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domingo, 12 de agosto de 2012

Fin de semana sin sobresaltos

Creo que fue un fin de semana exitoso, dentro de todo. Tuve mucha salida, muchas comidas fuera de mi zona de control (mi casa o mi oficina) y aún así no me fui a la... a ningún lado. No hice todo de diez, pero las desviaciones fueron más bien menores (algunos totopos y sobre todo alcohol). No me pesé esta mañana porque me desperté como a las 3 de la tarde y el número no iba a ser representativo de nada, pero mañana a la mañana me peso y luego reporto. Lo fundamental es que sigo en carrera, no tiré todo por la borda como el fin de semana pasado, y mi estado de ánimo lo refleja. Me compré algunas pilchitas y estoy empezando a vestirme con más onda para salir a la noche. Más escote, más apretado, más femenino. Estoy llegando a un peso en el cual los dos meses y pico de pilates ininterrumpidos que vengo haciendo se van a empezar a notar, ya que van a aparecer los musculitos abajo de la grasa. Iupi!

sábado, 11 de agosto de 2012

Kilos de manteca off my traste

Hola, hola! La mañana me encuentra de buen humor dado que sigo en el bonito numerito de 64,9 kg, igual que ayer. Y eso es bueno porque anoche salí y comí y chupé algunas cosillas que hubieran podido tener impacto en el número. Fuimos a un restaurante mejicano, malísima opción si uno quiere hacer dieta. Pedí unos tacos de pollo, bastante light y sin aceites, ni salsas, ni nada raro. Me comí los tres tacos que venían en la porción, y aunque no fue algo excesivo, la verdad es que no debí comerme también las tortillas de trigo. Porque eso luego me llevó a probar los totopos, que había ignorado como si fueran caca de perro hasta ese momento. Y cuando probaste uno te comés toda la panera, como hice yo. Por suerte ya no quedaban muchos. El alcohol fue otro tema: tomé tres fernets con coca light. Creo que debería de una buena vez averiguar las calorías del fernet, así no me engaño respecto de cuántas calorías me aporta. Igual, sigo sosteniendo que lo peor no es lo que engorda, sino lo que desinhibe, porque perdés el límite ante otras cosas (en mi caso, los totopos, por ejemplo). Pero bueno, hoy sigo en el mismo peso, así que no me voy a auto-flagelar, porque si no caigo en otra depre y eso me lleva al atracón. Elijo tomarlo como una noche disfrutada, con un comportamiento aceptable, y ponerme las pilas para hacer las cosas bien hoy.

Para mimarme y motivarme a seguir la lucha, he decidido hacer el display gráfico de la cantidad de kilos bajados, con la unidad de medición de paquetes de manteca. Acá va:


Cleaning up my act + disgresiones sobre el valor nutricional del uso abusivo del puré de calabaza

[NOTA: este post lo escribí ayer viernes 10 de agosto, pero recién lo publiqué hoy]

Doy gracias a Dios, a Alá, a Sri Sri Ravi Shankar, o a quienquiera que sea el equivalente en la cientología: estoy de vuelta bajo control. El atraconazo del fin de semana fue muy duro, y me costó todo el lunes y parte del martes que mi cara se desedematizara y pareciera una persona normal. Por suerte la balanza al toque empezó a acompañarme y hoy clavé unos deliciosos 64,9 kg que me alegraron la mañana. Ayer a la noche comí muy poquito, igual, se debe deber a eso. Porque fui a lo de una amiga que me invitó a comer y había pocas opciones light. Comí unos cherrys, un poco de rúcula y unas rodajas de palmitos, pero poquito, porque no quería que el resto se quedara sin ensalada porque yo no pudiera / quisiera comer las demás cosas que había (palta, arroz yamaní, tarta de brócoli, tostaditas, vinito). Así que volví a casa medio muerta de hambre, pero unos mensajitos simpáticos de un sujeto en Facebook me endulzaron la velada y me fui a dormir contenta sin pensar en el hambre que tenía. Qué fáciles que somos las minas, no? 

Este finde tengo muchos eventos sociales, que espero poder sortear sin claudicar ni caer en un pozo gigante como el finde que pasó. Hay algunos factores que militan a favor mío esta vez: el primero es que los eventos son a chupar, y no a comer. De esa forma, puedo comer en casa, llenarme de caldo, coca light, etc, y caer llenita. Es mucho más fácil decir que no a una cerveza que a una pizza. Y además, es mucho más fácil pedir un fernet con coca light en lugar de una cerveza, que pedir media pechuga en lugar de un plato de ravioles (y en algunos casos la opción es chatarra o nada, porque no hay opción equivalente a la pechuga siquiera). El segundo factor es que son eventos de noche, que me dejan el día libre para organizarme para la semana, incluyendo hacer las compras. Quiero ir a lo de los verduleros peruca de la esquina de mi casa que tienen lo que se te ocurra, en particular cilantro (ingrediente fundamental en la comida peruana que no cualquier verdulería te consigue!!). Así trato de aportar algo de variedad y entusiasmo a mi dieta. 

