Bueno, creo que oficialmente funcionó el corte y volví a la buena senda. Ya sin tanto sufrimiento y más automatizada. Mañana toca ooootro día de desafíos: almuerzo en restaurant italiano de gran renombre con los del laburo, pero ya decidí lo que voy a pedir antes de mirar el menú. Lenguado con espinacas, y un cortado de postre. Sin alcohol y sin tocar la panera. Si lo conozco a mi jefe, va a pedir varias entradas de salumi, burratta y bruschettas, pero me haré la distraída en la conversación y no tocaré ninguna. A la noche tengo after office con otro grupo del laburo, a un pub con cero opciones light. Acá mi estrategia va a ser comer un yogurt o una fruta inmediatamente antes de salir rumbo al bar (vamos directo del laburo) y a lo sumo tomar un porroncito de cerveza con las calorías disponibles. Por suerte en esas ocasiones todos se ponen en pedo rápidamente y nadie lleva la cuenta de quién come qué. Tengo que moderarme y no pasar del porroncito porque si no el alcohol me desdibuja el límite y me como todo cuando vuelvo a casa.
Hoy fui a la médica de la clínica a la mañana, y pesé 65,4 kg. Así que bien, volviendo al peso pre atracón. Y mentalizada de que para el 25 de agosto tengo que estar en mi peso, para pasar a mantenimiento antes de septiembre. Cómo lo ven?
Mostrando entradas con la etiqueta corte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corte. Mostrar todas las entradas
jueves, 2 de agosto de 2012
lunes, 30 de julio de 2012
A duras penas... pero aguantando
No me mandé ninguna cag*ada hoy. Hice todo en regla, aunque me costó un perú. Yogurt + café con leche a la mañana, caldo + vianda + kiwi al mediodía, una pera y otro café con leche a la tarde, y caldo + vianda + un litro de jugo Clight hace un rato.
Mañana voy a intentar reducir un poco más la porción, meter algo más fresco en vez de dos viandas. Pero hoy necesitaba simplemente efectivizar el corte con la harina para despegarme, el resto se verá.
Mi peso de hoy después del atraconazo: 66,3 kg. Nerds... Pero no importa! A mirar para adelante. Dos días de corte con mucha fruta, una pasadita por el baño y vuelvo a la carrera.
Voy a poder controlar mi ingesta todos los días de esta semana, salvo el viernes. Tengo gran almuerzo gran en el laburo, y por la noche after office. Ahí vamos a ver cómo me las arreglo, pero una cosa es seguro, y es que si no estoy bien plantada y fuerte para ese entonces, me va a llevar puesta. Tengo tres días de "concentración" hasta entonces.
Mañana voy a intentar reducir un poco más la porción, meter algo más fresco en vez de dos viandas. Pero hoy necesitaba simplemente efectivizar el corte con la harina para despegarme, el resto se verá.
Mi peso de hoy después del atraconazo: 66,3 kg. Nerds... Pero no importa! A mirar para adelante. Dos días de corte con mucha fruta, una pasadita por el baño y vuelvo a la carrera.
Voy a poder controlar mi ingesta todos los días de esta semana, salvo el viernes. Tengo gran almuerzo gran en el laburo, y por la noche after office. Ahí vamos a ver cómo me las arreglo, pero una cosa es seguro, y es que si no estoy bien plantada y fuerte para ese entonces, me va a llevar puesta. Tengo tres días de "concentración" hasta entonces.
