicaba. Otra vez será, esperemos que ésta.

Pero en este caso el ejercicio de comparación que hice fue entre dos “antes”, es decir, dos reportes de gorda. Descubrí una cosa curiosa, que quizás para otra gente es evidente, pero en mi caso es una novedad: el hecho de que esté dos veces en un mismo peso no significa que mi cuerpo tenga la misma forma. Uno no engorda ni adelgaza siempre igual. En mi forma de verlo, si uno no introducía una variable exógena (como por ejemplo, no sé, ejercicio localizado en cierta zona del cuerpo) las mismas acciones no tenían por qué producir diferentes resultados. I stand corrected. Veo que esta vez mi sobrepeso está más localizado que antes en mi parte inferior, pero no solo en el traste, sino en las piernas. Como les conté en otro post, mis tobillos son inexistentes, están borrados debajo de una capa de grasa.

Conclusión: esto requiere más que sólo cerrar la boca, o voy a quedar como una masa informe de grasa. TENGO que avenirme a ir al gimnasio!!

viernes, 25 de noviembre de 2011

Un paso para adelante... medio paso para atrás. History of my life


Shame on me
Fuente: jessekstrom.blogspot.com

Bueno, ayer me mandé la primer gran cagada. Comilona gratis y no me pude resistir (al  menos no a todo). No me conecté ni registré lo que había comido porque me daba mucha vergüenza, qué fiasco que soy. Diez días de dieta y ya tiro todo por la borda a la primera de cambio que no tengo control sobre el menú que se me pone en frente. Débil...

Hoy vengo acá a dar la cara, pasar en limpio lo que impunemente decidí comerme y responsabilizarme por mis actos. Siento que me estoy confesando mis pecados, pero el problema es que nadie me manda a hacer penitencia!!! Como por el momento creo que este blog sigue sin lectores, en realidad estoy haciendo trampa y no hay un verdadero arrepentimiento. Por lo que valga, acá va mi reporte:
  • Desayuno: as usual, café + yogurt
  • Almuerzo: una porción chica de asado con ensalada (hasta ahí todo bien), crumble de manzana y bocha de helado de postre (comí todo menos parte de la manzana), tres copas de vino
  • Media tarde: media porción de cheese cake y una cerveza (o dos), más un poco de picada (papitas, sobre todo)
  • Cena: mila de soja con calabaza (podría haber compensado con un caldito y a la cama, no? Se ve que no es mi estilo)

Esta mañana me costó un huevo volver a la buena senda, y as we speak me estoy comiendo un casette de queso.
  • Desayuno: café + yogurt + jugo de naranja
  • Almuerzo: berenjenas gratinadas y puré de calabazas
  • Media tarde: media medialuna y una manzana, y el mencionado casette de queso
  • Cena: todavía nada, ya veré

Todo indica que llegué a una meseta de cierta comodidad y automáticamente implementé el modo sabotaje. Se viene un fin de semana largo, espero no empezar a pavear porque el verano no es misericordioso y la voy a pasar mal!!!!

La parte que me da vueltas en la cabeza de todo esto es que releo la lista de lo de ayer y no me parece tanto. Estimo que una persona "normal" podría permitirse un día así tranquilamente, y luego retomar la rutina diaria, compensando con un día un poco más tranqui al día siguiente. Pero no es mi caso. Yo estoy --supuestamente--  a dieta, y no en mantenimiento, sino a dieta, es decir, pretendiendo bajar de peso. Y aún así comí todo lo que comí. Cuando esté en mantenimiento (si llego algún día) ¿qué más que eso me voy a permitir comer? 

martes, 22 de noviembre de 2011

La mirada de los otros...


Reporte diario exitoso, sigo sin pecar a pesar de haber tenido muchas oportunidades al efecto.
  • Desayuno: same as usual, no cambio ni el gusto del yogurt ultimamente
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Merienda: una ciruela, una manzana chica y un café con leche
  • Cena: me jugué y salí de mi rutina, preparé pechuga de pollo al curry con zanahorias, todo en papillote, gourmet total! En un rato me voy a cortar una tajada de sandía. 

