lunes, 30 de julio de 2012

A duras penas... pero aguantando

No me mandé ninguna cag*ada hoy. Hice todo en regla, aunque me costó un perú. Yogurt + café con leche a la mañana, caldo + vianda + kiwi al mediodía, una pera y otro café con leche a la tarde, y caldo + vianda + un litro de jugo Clight hace un rato.
Mañana voy a intentar reducir un poco más la porción, meter algo más fresco en vez de dos viandas. Pero hoy necesitaba simplemente efectivizar el corte con la harina para despegarme, el resto se verá.
Mi peso de hoy después del atraconazo: 66,3 kg. Nerds... Pero no importa! A mirar para adelante. Dos días de corte con mucha fruta, una pasadita por el baño y vuelvo a la carrera.
Voy a poder controlar mi ingesta todos los días de esta semana, salvo el viernes. Tengo gran almuerzo gran en el laburo, y por la noche after office. Ahí vamos a ver cómo me las arreglo, pero una cosa es seguro, y es que si no estoy bien plantada y fuerte para ese entonces, me va a llevar puesta. Tengo tres días de "concentración" hasta entonces.

domingo, 29 de julio de 2012

Análisis estadístico de mis atracones

Foto: nbaapuestas.com
Terminé de publicar el post anterior, denunciando mi último atracón y buscando las causas, y se me ocurrió mirar los posts para atrás hasta el último atracón que hubiera tenido. Y qué curioso: resulta que el anterior atracón me lo di cuando llegué exactamente al peso en que estoy ahora (65 y pico) y justamente un fin de semana que fui a casa de mi madre. Oh casualidad.

El tema de mi vieja ya lo comenté, pero la coincidencia de peso entre mi peso actual y del anterior atracón sugiere una nueva causa: el saboteo previo a llegar a la meta. Y esto lo relaciono con el tema de la autoestima, la femeneidad y la relación con el sexo opuesto. Me explico: si estoy gorda, estoy fuera del mercado, no me expongo a que me rechacen, porque me excluyo sola, abajo de los kilos y adentro de mi departamento. Si adelgazo, me preocupo por mi imagen, me arreglo, me compro ropa, vuelvo al mercado, me expongo. Y si aún así me rechazan, me hago pelota. Fue un poco lo que me pasó la vez pasada que adelgacé tanto. Había por entonces un potencial candidato que me rondaba, y a pesar de la mesoterapia, el gimnasio y gastos millonarios en la remil pilcha, no pasó naranja. Fue una gran decepción y tuvo como consecuencia que tirara todo a la mier*da. El suceso del sábado pasado con el sujeto que rajaba la tierra puede haber funcionado, inconscientemente, como un recordatorio de la anterior vez que me expuse y me salió mal. Y yo que creía que esta vuelta tenía más herramientas que la anterior, se ve que sigo siendo igual de vulnerable. 

Habrá que persistir: en el grupo de los gordos de ayer habló una chica con desordenes alimentarios bastante más graves que los míos (pastillas, internaciones), una ex deportista que se veía obesa con 58 kilos. Su percepción de sí misma claramente está muy jodida, y lo que le decían era que tiene que permanecer un tiempo largo en "su" peso (concepto que me resulta muy esquivo, pero eso será materia de otro post) y que recién ahí logrará amigarse con su imagen. Supongo que eso a mi me falta todavía.  Pasé muy poco tiempo en los 62s-63s la vez pasada, y recién estoy volviendo a las proximidades de ese peso. Por "llegar" no me voy a sentir automáticamente mejor ni me voy a ver bien. Supongo que por eso también me resulta imposible disfrutar del descenso, de verme cada vez mejor, de ir sintiéndome gradualmente más liviana en el proceso, aún antes de llegar a "el" peso. Porque aún cuando llegue, toma tiempo adaptarse. De nuevo, no queda otra. A respirar hondo y a aguantar...