domingo, 29 de julio de 2012
Atracón: buscando las causas
Bueno, mi último post
resultó premonitorio: no se puede andar pelotude*ando porque trae
consecuencias, y en mi caso MUY graves. Como la última vez que escribí fue
después del fin de semana pasado, tengo bastante para recapitular. Acá va:
Luego del finde de excesos
me enderecé el lunes y anduve bien hasta el miércoles a la noche. Fuimos a
cenar con mi vieja y dos amigas suyas a un restaurant pipí cucú. Me abstuve de
la panera, y pedí pescado, pero hubo unos picoteos fuera de reglamento: un
bocado de fainá que trajeron de entrada, dos endivias rellenas con queso azul,
nuez y reducción de aceto y miel (la cosa más maravillosa que he comido en
años), y una feta de tostón. Me explico: el pescado venía con una tostada de
pan tipo lactal pero gordo como tres fetas juntas, medio dorado en manteca y
ajo. Lo fui pellizcando hasta que decidí cortarme una feta, disfrutarla y
punto. Además, el pescado venía en una especie de salsita que debía tener crema
de leche, y comí un bocado de un crumble que se pidieron el resto. Ah! Y dos
vasos de sauvignon blanc. Ahora que lo escribo todo, suena muchísimo, pero no
lo era... para alguien que está manteniendo! Obviamente no para mi, y sobre
todo por el tema PAN.
Al día siguiente tuve
almuerzo con clientes, y a pesar de que pedí una ensalada muy light y sin
condimentos raros, me comí el pancito de acompañamiento. Jueves a la noche,
finalmente, volqué. Los mini desbordes se acumularon y enfrentada con
una parrillada, me llevó puesta. Comí una empanada de carne frita, una porción
de entraña con ensalada, algunas papas fritas, dos vasos de malbec, y la peor
parte: dos panes. Logré abstenerme de pedir postre, pero a la vuelta, en un
kiosco, mi vieja compró un helado de chocotorta, un alfajor de maicena,
bombones y almendras. Me comí un mordiscón de cada cosa, y casi medio tarrito
de almendras, de esos altos, hasta que me las acabé. Si hubiera habido más, me
las seguía comiendo.
El viernes hice las cosas
super bien, incluso a pesar de haber estado luchado internamente media mañana
en contra de una medialuna que me miraba desde el centro de la mesa de la sala
de conferencias en que estuve reunida.
El sábado fui a la
clínica, anoté mil cosas, reflexioné sobre por qué había volcado, lo entendí, y
a la tarde me volví a ir al carajo. Té con platón de frutas, quesos y dos
tostadas de semillas con queso blanco y miel. Compartido con mi amiga, no fue
mucho, pero seguía jodiendo con el pan. Y a la noche toqué fondo: me
tomé un vino con otra amiga, que me eliminó todo freno inhibitorio. Volvía
caminando a casa, pasé por un kiosco y me compré un alfajor chocoarroz y un
paquete de galletitas de arroz, que me comí entero, untado con queso blanco, y
cuando se me acabó eso, con mayonesa. Compré esas galletas --y no unos twistos,
por ejemplo-- porque pensé que si me iba a atracar, que al menos no fuera tan
grave, que no fuera con harina. Pero finalmente luego de comerme hasta la
última galleta inmunda, me volví a cruzar a en frente a comprar medio kilo de
helado LIGHT. Caradura. Me comí hasta los dos cucuruchos que te meten en la
bolsa.
![]() |
| Foto: t3.gstatic.com |
Hecha la recapitulación
fáctica, vayamos a las causas, ¿qué
me pasó? Múltiples posibles interpretaciones, o capaz varios factores que
contribuyeron y la sumatoria pudo más. El descontrol empezó el fin de semana
pasado, así que habrá que comenzar por ahí y ver qué pasó.
Pasé todo el finde con mi
vieja, a la que ya les he contado que no quiero participar de mis decisiones
alimentarias, ni de imagen, ni nada por el estilo. Al no explicar que estaba en
la dieta sin harinas, hubo cosas a las que no "pude" decir que no sin
que se notara. Excusas, no? Lo que pasa es que mi vieja puede ser muy
insistente. Ella es una gorda desbordada sin control que permanentemente busca
cómplices para sus excesos y luego busca responsables de sus atracones. Durante
todo el finde estuve en una constante lucha por ponerme límites a mi misma,
pero al mismo tiempo también tuve que luchar en contra de poner límites a mi
mamá. Normalmente ya me cuesta solita mi alma tomar la decisión correcta, acá
tuve que luchar en dos frentes, sumando a los embates permanentes de mi mamá.