Tobillos, where are thou?
Fuente: hightechhealth.com.au
Me veo la cara menos desfigurada por la gordura, sin tanta hinchazón. Cuando hago episodios de atracón la retención de líquidos al día siguiente es espantosa, al punto que no sé cómo caretearla ya con maquillaje. Se me achinan los ojos, se me rellena completamente el párpado y me crecen los cachetes que da miedo. Bueno, por suerte todo eso va mejorando. Otra cosa que noto es que se me marca más la clavícula y la parrilla (así denomino yo a los huesos que se ven en el espacio entre las tetas, que en mi caso, al tener bastante poco y estar muy separadas, tiende a verse bastante cuando adelgazo). Por supuesto el problema mayor (pun intended) sigue en sus dimensiones usuales (mi traste, por supuesto), los tobillos están perdidos hace tiempo debajo de grasa localizada sin remedio, y las piernas siguen regordetas y tipo maceta. Las cachas están a pleno todavía, así que en cuanto me ponga una pollera y traspire un poco me voy a paspar hasta el hipotálamo. Pero bueno, algo es algo. Siempre se adelgaza de arriba para abajo (y en mi caso nunca llego a bajar todo lo que tengo que bajar de abajo…).

A pesar de que yo ya un poco lo noto, no sé si la gente alrededor mío se da cuenta de que estoy bajando de peso, y hasta preferiría que no lo noten mucho. Me acuerdo que en terapia, una vez que hablé del tema de mi sobrepeso, la mina me preguntaba por qué no podía asumirme como era, por qué la necesidad de taparme, ocultarme bajo un montón de ropa. Yo respondí que porque mi cuerpo me avergonzaba, y que la ropa amplia ocultaba lo que odiaba de mi. Me sorprendió su respuesta, me dijo que era muy omnipotente de mi parte pensar así. ¿Cómo omnipotente? Todo lo contrario, pensé yo. Pero cuando me lo explicó, le di la razón. Es muy omnipotente creer que uno puede controlar lo que la gente percibe de uno, la forma en que otros nos ven. Es obvio que aunque me ponga la ropa más amplia del mundo, la gordura se ve!

El médico nutricionista que empecé a ver inmediatamente después de que me “dieron de alta” de la terapia (era terapia por objetivos, ergo de corta duración), me dijo que el gordo es una persona fuera de control. Descontrolada en su alimentación, en sus emociones, en todo. Eso, sumado a lo que me había dicho la psicóloga, hizo que llegara a la siguiente conclusión: la gente se da cuenta, y no lo puedo evitar, que engordo y que estoy fuera de control de mi misma.

Recuerdo la bronca que me dio llegar a esa realización. Odié darme cuenta de que la gente me puede leer como a un libro abierto a través de mi peso. Odié participar al mundo de mis emociones, de mi impotencia para lidiar con mis frustraciones, mis inseguridades, y mi vida en general. Y yo pensando como una idiota que mi gordura me blindaba emocionalmente: sí, en efecto, estando gorda no me expongo emocionalmente a que me pase nada, pero al mismo tiempo mi gordura le muestra al resto mi absoluta imposibilidad de controlarme emocionalmente. Odio sentirme vulnerable, y en ese momento me sirvió de motivación para adelgazar pensar que de esa forma me volvía menos trasparente a que me juzgaran.

Alguien se la cree?

Se acerca Navidad, y estaba pensando qué me iba a poner, por lo cual recapitulé qué me había puesto en los últimos años, haciendo memoria de los últimos tres vestidos. A muchos de mis parientes los veo sólo esa vez al año, y estaba pensando que: en 2008 me vieron totalmente descontrolada, en mi peso máximo, claramente demacrada y abatida (las fotos lapidarias lo confirman); en 2009 me vieron más flaca, porque logré bajar un poco y estaba más o menos como estoy ahora; me sentía re diosa en un vestidito que compré chico y nunca antes me había entrado; en el 2010 había vuelto a engordar un montón, pero en noviembre me había puesto de nuevo a dieta, así que me vieron un par de kilos arriba sobre el 2009, pero mucho más insegura con mi cuerpo, más tapada; y este año espero que me vean ligeramente más flaca que en el 2009. En este momento estoy como estaba en febrero de este año, que me faltaban adelgazar casi 5 kilos. Si logro mantenerme a raya hasta Navidad, quizás pueda aparecer a los ojos de quienes me ven una vez al año que estoy equilibrada. Sin embargo, me da una rabia espantosa pensar que la gente que me ve todos los días no se creen ese verso, ya que ellos ven mis fluctuaciones, mis subidas, mis bajadas, mis vestiditos apretados y mis camisas gigantes, en suma, mi descontrol.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Buscando la virtud moral aristotélica: el elusivo punto medio