A colación de eso: estoy en un debate interno entre dos posturas. Una es la que dice que la palatabilidad debe erradicarse en las dietas de descenso. La comida es combustible. Si tenés que vivir a salchicha light y puré de calabaza, hacelo. Cuanto menos te guste, mejor. Así visualizás la comida como combustible y no como un placer. Dejando de lado las consideraciones respecto del valor nutricional de comer siempre lo mismo (o justamente la carencia de valor nutricional), la postura suena lógica, no? En cuanto uno trata de hacer comida light "rica", variando, estimulando al paladar, está cayendo en la misma conducta de la satisfacción a través de la comida, solo que con menos calorías. No hay un cambio de cabeza, digamos. Por otro lado, está la postura de que comer siempre lo mismo es "seguro" (en el sentido que te da seguridad, que es la opción fácil, o "safe"). No tenés que pensar, sabés que con la salchicha light y el puré de calabaza te llenás, que tiene las calorías correctas, y que por lo tanto tu cuerpo bajará de peso. Y en cuanto te sacan de eso, fuiste, se te va el esquema al carajo. Ya sea porque con otras comidas no tenés hecho el reflejo de qué tan grande o chica debe ser la porción, o porque la palatabilidad es mayor y entonces te entusiasmás más de la cuenta y quedás pegado, o porque no te da la misma saciedad con la misma cantidad de calorías y terminás agregando otras cosas. Por el motivo que sea. Un verdadero cambio alimentario implicaría poder comer cualquier cosa, en la medida justa (siempre obviamente en el marco de una dieta de descenso, estoy hablando), no? Entonces: salgo a comprar coliflor para hacer puré o corazones de alcaucil para probar con un dip de morrones procesados? O me compro un buen zapallo koerano, lo hiervo y me dejo de joder?  

domingo, 29 de julio de 2012

Atracón: buscando las causas


Bueno, mi último post resultó premonitorio: no se puede andar pelotude*ando porque trae consecuencias, y en mi caso MUY graves. Como la última vez que escribí fue después del fin de semana pasado, tengo bastante para recapitular. Acá va:

Luego del finde de excesos me enderecé el lunes y anduve bien hasta el miércoles a la noche. Fuimos a cenar con mi vieja y dos amigas suyas a un restaurant pipí cucú. Me abstuve de la panera, y pedí pescado, pero hubo unos picoteos fuera de reglamento: un bocado de fainá que trajeron de entrada, dos endivias rellenas con queso azul, nuez y reducción de aceto y miel (la cosa más maravillosa que he comido en años), y una feta de tostón. Me explico: el pescado venía con una tostada de pan tipo lactal pero gordo como tres fetas juntas, medio dorado en manteca y ajo. Lo fui pellizcando hasta que decidí cortarme una feta, disfrutarla y punto. Además, el pescado venía en una especie de salsita que debía tener crema de leche, y comí un bocado de un crumble que se pidieron el resto. Ah! Y dos vasos de sauvignon blanc. Ahora que lo escribo todo, suena muchísimo, pero no lo era... para alguien que está manteniendo! Obviamente no para mi, y sobre todo por el tema PAN.

Al día siguiente tuve almuerzo con clientes, y a pesar de que pedí una ensalada muy light y sin condimentos raros, me comí el pancito de acompañamiento. Jueves a la noche, finalmente, volqué. Los mini desbordes se acumularon y enfrentada con una parrillada, me llevó puesta. Comí una empanada de carne frita, una porción de entraña con ensalada, algunas papas fritas, dos vasos de malbec, y la peor parte: dos panes. Logré abstenerme de pedir postre, pero a la vuelta, en un kiosco, mi vieja compró un helado de chocotorta, un alfajor de maicena, bombones y almendras. Me comí un mordiscón de cada cosa, y casi medio tarrito de almendras, de esos altos, hasta que me las acabé. Si hubiera habido más, me las seguía comiendo.

El viernes hice las cosas super bien, incluso a pesar de haber estado luchado internamente media mañana en contra de una medialuna que me miraba desde el centro de la mesa de la sala de conferencias en que estuve reunida. 

El sábado fui a la clínica, anoté mil cosas, reflexioné sobre por qué había volcado, lo entendí, y a la tarde me volví a ir al carajo. Té con platón de frutas, quesos y dos tostadas de semillas con queso blanco y miel. Compartido con mi amiga, no fue mucho, pero seguía jodiendo con el pan. Y a la noche toqué fondo: me tomé un vino con otra amiga, que me eliminó todo freno inhibitorio. Volvía caminando a casa, pasé por un kiosco y me compré un alfajor chocoarroz y un paquete de galletitas de arroz, que me comí entero, untado con queso blanco, y cuando se me acabó eso, con mayonesa. Compré esas galletas --y no unos twistos, por ejemplo-- porque pensé que si me iba a atracar, que al menos no fuera tan grave, que no fuera con harina. Pero finalmente luego de comerme hasta la última galleta inmunda, me volví a cruzar a en frente a comprar medio kilo de helado LIGHT. Caradura. Me comí hasta los dos cucuruchos que te meten en la bolsa. 

Foto: t3.gstatic.com
Hoy me siento un excremento humano, pero todavía no la cagué. Me desperté tarde y no almorcé, me comí una banana, y hace un rato unas frutillas con yogurt. Pendo de un hilo, así que ojalá pueda hacer las 48 horas de corte y no me sumerja en un espiral de atracones del que no pueda salir hasta recuperar todo el peso perdido.