Más lo pienso y más bronca me da. Salto al miércoles y de nuevo lo mismo, casi
puedo escucharla insistiendo durante casi 15 minutos que alguien compartiera
con ella un postre, que se terminó pidiendo sola (el crumble al cual le di un
bocado). El jueves la escena que hizo porque no pudo pedir postre fue digna de
ver. Una nena caprichosa parada en la vereda a punto de largarse a llorar hasta
que logró irse al kiosco y comprar todas esas golosinas que enumeré. Me dio
asco, la odié. Y entonces por qué yo también me prendí? Por qué en el punto en
que más me desagradó verla fue cuando bajé la guardia y me comí un millón de
almendras hasta que me dolió la panza?
Segundo factor
involucrado, qué predecible que soy: un tipo. Salí el sábado pasado y estuve
charlando con un tipo que rajaba la tierra. Me fui chocha a mi casa porque me
hubiera dado bola un tipo así, pero obviamente una semana después no ha vuelto
a llamar. Mi interpretación del suceso fue inicialmente “positiva” (notar la
comillas, que no son casuales). Pensé: “che, debo haber adelgazado bastante, y
debo estar bastante bien si un tipo como este considera que estoy lo suficientemente
buena como para querer darme masa.” Por supuesto, subyacente en el pensamiento
está que el tipo está totalmente fuera de mi liga, y que sólo puede querer
g*rcharme y nunca nada más. De hecho, no muy subyacente, sino más bien
ostensible, está también la sorpresa porque siquiera considere g*rcharme.
Cuando no volvió a llamar, no me deprimí, porque en el fondo prácticamente lo
justifiqué. El interés del tipo era esa noche, porque era lo que había, lo que
encontró a mano, pero no había ninguna chance de que tuviera interés en
continuarlo más allá de esa vez. Nuevamente intenté racionalizarlo como que era
un “boost” para mi autoestima que un pibe así se hubiera fijado en mi. Pero
luego del atracón de anoche evidentemente tengo que sincerarme conmigo misma y
admitir que debo seguir odiándome, a pesar de estar más flaca, si es que puedo
llegar a pensar y creerme todas estas construcciones que estoy relatando. Una
mina con un cachito de autoestima se hubiera permitido fantasear con el tipo,
ilusionarse con que llamara, y enojarse si finalmente no llamaba. No fue mi
caso.
Hubo otros factores?
Supongo que el tema del alcohol no ayudó. Normalmente aún a pesar del consumo
de harina hubiera podido parar un atracón. Pero el pedo te quita todo límite,
toda inhibición, y enfrentada con la decisión, fue mucho más fácil decidir irme
a la mierd*a.
Así que acá estoy. Agarrada
a la silla, con miedo de siquiera rumbear por la cocina por lo que pueda llegar
a hacer. Rompiéndome la cabeza para ver cómo hago para no dejar que este
tropezón me pegue para el lado de la depresión. Determinada a no volver a dejar
que suceda el efecto “contagio” con mi vieja, pero con pocas pistas sobre cómo
meterme en personaje de mujer sexy y creérmela lo suficiente para que un
desencanto mínimo no me cagu*e a palos la autoestima. Respiro hondo…
lunes, 23 de julio de 2012
Desarreglos y ajuste
Vengo a sincerarme respecto de mi fin de semana y pasar en limpio la serie de transgresiones que cometí. Ello con el propósito de recapitular y tomar conciencia de que fueron muchas, y no volver a repetirlas, cortar, y emprolijarme de nuevo, aunque adelanto que la historia tiene final feliz.