Esta mañana me levanté y había aumentando 400 gramos. Gran frustración. Respiré hondo y le di para adelante. El miércoles toca anotar en mi tablita el peso, y ahí veremos el saldo semanal. Me peso todos los días para mantenerme controlada, pero el avance lo tengo que medir en períodos más largos, porque diariamente el peso fluctúa por imponderables como retención de líquidos o haber ido o no al baño, etc. Nuevamente tuve que recordarme a mi misma "bajá la ansiedad, nena!!".
Hice las cosas bien hoy, y comí:

  • Desayuno: café con leche y mi yogurt
  • Almuerzo: tartita de calabaza y una ciruela
  • Media tarde: dos cafés con leche y un durazno
  • Cena: hamburguesa light con puré de calabaza y en un rato me voy a comer unas frutillas

Soy consciente de que esto es más una dieta de mantenimiento que de descenso, pero bueno, es lo que me puedo proponer hoy de manera realista cumplir. Por otra parte, sé que lo de comer 600 calorías diarias, cero harina y cero azúcar como hice la última vez, no es la mejor manera de perder peso. Es la más rápida, seguro, pero no genera hábitos alimenticios sanos y sustentables, y mi rebote olímpico lo demuestra. Quizás esta forma moderada de adelgazar sea una opción. Por el momento, mi meta es hacer algo, no importa qué. En otras oportunidades, como soy muy metódica, me gusta tener un plan, con reglas, pautas, listas, etc. [Neurótica, yo? Nooo...] Esta vez iré viendo cómo pintan las cosas, sin presiones ni exigencias inalcanzables.
Fuente: uned.es

Aristóteles lo tenía muy claro y definía la virtud moral como la "disposición voluntaria adquirida (hábito) dirigida por la razón y que consiste en el término medio entre dos vicios". Parece que en la antigüedad tenían las cosas muy claras, y todas las esculturas griegas parecen demostrarlo, no? Quién no querría estos abdominales??



domingo, 20 de noviembre de 2011

El dilema del supermercado: aprender a comer


Hoy estuve mucho más disciplinada que ayer, y compensé un poco el exceso de sábado. Recapitulo:
  • Desayuno: café con leche
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Media tarde: dos tazas de té y un yogurt con frutillas
  • Cena: una zanahoria cruda a modo de entradita, dos salchichas light y puré de calabaza, y frutillas marinadas en jugo de naranja de postre

Lentamente voy desinflándome, aunque por supuesto no al ritmo que querría. Me mido todos los días los pantalones, esperando un cambio sustancial en mi talle, y cuando corroboro que todavía cuesta cerrarlos, me frustro. Qué falta de perspectiva, carajo! Empecé esta dieta hace (cuatro?) días –y ni siquiera pasé la prueba de hacerla al 100% el primer fin de semana que me agarró—y yo ya quiero ver resultados! Soy de terror.

Carrito fuera de control!!!!
Hoy fui al super, tarea que no solo me da fiaca sino que además me confronta con mi total ignorancia hacia cómo debería ser una alimentación balanceada. Siempre termino comprando lo mismo: una calabaza grande para hacer puré y congelarlo en porciones para toda la semana; proteínas varias para hacer con el puré, todas congelables (como salchichas light, hamburguesas light, pechugas de pollo o kani kama); lácteos varios (no puedo vivir sin leche, yogurt y queso, aunque trato de prescindir del queso) y fruta. Trato de variar el tema de los vegetales y compro alguna cosa que se pueda cocinar, fraccionar y congelar. Típicamente remolachas, espárragos, champignones, espinacas, y cuando ando con tiempo, hago lasagna de vegetales en grandes cantidades para fraccionar. Como se vino el verano, ya hay tantas frutas ricas, y no tengo que limitarme a comer manzanas y peras. Así que hoy me stockeé para la semana y compré duraznos, ciruelas, sandía y varias cosas más.