Hecha la recapitulación fáctica, vayamos a las causas, ¿qué me pasó? Múltiples posibles interpretaciones, o capaz varios factores que contribuyeron y la sumatoria pudo más. El descontrol empezó el fin de semana pasado, así que habrá que comenzar por ahí y ver qué pasó.

Pasé todo el finde con mi vieja, a la que ya les he contado que no quiero participar de mis decisiones alimentarias, ni de imagen, ni nada por el estilo. Al no explicar que estaba en la dieta sin harinas, hubo cosas a las que no "pude" decir que no sin que se notara. Excusas, no? Lo que pasa es que mi vieja puede ser muy insistente. Ella es una gorda desbordada sin control que permanentemente busca cómplices para sus excesos y luego busca responsables de sus atracones. Durante todo el finde estuve en una constante lucha por ponerme límites a mi misma, pero al mismo tiempo también tuve que luchar en contra de poner límites a mi mamá. Normalmente ya me cuesta solita mi alma tomar la decisión correcta, acá tuve que luchar en dos frentes, sumando a los embates permanentes de mi mamá. Más lo pienso y más bronca me da. Salto al miércoles y de nuevo lo mismo, casi puedo escucharla insistiendo durante casi 15 minutos que alguien compartiera con ella un postre, que se terminó pidiendo sola (el crumble al cual le di un bocado). El jueves la escena que hizo porque no pudo pedir postre fue digna de ver. Una nena caprichosa parada en la vereda a punto de largarse a llorar hasta que logró irse al kiosco y comprar todas esas golosinas que enumeré. Me dio asco, la odié. Y entonces por qué yo también me prendí? Por qué en el punto en que más me desagradó verla fue cuando bajé la guardia y me comí un millón de almendras hasta que me dolió la panza?

Segundo factor involucrado, qué predecible que soy: un tipo. Salí el sábado pasado y estuve charlando con un tipo que rajaba la tierra. Me fui chocha a mi casa porque me hubiera dado bola un tipo así, pero obviamente una semana después no ha vuelto a llamar. Mi interpretación del suceso fue inicialmente “positiva” (notar la comillas, que no son casuales). Pensé: “che, debo haber adelgazado bastante, y debo estar bastante bien si un tipo como este considera que estoy lo suficientemente buena como para querer darme masa.” Por supuesto, subyacente en el pensamiento está que el tipo está totalmente fuera de mi liga, y que sólo puede querer g*rcharme y nunca nada más. De hecho, no muy subyacente, sino más bien ostensible, está también la sorpresa porque siquiera considere g*rcharme. Cuando no volvió a llamar, no me deprimí, porque en el fondo prácticamente lo justifiqué. El interés del tipo era esa noche, porque era lo que había, lo que encontró a mano, pero no había ninguna chance de que tuviera interés en continuarlo más allá de esa vez. Nuevamente intenté racionalizarlo como que era un “boost” para mi autoestima que un pibe así se hubiera fijado en mi. Pero luego del atracón de anoche evidentemente tengo que sincerarme conmigo misma y admitir que debo seguir odiándome, a pesar de estar más flaca, si es que puedo llegar a pensar y creerme todas estas construcciones que estoy relatando. Una mina con un cachito de autoestima se hubiera permitido fantasear con el tipo, ilusionarse con que llamara, y enojarse si finalmente no llamaba. No fue mi caso.

Hubo otros factores? Supongo que el tema del alcohol no ayudó. Normalmente aún a pesar del consumo de harina hubiera podido parar un atracón. Pero el pedo te quita todo límite, toda inhibición, y enfrentada con la decisión, fue mucho más fácil decidir irme a la mierd*a.

Así que acá estoy. Agarrada a la silla, con miedo de siquiera rumbear por la cocina por lo que pueda llegar a hacer. Rompiéndome la cabeza para ver cómo hago para no dejar que este tropezón me pegue para el lado de la depresión. Determinada a no volver a dejar que suceda el efecto “contagio” con mi vieja, pero con pocas pistas sobre cómo meterme en personaje de mujer sexy y creérmela lo suficiente para que un desencanto mínimo no me cagu*e a palos la autoestima. Respiro hondo…

lunes, 23 de julio de 2012

Desarreglos y ajuste

Vengo a sincerarme respecto de mi fin de semana y pasar en limpio la serie de transgresiones que cometí. Ello con el propósito de recapitular y tomar conciencia de que fueron muchas, y no volver a repetirlas, cortar, y emprolijarme de nuevo, aunque adelanto que la historia tiene final feliz.