El viernes arranqué el día con un peso inusualmente bajo: 65,6 kg! La alegría de ver ese número me mantuvo motivada durante la cena del festejo del día del amigo, pero al mismo tiempo pienso que aproveché que tenía "margen" para tomarme algunas licencias. Pedí una ensalada de rúcula, manzana verde, queso de cabra y almendras y nueces tostadas. Hasta ahí más o menos bien, salvo que además me tomé TRES fernets (aunque con Coca Light, obvio). El sábado no me pesé por la mañana porque me levanté en un horario que no es el que yo me peso y no quise especular. Comí una ensalada de rúcula, champis, tomates secos y salmón ahumado, pero le saqué la mayoría del salmón, que estaba feo. Por la tarde un yogurt ser con frutas. Por la noche vino la segunda transgresión GRANDE: pedí a medias para compartir una entrada de langostinos apanados (me habré comido cuatro, pero eran grandotes). Fue un gran sacrificio no untarlos en la salsa tártara que venía de acompañamiento (ni comer pancito con dip que trajeron antes de la entrada). De plato principal un salmón grillado con roll de zuchini relleno de champignones y un poco de queso cheddar arriba, también compartido, así que solo medio plato. Todo acompañado de un vinito malbec, también a medias. Aunque el menú fue excesivo para la porción Ravenna, y encima le metí dos copas de vino, cosa que decididamente no está permitida, creo que fue una conducta bastante razonable, digamos. Pero la transgresión fue grande porque COMÍ HARINA: el rebozado de los langostinos, que era bien gordo y masoso (y delicioso como la put*a que lo parió). Por la noche, fui al boliche y clavé TRES Fernets más. El desarreglo continuó al día siguiente: parrilla. Pedí un filet de pollo a medias, con puré de calabaza de acompañamiento, pero probé unas cebollas en escabeche, y unas lentejas y porotos en escabeche (un bocado de cada) y la porción del pollo era el doble que la de Ravenna. Por la tarde tomé un té con leche, y ya el descontrol y la falta de límites se empezaban a notar. Había chocolatitos mini para acompañar el café, pasta frola, muffins y almendras. Comí dos almendras y un chocolatín. Y después me dejé de joder. A la tarde no comí más nada, ayudada por el revuelto que me quedó en la panza de tanto Fernet, vino y descontrol. Recién me comí un yogurt ser firme a la noche, cuando me dio un poco de hambre. Hoy ya volví a la rutina y corté con el exceso. Vuelta al ruedo y prolijita. El saldo de la jodita... CERO. No subí nada. De hecho, esta mañana me pesé y clavé unos maravillosos 65,2 kg!!!!!! Nuevamente y como siempre, espero que no se trate de una anomalía provocada por el solo hecho de que ayer prácticamente no cené. En cualquier caso, como ya estoy de vuelta en la buena senda, no debería mañana pesar mucho más. Por suerte cumplí el propósito que me había puesto el otro día de que el fin de semana, más los festejos del día del amigo, etc, no me hicieran subir por sobre 66,2 kg. Quien diría que iba a terminar incluso un kilo más abajo que eso, no?
Hecha la correspondiente recapitulación, lo que salta a la vista y hay que extraer como moraleja, es que es MUY fácil irse al caraj*o. Que uno relaja un chachitín y al otro día es un cachitín y medio, y así sucesivamente. La conducta que desplegué probablemente sea más o menos razonable durante el mantenimiento, pero no debería serlo para el descenso. Quise ponerlo por escrito porque como finalmente bajé de peso, no quiero engañarme y pensar que lo que hice el fin de semana estuvo bien solo porque no me trajo consecuencias. Así que eso. Saludossss.