Atracón: buscando las causas


Bueno, mi último post resultó premonitorio: no se puede andar pelotude*ando porque trae consecuencias, y en mi caso MUY graves. Como la última vez que escribí fue después del fin de semana pasado, tengo bastante para recapitular. Acá va:

Luego del finde de excesos me enderecé el lunes y anduve bien hasta el miércoles a la noche. Fuimos a cenar con mi vieja y dos amigas suyas a un restaurant pipí cucú. Me abstuve de la panera, y pedí pescado, pero hubo unos picoteos fuera de reglamento: un bocado de fainá que trajeron de entrada, dos endivias rellenas con queso azul, nuez y reducción de aceto y miel (la cosa más maravillosa que he comido en años), y una feta de tostón. Me explico: el pescado venía con una tostada de pan tipo lactal pero gordo como tres fetas juntas, medio dorado en manteca y ajo. Lo fui pellizcando hasta que decidí cortarme una feta, disfrutarla y punto. Además, el pescado venía en una especie de salsita que debía tener crema de leche, y comí un bocado de un crumble que se pidieron el resto. Ah! Y dos vasos de sauvignon blanc. Ahora que lo escribo todo, suena muchísimo, pero no lo era... para alguien que está manteniendo! Obviamente no para mi, y sobre todo por el tema PAN.

Al día siguiente tuve almuerzo con clientes, y a pesar de que pedí una ensalada muy light y sin condimentos raros, me comí el pancito de acompañamiento. Jueves a la noche, finalmente, volqué. Los mini desbordes se acumularon y enfrentada con una parrillada, me llevó puesta. Comí una empanada de carne frita, una porción de entraña con ensalada, algunas papas fritas, dos vasos de malbec, y la peor parte: dos panes. Logré abstenerme de pedir postre, pero a la vuelta, en un kiosco, mi vieja compró un helado de chocotorta, un alfajor de maicena, bombones y almendras. Me comí un mordiscón de cada cosa, y casi medio tarrito de almendras, de esos altos, hasta que me las acabé. Si hubiera habido más, me las seguía comiendo.

El viernes hice las cosas super bien, incluso a pesar de haber estado luchado internamente media mañana en contra de una medialuna que me miraba desde el centro de la mesa de la sala de conferencias en que estuve reunida. 

El sábado fui a la clínica, anoté mil cosas, reflexioné sobre por qué había volcado, lo entendí, y a la tarde me volví a ir al carajo. Té con platón de frutas, quesos y dos tostadas de semillas con queso blanco y miel. Compartido con mi amiga, no fue mucho, pero seguía jodiendo con el pan. Y a la noche toqué fondo: me tomé un vino con otra amiga, que me eliminó todo freno inhibitorio. Volvía caminando a casa, pasé por un kiosco y me compré un alfajor chocoarroz y un paquete de galletitas de arroz, que me comí entero, untado con queso blanco, y cuando se me acabó eso, con mayonesa. Compré esas galletas --y no unos twistos, por ejemplo-- porque pensé que si me iba a atracar, que al menos no fuera tan grave, que no fuera con harina. Pero finalmente luego de comerme hasta la última galleta inmunda, me volví a cruzar a en frente a comprar medio kilo de helado LIGHT. Caradura. Me comí hasta los dos cucuruchos que te meten en la bolsa. 

Foto: t3.gstatic.com
Hoy me siento un excremento humano, pero todavía no la cagué. Me desperté tarde y no almorcé, me comí una banana, y hace un rato unas frutillas con yogurt. Pendo de un hilo, así que ojalá pueda hacer las 48 horas de corte y no me sumerja en un espiral de atracones del que no pueda salir hasta recuperar todo el peso perdido.

Hecha la recapitulación fáctica, vayamos a las causas, ¿qué me pasó? Múltiples posibles interpretaciones, o capaz varios factores que contribuyeron y la sumatoria pudo más. El descontrol empezó el fin de semana pasado, así que habrá que comenzar por ahí y ver qué pasó.