El viernes arranqué el día con un peso inusualmente bajo: 65,6 kg! La alegría de ver ese número me mantuvo motivada durante la cena del festejo del día del amigo, pero al mismo tiempo pienso que aproveché que tenía "margen" para tomarme algunas licencias. Pedí una ensalada de rúcula, manzana verde, queso de cabra y almendras y nueces tostadas. Hasta ahí más o menos bien, salvo que además me tomé TRES fernets (aunque con Coca Light, obvio). El sábado no me pesé por la mañana porque me levanté en un horario que no es el que yo me peso y no quise especular. Comí una ensalada de rúcula, champis, tomates secos y salmón ahumado, pero le saqué la mayoría del salmón, que estaba feo. Por la tarde un yogurt ser con frutas. Por la noche vino la segunda transgresión GRANDE: pedí a medias para compartir una entrada de langostinos apanados (me habré comido cuatro, pero eran grandotes). Fue un gran sacrificio no untarlos en la salsa tártara que venía de acompañamiento (ni comer pancito con dip que trajeron antes de la entrada). De plato principal un salmón grillado con roll de zuchini relleno de champignones y un poco de queso cheddar arriba, también compartido, así que solo medio plato. Todo acompañado de un vinito malbec, también a medias. Aunque el menú fue excesivo para la porción Ravenna, y encima le metí dos copas de vino, cosa que decididamente no está permitida, creo que fue una conducta bastante razonable, digamos. Pero la transgresión fue grande porque COMÍ HARINA: el rebozado de los langostinos, que era bien gordo y masoso (y delicioso como la put*a que lo parió). Por la noche, fui al boliche y clavé TRES Fernets más. El desarreglo continuó al día siguiente: parrilla. Pedí un filet de pollo a medias, con puré de calabaza de acompañamiento, pero probé unas cebollas en escabeche, y unas lentejas y porotos en escabeche (un bocado de cada) y la porción del pollo era el doble que la de Ravenna. Por la tarde tomé un té con leche, y ya el descontrol y la falta de límites se empezaban a notar. Había chocolatitos mini para acompañar el café, pasta frola, muffins y almendras. Comí dos almendras y un chocolatín. Y después me dejé de joder. A la tarde no comí más nada, ayudada por el revuelto que me quedó en la panza de tanto Fernet, vino y descontrol. Recién me comí un yogurt ser firme a la noche, cuando me dio un poco de hambre. Hoy ya volví a la rutina y corté con el exceso. Vuelta al ruedo y prolijita. El saldo de la jodita... CERO. No subí nada. De hecho, esta mañana me pesé y clavé unos maravillosos 65,2 kg!!!!!! Nuevamente y como siempre, espero que no se trate de una anomalía provocada por el solo hecho de que ayer prácticamente no cené. En cualquier caso, como ya estoy de vuelta en la buena senda, no debería mañana pesar mucho más. Por suerte cumplí el propósito que me había puesto el otro día de que el fin de semana, más los festejos del día del amigo, etc, no me hicieran subir por sobre 66,2 kg. Quien diría que iba a terminar incluso un kilo más abajo que eso, no?

Hecha la correspondiente recapitulación, lo que salta a la vista y hay que extraer como moraleja, es que es MUY fácil irse al caraj*o. Que uno relaja un chachitín y al otro día es un cachitín y medio, y así sucesivamente. La conducta que desplegué probablemente sea más o menos razonable durante el mantenimiento, pero no debería serlo para el descenso. Quise ponerlo por escrito porque como finalmente bajé de peso, no quiero engañarme y pensar que lo que hice el fin de semana estuvo bien solo porque no me trajo consecuencias. Así que eso. Saludossss.

martes, 17 de julio de 2012

Resistir la tentación. Hoy: "ensalada" de gambas

Por suerte hoy sigo en el bonito número de 666. No fue una anomalía estadística, ni un error en la balanza el de ayer. Así que buenísimo!
Mi plato era algo así
Versus algo así
Hoy fui a comer con mi jefe, a ese lugar super rico que les contaba. Pedí una ensalada de gambas, pensando que iba a ser lo más discreto del menú, pero el plato de ensalada no tenía nada finalmente. Era un plato completo de gambas al vapor, flotando en aceite con perejil. Me las comí a todas, previo escurrirles el aceite a cada una en el costado del plato. No comí pan ni postre, sólo un cortadito al final. The boss, en cambio, se pidió una tortilla española babé con chorizo, y de postre una natilla catalana con caramelo y canela. ALTA envidia, pero no me tenté. A pesar de que mi porción estaba fuera de lo que puede contener una vianda de Ravenna, considero que mi comportamiento fue un éxito. Recién busqué en CalorieCount.com cuántas calorías tiene lo que me comí. Es medio difícil calcularle porque los tipos pesan en onzas, pero aproximadamente debe haber tenido como 200 calorías de gambas y algo más de aceite, no sé. Acabo de cenar mucho más liviano que de costumbre, comí una micro porción de tortilla de espinacas light. Más bien una feta que una porción, diría. Un caldito antes y un litro de jugo Clight de postre. Así que estoy llena como un sapo, pero en media hora más vale que me duerma, porque se va a digerir en muy poco tiempo y me voy a cantar de hambre.


Espero que mañana la remil put*a balanza no me cobre este mini exceso, porque tengo el pesaje de los miércoles, y el peso se anota en la tablita. Necesito un buen descenso para mostrar que estoy enganchada en el grupo de los gordos!


Atención que ya está definido el lugar de la salida del día del amigo, y no es muy adelgazamiento-friendly, me parece. Ésa va a ser la verdadera prueba de la semana. A respirar hondo.

lunes, 16 de julio de 2012

666 - CHOCHA!