Como sigo en modo adelgazamiento, me limito a comprar esos alimentos, y está bien que no salga de ahí. No hay mucha vuelta para bajar de peso. El tema es que cuando llegué a mi peso ideal y pasé a hacer dieta de mantenimiento, me di cuenta de que no tengo training en cuestiones alimenticias.
En casa de mis padres había un repertorio de unas 15 a 20 comidas, con suerte, que iban alternándose. Muchas tarta de jamón y queso o de choclo, pastas, milanesas con puré…

Cuando me independicé y tuve que empezar a cocinarme, repetí un poco esa dinámica, aunque con un presupuesto menor, y menos tiempo. Hacer puré? Hacer milanesas? Ni hablar. Las tartas me ayudaron a zafarla bastante bien, porque hacía una tarta y comía cuatro veces (eso también tenía sus contras, porque estaba siempre comiendo lo mismo, el gran problema de vivir solo). Como ahora era yo la que elegía qué comprar, era más consciente de evitar ciertas cosas, como la crema de leche (trataba de evitar las pastas, o las hacía con salsa de tomate casera), la mayonesa (que en mi casa consumíamos por vía intravenosa, más o menos…) y los fiambres.

Cuando empecé a ganar más plata empecé a salir mucho a comer y a pedir comida hecha, tanto al mediodía como a la noche, porque además empecé a tener cada vez menos tiempo para cocinar, ya que me la pasaba laburando. Y por supuesto las largas horas de trabajo vienen acompañadas por stress, que a su vez se traduce en más comida. Por esa época estaba en pareja, y mi novio no ayudaba, sino que por el contrario por poco me metía la cuchara en la boca. No le echo la culpa a nadie, la que perdió el control fui yo, pero nuestra relación no era muy sana –ni entre nosotros, ni con la comida—y encontramos en el morfi una forma de obtener la satisfacción que nuestra relación ya al final no nos proporcionaba.

Eventualmente decidí adelgazar, y bajé mucho de peso, hasta que llegué a pesar lo que peso ahora (que hoy me parece muchísimo, pero la primera vez que adelgacé, me parecía un peso muy agradable). Por supuesto eso no duró, porque no cambié mi relación con la comida, y porque todavía tenía un montón de “rollos” (y no en la panza, justamente) que solucionar. Me tomó un año, pero fui a terapia, hice mucha introspección, entendí de dónde vienen mis mayores miedos y frustraciones con mi imagen corporal y el sobrepeso, y me saqué el lastre del ex novio, que venía arrastrando junto con los kilos.
Recién ahí adelgacé en serio (entre noviembre del año pasado y marzo de éste). Y el 2011 fue mi primer año de adulta haciendo un esfuerzo consciente de alimentarme mejor. Empecé a mirar programas de cocina para sacar ideas saludables, tomando nota de cosas básicas, desde técnicas de cocina a ingredientes desconocidos. “Uy, mirá, la mina hizo puré de coliflor, y le puso nuez moscada, y parece igualito a un puré de papas. Voy a probar de hacer eso.” No creo haber probado coliflor jamás en casa de mis padres. Bueno, durante muchos meses fui aprendiendo y llenando mi cocina de técnicas, verduras varias, condimentos, armando una alacena decente y aprovisionando el freezer de comidas hechas por mi.