Pasé todo el finde con mi vieja, a la que ya les he contado que no quiero participar de mis decisiones alimentarias, ni de imagen, ni nada por el estilo. Al no explicar que estaba en la dieta sin harinas, hubo cosas a las que no "pude" decir que no sin que se notara. Excusas, no? Lo que pasa es que mi vieja puede ser muy insistente. Ella es una gorda desbordada sin control que permanentemente busca cómplices para sus excesos y luego busca responsables de sus atracones. Durante todo el finde estuve en una constante lucha por ponerme límites a mi misma, pero al mismo tiempo también tuve que luchar en contra de poner límites a mi mamá. Normalmente ya me cuesta solita mi alma tomar la decisión correcta, acá tuve que luchar en dos frentes, sumando a los embates permanentes de mi mamá. Más lo pienso y más bronca me da. Salto al miércoles y de nuevo lo mismo, casi puedo escucharla insistiendo durante casi 15 minutos que alguien compartiera con ella un postre, que se terminó pidiendo sola (el crumble al cual le di un bocado). El jueves la escena que hizo porque no pudo pedir postre fue digna de ver. Una nena caprichosa parada en la vereda a punto de largarse a llorar hasta que logró irse al kiosco y comprar todas esas golosinas que enumeré. Me dio asco, la odié. Y entonces por qué yo también me prendí? Por qué en el punto en que más me desagradó verla fue cuando bajé la guardia y me comí un millón de almendras hasta que me dolió la panza?

Segundo factor involucrado, qué predecible que soy: un tipo. Salí el sábado pasado y estuve charlando con un tipo que rajaba la tierra. Me fui chocha a mi casa porque me hubiera dado bola un tipo así, pero obviamente una semana después no ha vuelto a llamar. Mi interpretación del suceso fue inicialmente “positiva” (notar la comillas, que no son casuales). Pensé: “che, debo haber adelgazado bastante, y debo estar bastante bien si un tipo como este considera que estoy lo suficientemente buena como para querer darme masa.” Por supuesto, subyacente en el pensamiento está que el tipo está totalmente fuera de mi liga, y que sólo puede querer g*rcharme y nunca nada más. De hecho, no muy subyacente, sino más bien ostensible, está también la sorpresa porque siquiera considere g*rcharme. Cuando no volvió a llamar, no me deprimí, porque en el fondo prácticamente lo justifiqué. El interés del tipo era esa noche, porque era lo que había, lo que encontró a mano, pero no había ninguna chance de que tuviera interés en continuarlo más allá de esa vez. Nuevamente intenté racionalizarlo como que era un “boost” para mi autoestima que un pibe así se hubiera fijado en mi. Pero luego del atracón de anoche evidentemente tengo que sincerarme conmigo misma y admitir que debo seguir odiándome, a pesar de estar más flaca, si es que puedo llegar a pensar y creerme todas estas construcciones que estoy relatando. Una mina con un cachito de autoestima se hubiera permitido fantasear con el tipo, ilusionarse con que llamara, y enojarse si finalmente no llamaba. No fue mi caso.

Hubo otros factores? Supongo que el tema del alcohol no ayudó. Normalmente aún a pesar del consumo de harina hubiera podido parar un atracón. Pero el pedo te quita todo límite, toda inhibición, y enfrentada con la decisión, fue mucho más fácil decidir irme a la mierd*a.

Así que acá estoy. Agarrada a la silla, con miedo de siquiera rumbear por la cocina por lo que pueda llegar a hacer. Rompiéndome la cabeza para ver cómo hago para no dejar que este tropezón me pegue para el lado de la depresión. Determinada a no volver a dejar que suceda el efecto “contagio” con mi vieja, pero con pocas pistas sobre cómo meterme en personaje de mujer sexy y creérmela lo suficiente para que un desencanto mínimo no me cagu*e a palos la autoestima. Respiro hondo…

lunes, 23 de julio de 2012

Desarreglos y ajuste

Vengo a sincerarme respecto de mi fin de semana y pasar en limpio la serie de transgresiones que cometí. Ello con el propósito de recapitular y tomar conciencia de que fueron muchas, y no volver a repetirlas, cortar, y emprolijarme de nuevo, aunque adelanto que la historia tiene final feliz.