El viernes arranqué el día con un peso inusualmente bajo: 65,6 kg! La alegría de ver ese número me mantuvo motivada durante la cena del festejo del día del amigo, pero al mismo tiempo pienso que aproveché que tenía "margen" para tomarme algunas licencias. Pedí una ensalada de rúcula, manzana verde, queso de cabra y almendras y nueces tostadas. Hasta ahí más o menos bien, salvo que además me tomé TRES fernets (aunque con Coca Light, obvio). El sábado no me pesé por la mañana porque me levanté en un horario que no es el que yo me peso y no quise especular. Comí una ensalada de rúcula, champis, tomates secos y salmón ahumado, pero le saqué la mayoría del salmón, que estaba feo. Por la tarde un yogurt ser con frutas. Por la noche vino la segunda transgresión GRANDE: pedí a medias para compartir una entrada de langostinos apanados (me habré comido cuatro, pero eran grandotes). Fue un gran sacrificio no untarlos en la salsa tártara que venía de acompañamiento (ni comer pancito con dip que trajeron antes de la entrada). De plato principal un salmón grillado con roll de zuchini relleno de champignones y un poco de queso cheddar arriba, también compartido, así que solo medio plato. Todo acompañado de un vinito malbec, también a medias. Aunque el menú fue excesivo para la porción Ravenna, y encima le metí dos copas de vino, cosa que decididamente no está permitida, creo que fue una conducta bastante razonable, digamos. Pero la transgresión fue grande porque COMÍ HARINA: el rebozado de los langostinos, que era bien gordo y masoso (y delicioso como la put*a que lo parió). Por la noche, fui al boliche y clavé TRES Fernets más. El desarreglo continuó al día siguiente: parrilla. Pedí un filet de pollo a medias, con puré de calabaza de acompañamiento, pero probé unas cebollas en escabeche, y unas lentejas y porotos en escabeche (un bocado de cada) y la porción del pollo era el doble que la de Ravenna. Por la tarde tomé un té con leche, y ya el descontrol y la falta de límites se empezaban a notar. Había chocolatitos mini para acompañar el café, pasta frola, muffins y almendras. Comí dos almendras y un chocolatín. Y después me dejé de joder. A la tarde no comí más nada, ayudada por el revuelto que me quedó en la panza de tanto Fernet, vino y descontrol. Recién me comí un yogurt ser firme a la noche, cuando me dio un poco de hambre. Hoy ya volví a la rutina y corté con el exceso. Vuelta al ruedo y prolijita. El saldo de la jodita... CERO. No subí nada. De hecho, esta mañana me pesé y clavé unos maravillosos 65,2 kg!!!!!! Nuevamente y como siempre, espero que no se trate de una anomalía provocada por el solo hecho de que ayer prácticamente no cené. En cualquier caso, como ya estoy de vuelta en la buena senda, no debería mañana pesar mucho más. Por suerte cumplí el propósito que me había puesto el otro día de que el fin de semana, más los festejos del día del amigo, etc, no me hicieran subir por sobre 66,2 kg. Quien diría que iba a terminar incluso un kilo más abajo que eso, no?
Hecha la correspondiente recapitulación, lo que salta a la vista y hay que extraer como moraleja, es que es MUY fácil irse al caraj*o. Que uno relaja un chachitín y al otro día es un cachitín y medio, y así sucesivamente. La conducta que desplegué probablemente sea más o menos razonable durante el mantenimiento, pero no debería serlo para el descenso. Quise ponerlo por escrito porque como finalmente bajé de peso, no quiero engañarme y pensar que lo que hice el fin de semana estuvo bien solo porque no me trajo consecuencias. Así que eso. Saludossss.
martes, 3 de enero de 2012
Año nuevo, vida nueva
¿Cliché? No sé, pero era hora de un cambio, así que me anoté
en la Clínica Ravenna. No sé cuál es la política de pasado de chivos en los
blogs, pero bueno, tampoco voy a andar hablando en código. La dieta es cero
harinas, cero azúcares, cero alcohol. En un mes y medio debería estar en mi
peso, según la nutricionista que me atendió esta mañana. Estoy pesando 68,5 kg y
debería bajar hasta 63.
Hoy hice la dieta tal como me la indicaron, y me pedí unas
viandas para congelar y que me saquen de apuro. Salen un huevo, pero son ricas
y prácticas. Se supone que los primeros dos días son los más duros. Uno está enviciado
de harina, sal y azúcar, y al cortar con eso, uno se pone abstinente. Debo
decir, de todas formas, que no pasé hambre ni estuve muy ansiosa, veremos
mañana.
Se me vienen unas semanas de agenda social agitada, por lo cual
intuyo que el verdadero desafío no va a ser disciplinarme con la comida sino no
chupar. La minita me dijo que si estuviera más avanzada en el descenso, podría
tomar alguito, en moderación, en reemplazo de otras calorías, pero dado que recién
arranco, el riesgo de abandono es alto, y no me puedo dar el lujo de no hacer
las cosas al pie de la letra. Así que mucha coquita light y a aguantarse!
Aprovechando que es mi primer entrada del mes, voy a pasar en limpio algunos objetivos para este enero que comienza. Las metas de diciembre claramente no cumplí ninguna, pero no por ello voy a abandonar el método. A ver:
- No tener que recurrir a la ropa de gorda que tengo archivada en bolsas, que no me quiero volver a poner nunca más. Aguantar la coyuntura mientras empieza a surtir efecto la dieta.