Hoy a la mañana pesé 66,6 kg! Finalmente apareció el 6, y con toda la furia. No un tímido 66,9, sino 66,6! GROSSO. Me entusiasma ver este número porque la vez que había bajado tanto 66 era mi cota superior, y debía fluctuar entre 64 y 66. Me da mucho miedo entusiasmarme tanto porque puede tratarse de una anomalía estadística como la que me pasó el otro lunes (el pasado, no, el anterior) que clavé un peso super bajo, que al otro día ya se había esfumado, y luego me tomó la friolera de 10 días volver a bajar un gramo respecto de ese peso. Típica pesimista, en vez de disfrutar el número ya estoy preocupada por volver a subirlo. Pero bueno...

Esta semana me la voy a ver complicada. El miércoles tengo almuerzo con mi jefe, que le gusta morfar que da calambre, y la elección de restaurant fue hecha por él. Vamos a ir a un lugar donde las opciones light son prácticamente inexistentes, y donde todo es más bien para compartir. Veremos cómo me las arreglo para no arruinarle el plan de compartir un tapeo y obligarlo a comerse toda una tortilla de papa solo. Además, el viernes es el día del amigo, y hay planes de gran comilona por la noche. Ahí no sé cómo voy a hacer para que no se note que estoy dietando. 

Como ya dije varias veces, me revienta participar a la gente de mi descenso, y en particular a alguna gente. No porque sean mala gente, al fin y al cabo estoy hablando de personas con quien voy a pasar el día del amigo, pero gente que no entiende mi tema con el peso. Ejemplo: hay una que bajó unos 8 kilos y los mantiene a fuerza de mucho ejercicio. Bajamos más o menos en la misma época, pero yo me volví a ir a la mierd*a, mientras que ella se mantuvo. Y todo este tiempo siento que me da cátedra, alardeando de cómo a ella la gimnasia le hace bien, y de que ella se mantiene porque lo bajó de a poco, comiendo de todo, y no a fuerza de restricción total (léase, el método Ravenna). Y me hincha un poco. Cuando hemos salido a almorzar juntas ultimamente, siempre como algo light del menú, aunque un poco excesiva la porción. Como se trata del almuerzo, no he llamado la atención todavía por mis elecciones y no me han preguntado si estoy a dieta. Seguramente se de cuenta de que estoy bajando, porque ya recibí otro comentario en la oficina de que estoy más flaca, pero al menos ella no ha acusado recibo. Mejor así. El viernes, que se trata de una cena, ya no creo que pueda caretearla mucho. Van a querer chupar, comer algo más que una ensalada de mediodía, y comer postre. Tendré que decidir cómo manejo este tema, y si denuncio o no denuncio, pero haga lo que haga se va a notar: romper la dieta no es una opción. El fin de semana seguirán los festejos con otro grupo de amigos, al que tampoco quiero denunciar... Anyway. Jodido.

Por suerte el 666 motiva como loco y hace que valga la pena el frío que estoy pasando. Y me coloca mucho más cerca de un peso en el cual podría pensar en aprovechar las liquidaciones!!

lunes, 2 de julio de 2012

Se empieza a notar

[NOTA: este post lo escribí el viernes 29 de junio, pero no tuve tiempo de publicarlo hasta hoy]


Desafío número dos: sobrellevado con éxito!


Fui a la cena de laburo que tenía, pero primero fui a Pilates, comí mi porquería en casa y caí más tarde. Cuando llegué todos ya habían pedido, tenían sus cervezas, y al ratito cayó la comida. Como el servicio fue muy desprolijo, no comieron todos juntos, y nadie sintió la necesidad de preguntarme si yo comía, no comía, o si estaba a dieta, ni nada de eso. Todos comieron hamburguesas, rabas, bastones de mozzarella, y otras cosas gordas. Yo no comí ni tomé nada, salvo un shot de tequila que el agasajado invitó a cada uno de los asistentes. No quería tomarlo, pero pensé que no tenía muchas calorías (acabo de averiguar que son como 65 calorías, si lo hubiera sabido no me lo tomaba). Pensé que sería mi única transgresión, y que no tomarlo, por el contrario, evidenciaría que estaba haciendo dieta. Como ya he dicho en otros posts, tengo un tema con participar a la gente de mi proceso de adelgazamiento. Así como no quiero que se den cuenta que engordo, no quiero que se den cuenta que adelgazo. Y no es un tema de accountability (hay mucha gente que no dice que está a dieta para no generar expectativas y no quedar como idiota cuando no lo logra). No, es un tema de que siento que mis fluctuaciones evidencian mis estados de ánimo, mi vulnerabilidad, mi imposibilidad de controlarme. Sí, además de rollos en la panza tengo miles de rollos en la cabeza, ya lo sé. Así que a veces prefiero no denunciar nada. El otro día fui a un cumpleaños, y me ofrecían todo el tiempo comida. Si decía "no, gracias" iba a venir el inevitable "en serio no querés??" con incredulidad, a lo cual iba a tener que responder "estoy a dieta". Así que opté por decir "uy, qué rico, sí, ya me voy a comer 50, vos no te preocupes, yo me sirvo". Total después nadie te controla si te servís o no. Ayer creo que con mi caída tarde logré salir bastante airosa de la situación sin generar mayores sospechas. 