Después todo el esfuerzo se me fue a la mierda, en parte por causas emocionales, porque volví a la necesidad del chupete alimentario, pero también en parte por no haber logrando encontrar un punto medio entre el modo dieta (verduritas + proteínas + frutas y yogurt) y una alimentación sana, balanceada y variada. En cuanto empecé a ir introduciendo cositas engordantes, como tostadas, mermelada, queso blanco, algún postrecito o flan light, quesos, etc., volqué. Porque no tuve punto medio. Si compraba un paquete de tostadas, me las bajaba en dos días. Si compraba un queso port salut, volaba en poco tiempo. Siempre con cosas light, pero aún con cosas así me mandaba atracones. Si hacía el postrecito de 6 porciones, me las comía a las 6 en una sentada. Y eventualmente dejé de caretearla, no fui más al super y recurrí al combo de Mc Donald’s o al kilo de helado.
My doom...
Quiero poder ser una persona normal, que compra un paquete de papas fritas por si viene gente, y efectivamente guarda el paquete en la alacena hasta que vienen visitas, y no se lo come apenas llega del supermercado. Quiero poder comprar cosas engordantes y dosificarlas en forma moderada. ¿Por qué no puedo tener 200 grs de pategras en la heladera por si una noche me quiero comer un cachito con una copa de vino? ¿Por qué hasta que no se acaba, no lo dejo en paz al pobre queso? (Noto que mis ejemplos vienen mucho por el lado de los quesos…).

Creo que si logro adelgazar y mantenerme, sólo va a ser cuando pueda lograr este equilibrio. La mitad de los blogs que leo dicen que el equilibrio lo logran de dos formas: (i) eliminando ciertos alimentos gatillo (en muchos casos, el gluten); o (ii) haciendo varias sesiones de ejercicio por semana. Vamos a ver qué adopto yo. Sé que tengo una asignatura pendiente con el deporte, un poco por falta de tiempo y otro sencillamente porque lo odio. Eventualmente me avendré a ir al gimnasio, baby steps. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

La harina y yo: relación amor/odio


Día 3 desde que corté con el exceso nefasto que venía experimentando. Hoy considero un gran logro haberme resistido a dos fuentes de tentación importantísimas: 1. Medialunas, y 2. Buffet de comida caliente y postres de todo tipo. Tuve dos ocasiones laborales, una a la mañana y otra a la noche, en la que había DE TODO. Y logré sobrevivir y no tentarme. El total del día fue:
  •  Desayuno: café con leche y yogurt con frutas
  • Almuerzo: milanesas de berenjenas y porción de puré de calabazas
  • Media tarde: café con leche y un durazno
  • Cena: una copa de vino (a eso ya no pude resistirme) y un yogurt Ser de lemon pie

No es exactamente un día “en regla”, pero ey, demasiado bien! 

Creo que es muy importante haber dicho no a las medialunas, que son definitivamente mi perdición. Cuando pienso en cuál es la comida que más me pierde, me delira, son las medialunas. Masa. Harina 100%. Hay gente que le da al dulce, otros que no pueden vivir sin carne. Lo mío es la harina. Pizzas, pastas, empañadas, tartas, todo lo que tenga aunque sea un poquito de masa. Y las medialunas son tooooodo masa!

Ultimamente sé que no tengo un sano punto medio con la harina. O la elimino totalmente o en cuanto toco una miguita, me vuelvo loca y vuelco. Atracón total. Es chotísimo, porque una persona equilibrada debería poder involucrar harina en su dieta, al igual que azúcar y otros alimentos más enviciantes. Yo no puedo. Es terrible. Seriamente estoy considerando si, dado que no hallo el balance, no es mejor eliminarla del todo y llevar una dieta sin gluten. Así como hay vegetarianos, veganos, y qué sé yo, hay gente que voluntariamente –y no por celiaquismo—no come gluten. Hace tiempo que coqueteo con la dieta “paleolítica”, tan popular en USA. Aunque no sé si en el mercado argentino, con la poca variedad alimentaria que hay, es muy posible. Allá tienen de todo gluten free, corn syrup free, refined sugar free y no se limitan a galletas de arroz!

Por ahora tengo que adelgazar. Ya veré cuando llegue a un peso aceptable cómo encaro el tema mantenimiento, ya que este año mi método evidentemente no funcionó.

PD: sé que las milanesas tienen rebozado de pan, y ahí hay harina. Pero era el morfi que tenía y me lo comí. De todas formas es un avance con respecto a lo que venía comiendo y creo que no resetea mis dos días de corte. En todo caso, la semana que viene introduciré más ensalada a mis mediodías.