- No abandonar la dieta que me dieron en la clínica. Estoy pagando mucha plata, así que más vale que lo aproveche.
- Retomar el gimnasio y trabajar en adquirir un hábito (dicen que se requiere 21 veces de reiteración para que se produzca acostumbramiento, no sé dónde leí eso...).
Noto que mi nivel de convencimiento de que voy a poder seguir regularmente este plan sin hacer trampa es de un 89%. Es decir, alto, optimista, pero no total. Pero bueno, me falta todavía sentir el llamado "efecto éxito": cuando en un par de días me sienta mejor y más desinflada, quizás llegue el último empujón para embalarme 100%. Wish me luck!
jueves, 17 de noviembre de 2011
La harina y yo: relación amor/odio
Día 3 desde que corté con el exceso nefasto que venía
experimentando. Hoy considero un gran logro haberme resistido a dos fuentes de
tentación importantísimas: 1. Medialunas, y 2. Buffet de comida caliente y
postres de todo tipo. Tuve dos ocasiones laborales, una a la mañana y otra a la
noche, en la que había DE TODO. Y logré sobrevivir y no tentarme. El total del
día fue:
- Desayuno: café con leche y yogurt con frutas
- Almuerzo: milanesas de berenjenas y porción de puré de calabazas
- Media tarde: café con leche y un durazno
- Cena: una copa de vino (a eso ya no pude resistirme) y un yogurt Ser de lemon pie
No es exactamente un día “en regla”, pero ey, demasiado
bien!
Creo que es muy importante haber dicho no a las medialunas, que son
definitivamente mi perdición. Cuando pienso en cuál es la comida que más me
pierde, me delira, son las medialunas. Masa. Harina 100%. Hay gente que le da
al dulce, otros que no pueden vivir sin carne. Lo mío es la harina. Pizzas,
pastas, empañadas, tartas, todo lo que tenga aunque sea un poquito de masa. Y
las medialunas son tooooodo masa!
Ultimamente sé que no tengo un sano punto medio con la
harina. O la elimino totalmente o en cuanto toco una miguita, me vuelvo loca y
vuelco. Atracón total. Es chotísimo, porque una persona equilibrada debería
poder involucrar harina en su dieta, al igual que azúcar y otros alimentos más
enviciantes. Yo no puedo. Es terrible. Seriamente estoy considerando si, dado
que no hallo el balance, no es mejor eliminarla del todo y llevar una dieta sin
gluten. Así como hay vegetarianos, veganos, y qué sé yo, hay gente que
voluntariamente –y no por celiaquismo—no come gluten. Hace tiempo que coqueteo
con la dieta “paleolítica”, tan popular en USA. Aunque no sé si en el mercado
argentino, con la poca variedad alimentaria que hay, es muy posible. Allá
tienen de todo gluten free, corn syrup free, refined sugar free y no se limitan
a galletas de arroz!
Por ahora tengo que adelgazar. Ya veré cuando llegue a un
peso aceptable cómo encaro el tema mantenimiento, ya que este año mi método
evidentemente no funcionó.
PD: sé que las milanesas tienen rebozado de pan, y ahí hay
harina. Pero era el morfi que tenía y me lo comí. De todas formas es un avance
con respecto a lo que venía comiendo y creo que no resetea mis dos días de
corte. En todo caso, la semana que viene introduciré más ensalada a mis mediodías.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Corte - día 2
Ok, segundo día de desintoxicación… exitoso! Hoy
comí:
- Desayuno: un café con leche y un yogurt light con colchón de frutillas
- Almuerzo: algo así como una lasagna de vegetales (básicamente vegetales grillados apilados y un poco de queso)
- Media tarde: un café con leche, un durazno, y luego otro café con leche
- Cena: una salchicha light, dos espárragos, media remolacha y puré de calabaza
![]() |
| Yes I did!! |
Puedo decir que estoy mucho más tranquila.