Anyway, la jodita por suerte no tivo consecuencias sobre la balanza y esta mañana marcó 68,6 kg, lo cual considero todo un lujo. Y eso que encima todavía no fui al baño. Espero que no haya sido una anomalía estadística porque me cuesta mucho tolerar la frustración de no bajar. 

El descenso se está empezando a hacer evidente, al punto que el pantalón que la semana pasada les conté que me pisaba, ya es imponible, así que pasé al pantalón del talle siguiente, que luego de un día de uso, ya se siente incluso sueltito. Evidentemente, y muy a mi pesar, la gente lo nota. Hoy me hicieron el primer comentario al respecto, que tengo la cara más angulosa, pero vino de la compañera de laburo que almuerza todos los días conmigo, que me ve que hace casi un mes que me traigo la viandita pijoter*a. Incluso a ella no le he admitido que estoy yendo a la clínica. Digo que traigo la vianda "porque me re soluciona el tema de la comida, es super práctica", pero que a la noche como cualquier cosa así que me mantengo. Patrañas. Pero bueno, con ella hay confianza. A mis más cercanas no les he contado tampoco, vengo haciéndome la boluda al respecto. Por ejemplo, si me invitan a salir en el horario que tengo los grupos, digo que "hoy no puedo juntarme" y no digo porqué. Los sábados o domingos a la mañana todo el mundo de todas formas asume que duermo hasta tarde, cuando en realidad arranco con el grupo y sigo con actividad física. Y así quiero que permaneza, porque si las participo todo el mundo siente que tiene derecho a opinar.

Bueno, me quedan dos desafíos más. El próximo ya mañana, que voy a casa de mi vieja. Otra que no sabe que estoy yendo a la clínica, y a quien especialmente no le voy a contar. No quiero efecto contagio, no quiero solidaridad, opiniones, nada. Va a ser difícil que no se de cuenta, no va a haber muchas formas de caretearla. Pero estoy determinada a no dar muchas explicaciones al respecto ni escuchar sus lamentos porque ella volvió a engordar de nuevo. Que cada cual lidie con su propia gordura. 

Forza!

sábado, 23 de junio de 2012

Amigarme conmigo

Hoy quise probar algo nuevo, y terminé probando dos cosas nuevas.

La primera: un taller de imagen corporal. Poco quorum y una coordinadora no del todo de mi agrado, para decir verdad. Muchos lugares comunes y mucho discurso ensayado inconexo con las emociones que transmitía el grupo. Pero algo saqué en limpio y me movilizó bastantes cosas. Sé que tengo que amigarme conmigo, tengo que quererme un poquito más, incluso en el descenso. Pero me llevé que parte de eso empieza por dejar de pensar en lo que perdí, en lo que me perdí, en lo que ya no soy ni volveré a ser, y empezar a querer mi hoy. Porque si no me quiero yo, ¿quién me va a querer por mi? Creo que acá viene una caída de ficha importante sobre mis últimas relaciones románticas: si eso es lo que busco, alguien que me quiera, voy muerta, porque caigo en la co-dependencia. Tengo que buscar alguien a quien querer yo (y que de paso me quiera, obvio). Pero reafirmar mi auto-estima a través del nexo con otro es una receta para el desastre.

 La segunda: que está relacionada con la primera también, hice programa sola. Armé un itinerario, cargué la batería de la cámara, agarré un buen libro --livianito para poder caminar con él a cuestas-- y salí a caminar. El día estaba divino, con solcito y no mucho frío. Jugaba River, había mucha gente en la calle gritando goles. Me senté a leer y tomar un café en un barcito.
Digo, si estando de viaje me hubiera parecido un programa ideal, ¿por qué acá no? ¿Por qué quedarme encerrada en mi casa en cambio? ¿Solo porque no tengo quien me acompañe? Soy tan insegura que pienso que la gente me va a mirar y va a pensar "qué loser, leyendo sola". A ver si me entra en la cabeza que a nadie le importa un caraj*o. Así que eso hice, ¿y qué pasó? Resulta que hasta la pasé bien. Voy a intentar repetirlo, a esto de hacer programas, disfrutar cosas, lugares, aventuras, aunque sea yo solita mi alma.

Por suerte hoy volví al 69,2 kg del jueves. Y eso que sigo sin ir al baño y encima me vino. Si todo sale bien, la semana que viene me encontrará en los 68ssss. Pliisssss!

jueves, 12 de enero de 2012

Sigo bajando (pero que no se note!)


  • Bueno, ayer anoté 65,9 kg en la tablita semanal.
  • Descenso total de la semana: 2,6 kg. Bien.
  • Y mi peso esta mañana fue: 65,4 kg. Otros 500 gramos más. Bien, bien.
El año pasado el nutricionista me había dicho que mi peso normal era fluctuar entre 64 y 66, por lo cual estoy en mi peso, supuestamente. Esta vez la minita de Ravenna me puso como objetivo 63 kilos, un poquito menos, así que todavía no llegué. Y es lógico, hace una semana que empecé la dieta, después de todo, no?

La verdad es que, aunque me noto mucho mejor, más desinchada, menos obesa, no me siento mucho mejor con mi imagen. Definitivamente no me siento como me sentía el año pasado cuando estaba en este peso. Será que ahora ya no me conformo con poco, ahora sé que puedo estar mucho mejor. No sé. Es preocupante, porque parte la gracia de adelgazar es volver a sentirme bien en mi propia piel, quererme un poco más. Ello no ha sucedido todavía. No paro de hacer chistes de gorda hacia mi misma y otros comentarios auto-denigrantes.  Oculto que estoy a dieta, y si alguien nota que no estoy comiendo mucho, digo “no, es que ya comí en casa”, y a los que se dan cuenta que estoy más flaca, les digo que es una ilusión óptica, que debo estar reteniendo menos líquidos, pero que mi peso sigue igual. Supongo que es para no ponerme tanta presión, pero al mismo tiempo sé que en parte tiene que ver con no reconocer que me puse muchos kilos, es decir, para minimizar a los ojos de los otros lo que tengo que bajar.

No me miren!!
Como ya dije en otro post, la mirada de los otros me jode sobremanera. Me ven fluctuar, me ven rebotar, me ven fuera de control. Se nota. Y odio que se note. Odio mostrar vulnerabilidad. En cierta forma, bajar mucho de peso es también atraer atención sobre mi, sobre lo que había subido (como si nadie se hubiera dado cuenta, qué esperanza…).

Pero bueno, sigo bien, motivada, y las salidas que tuve no me llevaron puesta. Sí, es cierto que hice trampa porque chupé, pero compensé comiendo muy muy poco. Sé que no es lo más sano del mundo alocar calorías al alcohol en vez de a la comida, pero bueno, es lo que decidí hacer.  Y por suerte la balanza me sigue acompañando. Este finde siguen los eventos sociales, el viernes y el sábado a la noche. Ughhh…

martes, 3 de enero de 2012

Año nuevo, vida nueva


¿Cliché? No sé, pero era hora de un cambio, así que me anoté en la Clínica Ravenna. No sé cuál es la política de pasado de chivos en los blogs, pero bueno, tampoco voy a andar hablando en código. La dieta es cero harinas, cero azúcares, cero alcohol. En un mes y medio debería estar en mi peso, según la nutricionista que me atendió esta mañana. Estoy pesando 68,5 kg y debería bajar hasta 63.

Hoy hice la dieta tal como me la indicaron, y me pedí unas viandas para congelar y que me saquen de apuro. Salen un huevo, pero son ricas y prácticas. Se supone que los primeros dos días son los más duros. Uno está enviciado de harina, sal y azúcar, y al cortar con eso, uno se pone abstinente. Debo decir, de todas formas, que no pasé hambre ni estuve muy ansiosa, veremos mañana.

Se me vienen unas semanas de agenda social agitada, por lo cual intuyo que el verdadero desafío no va a ser disciplinarme con la comida sino no chupar. La minita me dijo que si estuviera más avanzada en el descenso, podría tomar alguito, en moderación, en reemplazo de otras calorías, pero dado que recién arranco, el riesgo de abandono es alto, y no me puedo dar el lujo de no hacer las cosas al pie de la letra. Así que mucha coquita light y a aguantarse!

Aprovechando que es mi primer entrada del mes, voy a pasar en limpio algunos objetivos para este enero que comienza. Las metas de diciembre claramente no cumplí ninguna, pero no por ello voy a abandonar el método. A ver:
  • No tener que recurrir a la ropa de gorda que tengo archivada en bolsas, que no me quiero volver a poner nunca más. Aguantar la coyuntura mientras empieza a surtir efecto la dieta.
  • No abandonar la dieta que me dieron en la clínica. Estoy pagando mucha plata, así que más vale que lo aproveche. 
  • Retomar el gimnasio y trabajar en adquirir un hábito (dicen que se requiere 21 veces de reiteración para que se produzca acostumbramiento, no sé dónde leí eso...).

Noto que mi nivel de convencimiento de que voy a poder seguir regularmente este plan sin hacer trampa es de un 89%. Es decir, alto, optimista, pero no total. Pero bueno, me falta todavía sentir el llamado "efecto éxito": cuando en un par de días me sienta mejor y más desinflada, quizás llegue el último empujón para embalarme 100%. Wish me luck!


sábado, 10 de diciembre de 2011

Haciendo memoria (4 días agitados)


Mmm, era un 1/4 o 1 kilo de helado?
Acá estoy de vuelta, tratando de recapitular cuándo escribí por última vez. Aparentemente el martes, por lo tanto no reporté lo que comí ni el miércoles, ni el jueves, ni ayer. Intentaré acordarme, pero la veo difícil. A ver:

Miércoles:
  • Desayuno: yogurt + café con leche
  • Almuerzo: milanesa de soja con calabaza
  • Media tarde: creo que un durazno y un café
  • Cena: salchichas con calabaza y media cerveza (salí con amigos) 

Jueves:
  • Desayuno: café y 4 galletitas operas (me olvidé el yogurt)
  • Almuerzo: pechuga de pollo grillé con calabaza
  • Media tarde: yogurt y café con leche
  • Noche: salteadito de tirtas carne, champignones y tomates disecados en tacos de papel de arroz. Acá la cagué con ganas, porque comí temprano, y luego salí con amigos, y volví a comer, prácticamente. Había unas pastas con estofado de pollo, y dije que sólo lo iba a probar, pero la porción que me sirvieron –y me comí—era más que una probadita. Además, comí dos bochas de helado de postre, y todo acompañado con vino y cerveza. Para atrás. 