Aunque pasé momentos de mucha hambre, ya me siento menos ansiosa. Hasta diría
que estuve más productiva en el trabajo que lo que he estado ultimamente. Recuperando
lentamente una sensación de control sobre mi misma.
No logré cumplir mi objetivo de no pensar todo
el día en el sobrepeso, sin embargo. Arranqué la mañana con 20 minutos de
probarme ropa que me aprieta, sin encontrar qué ponerme. Definitivamente no me
había dado cuenta que había engordado, me dejé estar, y mucho. Me probé un par
de polleras “de gorda” que casi había descartado que jamás volvería a usar, y
de pedo que me cierran. Quepo, pero me siento una ballena embarazada. Así que
me puse mi uniforme de siempre, uno de los dos pantalones que me entran y no me
dan ganas de llorar cuando me miro al espejo.
Hoy agarré la tablita en la que el año pasado,
semana a semana, fui anotando la evolución (¿o involución?) de mi peso. Anoté
lo que peso hoy y voy a empezar a registrar mi peso en ese papelito
semanalmente. Un poco para matar la ansiedad, y no estar pensando en la
evolución del peso de forma diaria. Eso no significa que no me vaya a pesar
todos los días (es la única forma de mantener la gorda a raya), pero me pone en
perspectiva un poco de que la dieta es algo que toma tiempo, que hay que
sostener con paciencia. Típico de gordo que uno se deja estar meses y meses, y
cuando finalmente decide adelgazar, quiere todo ya! Es mi caso, por supuesto: quiero
bajar en dos patadas todo mi sobrepeso; quiero retomar el gimnasio y correr lo
que corría antes, a pesar de que ya no tengo estado; quiero tonificar todos los
músculos caídos, particularmente el traste, que está chocando con los talones;
quiero salir a comprarme ropa de flaca. Y van dos días de dieta. A duras penas.
Tranquila, nena, bajá un cambio.
Así que tengo que tomármelo con un poco más de
calma, o en dos días más tiro todo por la ventana, frustradísima. Por lo
pronto, esta noche voy a revolver mi placard y encontrar qué ponerme mañana,
así no repito el mini meltdown de esta mañana.
martes, 15 de noviembre de 2011
Corte - día 1
Confirme lo prometido, recapitulo lo que comí hoy:
- Desayuno: un yogurt light con colchón de frutillas
- Almuerzo: una milanesa de soja con puré de calabazas
- Media tarde: un café con leche, litros de pomelo light
- Cena: caldo, dos salchichas light, tres espárragos y puré de calabazas
Hice las cosas bien y la verdad es que me siento un poco
menos ansiosa. Es un paso. Mañana otro paso. Baby steps. Los primeros dos días
de corte son críticos. Luego uno se empieza a sentir bien, más tranquila, menos
dominada por esas ganas enfermizas de llenarse la jeta con todo lo que se
cruza. Es puramente fisiológico, ya que
se acaba la tiranía de la dopamina y la insulina.
En línea con lo de decía en el post de ayer, hay que pensar
menos y hacer más. Me estaba acordando cómo hice para adelgazar en su momento
–que tenía que bajar mucho más y nunca había tenido realmente mucho éxito con
las dietas—y fue así: sin pensar. En esa época también estaba haciendo terapia,
y me acuerdo que mi psicóloga me dijo que no pensara todo el tiempo, que los
“planteitos” los ventilara ahí. Es decir, que el espacio semanal de terapia
fuera el momento para pensar todas esas boludeces, pero que no ocuparan mi
cabeza el resto del tiempo. No es sano,
definitivamente, estar dentro de la cabeza de uno mismo mucho tiempo.
Ahora que no voy más a terapia, aplicaré su recomendación a
este blog, que será mi nuevo mecanismo de catarsis. Este va a ser mi momento diario de pensar en
mi dieta, en si estoy o no gorda, en cómo me siento con mi cuerpo, en qué estoy
haciendo y voy a hacer por mi salud, mi físico, etc. El resto del día, no.
Pensamiento que aparezca dieta-relacionado será reprimido y evacuado por la
noche frente a esta pantalla.
Mañana, día dos del corte. Deséenme suerte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