Ayer:
  • Desayuno: me desperté tarde, así que me comí mi yogurt y mi café con leche, y pasé de largo el almuerzo, para compensar la bestialidad de la noche anterior.
  • Media tarde: café con leche y licuado de ciruela
  • Noche: sobrante del salteado de carne de la noche anterior, con puré de calabaza. Me quedé despierta hasta muy tarde, así que cerca de las dos me comí dos salchichas con juguito de pickle. 

Hoy:
  • Desayuno: yogurt + café con leche
  • Almuerzo: Paty light con puré de calabazas
  • Media tarde: otro yogurt y un licuado de arándanos
  • Esta noche: tengo una pechuga y puré de calabazas 

Ahora que pasé todo en limpio, veo que estoy comiendo de más, tanto los días de desarreglo, como los días que pensé que estaba “compensando”. Este mes de diciembre parece que va a ser más difícil de lo que yo creía.

PELIGRO!!!
Mañana me voy de viaje por laburo. Voy a estar fuera varios días, yendo a comer afuera todo el tiempo con gente de la empresa y con potenciales clientes. Por lejos, comida mucho más gourmet y sofisticada que la que como normalmente (por supuesto mucho más glamorosa que la diaria milanesa de soja de la oficina, pero incluso mejor que lo que como cuando salgo con amigos, por evidentes cuestiones de presupuesto). Así que va a ser jodidísimo moderarme. Voy a ponerme algunos propósitos para no subir 5 kilos en mi viajecito:
  1.  no volverme loca con el desayuno buffet: por el hecho que haya de todo a mi disposición, no significa que me lo tenga que comer. Justificaciones del estilo de “qué desperdicio no comerme al menos una de esos waffles, que en argentina no hacen” o “nunca puedo desayunar tostadas con mermelada porque no tengo tiempo” no serán aceptadas;
  2. decirle NO al pan en todas y cada una de las comidas;
  3. si como afuera, aunque pida algo light, ya la porción va a ser más grande de lo que puedo comer, y rara vez logro eso de dejar la mitad del plato, así que al menos ponerme como regla no pedir postre; cortadito y listo;
  4. tener un plan para la tarde, ya sea fruta o yogurt, o muchos café con leches, pero NO recurrir a panificados. Prohibidas las medialunas, bajo cualquier circunstancia. De eso no se vuelve. 
Mientras esté fuera dudo que me reporte, así que cuando regrese haré un sinceramiento lo más acabado posible de lo que haya ocurrido. Cuando regrese van a faltar escasos días para navidad, y los excesos que la acompañan. Así que espero cumplir con mis reglitas o la meta de diciembre de los 64 a 65 kilos... te la debo. Ayer me pesé y estoy en 65,500 kg. 

Peace out!

sábado, 3 de diciembre de 2011

Ansiedad hasta por las orejas


Hola, hola, aquí Cosquín! Otro día, otra lucha. Reporto mi peso de esta mañana: 66,800 kg. Respiro hondo, exhalo, y pienso que estoy a 800 grs de arreglar la cag*** del fin de semana anterior.

Estuve todo el día adentro de casa a pesar del día divino, porque tenía mucho que hacer. Estuve MUY ansiosa, y a eso de las 16.30 pensé que no iba a sobrevivir. Una mezcla de hambre, ansiedad, nervios y dolor de panza que todavía no identifico muy bien a qué atribuírsela. De todas formas, logré no devorarme tooooodo, y tuve un día muy respetable en cuanto a mis comidas:
  • Desayuno: yogurt y café con leche
  • Almuerzo: dos salchichas light con una remolacha y unas zanahorias baby hechas con ajo y perejil. Suena muy gourmet, pero era una bosta. De postre, una compotera chiquita de cerezas.
  • Media tarde: dos cafés con leche, un durazno chico, cuatro cerezas (por acá me agarró la locura) y un café negro. Litros de agua para engañar a mi estómago
  • Cena: media pechuga con un toque de salsa de ostras (gran hallazgo del barrio chino) y puré de calabazas. Otra compoterita de cerezas de postre

Ahora que lo sumo, suena mucho. No sé cuánto será en calorías. Igual tengo muchas fichas puestas en el peso de mañana, porque hoy fui como tres veces al baño. Too much information? Y bueh!

Estoy saliendo rumbo a encontrarme con mis amigos en un bar. Mi idea es tomar UN cocktail, sin mucha azúcar (ej: un fernet con coca light) y ya. Moderación. Si no, vuelco, como es tan común en mi. El tema de la relación del alcohol y las salidas con la dieta es para otro post completo. Gran dilema, no? Si salgo, pongo a prueba mi disciplina, lo cual puede salir bien, pero como decía Tusam, también “puede fallar”. Y si no, me quedo en casa, me alejo de la tentación, pero mi vida pasa a ser una vida de ostracismo frente al televisor, sola como un perro, que tampoco quiero! Por suerte ando con poca plata, así que tampoco me puedo clavar 15 porrones porque no me alcanza!
UNO SOLO!!!!