El viernes arranqué el día con un peso inusualmente bajo: 65,6 kg! La alegría de ver ese número me mantuvo motivada durante la cena del festejo del día del amigo, pero al mismo tiempo pienso que aproveché que tenía "margen" para tomarme algunas licencias. Pedí una ensalada de rúcula, manzana verde, queso de cabra y almendras y nueces tostadas. Hasta ahí más o menos bien, salvo que además me tomé TRES fernets (aunque con Coca Light, obvio). El sábado no me pesé por la mañana porque me levanté en un horario que no es el que yo me peso y no quise especular. Comí una ensalada de rúcula, champis, tomates secos y salmón ahumado, pero le saqué la mayoría del salmón, que estaba feo. Por la tarde un yogurt ser con frutas. Por la noche vino la segunda transgresión GRANDE: pedí a medias para compartir una entrada de langostinos apanados (me habré comido cuatro, pero eran grandotes). Fue un gran sacrificio no untarlos en la salsa tártara que venía de acompañamiento (ni comer pancito con dip que trajeron antes de la entrada). De plato principal un salmón grillado con roll de zuchini relleno de champignones y un poco de queso cheddar arriba, también compartido, así que solo medio plato. Todo acompañado de un vinito malbec, también a medias. Aunque el menú fue excesivo para la porción Ravenna, y encima le metí dos copas de vino, cosa que decididamente no está permitida, creo que fue una conducta bastante razonable, digamos. Pero la transgresión fue grande porque COMÍ HARINA: el rebozado de los langostinos, que era bien gordo y masoso (y delicioso como la put*a que lo parió). Por la noche, fui al boliche y clavé TRES Fernets más. El desarreglo continuó al día siguiente: parrilla. Pedí un filet de pollo a medias, con puré de calabaza de acompañamiento, pero probé unas cebollas en escabeche, y unas lentejas y porotos en escabeche (un bocado de cada) y la porción del pollo era el doble que la de Ravenna. Por la tarde tomé un té con leche, y ya el descontrol y la falta de límites se empezaban a notar. Había chocolatitos mini para acompañar el café, pasta frola, muffins y almendras. Comí dos almendras y un chocolatín. Y después me dejé de joder. A la tarde no comí más nada, ayudada por el revuelto que me quedó en la panza de tanto Fernet, vino y descontrol. Recién me comí un yogurt ser firme a la noche, cuando me dio un poco de hambre. Hoy ya volví a la rutina y corté con el exceso. Vuelta al ruedo y prolijita. El saldo de la jodita... CERO. No subí nada. De hecho, esta mañana me pesé y clavé unos maravillosos 65,2 kg!!!!!! Nuevamente y como siempre, espero que no se trate de una anomalía provocada por el solo hecho de que ayer prácticamente no cené. En cualquier caso, como ya estoy de vuelta en la buena senda, no debería mañana pesar mucho más. Por suerte cumplí el propósito que me había puesto el otro día de que el fin de semana, más los festejos del día del amigo, etc, no me hicieran subir por sobre 66,2 kg. Quien diría que iba a terminar incluso un kilo más abajo que eso, no?

Hecha la correspondiente recapitulación, lo que salta a la vista y hay que extraer como moraleja, es que es MUY fácil irse al caraj*o. Que uno relaja un chachitín y al otro día es un cachitín y medio, y así sucesivamente. La conducta que desplegué probablemente sea más o menos razonable durante el mantenimiento, pero no debería serlo para el descenso. Quise ponerlo por escrito porque como finalmente bajé de peso, no quiero engañarme y pensar que lo que hice el fin de semana estuvo bien solo porque no me trajo consecuencias. Así que eso. Saludossss.

jueves, 19 de julio de 2012

Reflexiones sobre la omnipotencia y el orgullo

Sigo en 62,2 kg! Pude mantener ese numerito que me sonaba artificialmente bajo y que atribuí a haberme parado torcida en la balanza! Mi meta es el lunes pesar exactamente eso, 62,2 kg, y ni un gramo más. 


Porque hoy arrancan los diversos festejos del día del amigo. Tengo un almuerzo hoy, una cena mañana, un té el sábado a la tarde, y programa con mi mamá el domingo. TODO involucra comida. Pero bueno, la vida es así. Es socialmente casi una regla que uno se junta a comer o a chupar algo. Siempre. Y es uno de los grandes placeres de la vida, así que no pretendo cambiar esos hábitos en mis amigos. La que me tengo que limitar y evitar tentar soy yo. No voy a pedirle a mi gente que me ayude, que me tengan especial consideración, que no me sometan a situaciones que me puedan hacer descarrilar, como hacen otros gordos a dieta. A mi no me sirve, me siento una idiota, siento que me tienen lástima, que me sobreprotegen como a una nena tonta que sola no puede controlarse. 


Por eso no participo a nadie de mi dieta, y no por otra cosa. En el grupo de los gordos cuando uno oculta que está a dieta de otros, tienden a interpretarlo como una forma de no hacerse cargo, porque si nadie sabe, nadie se entera si la abandonás tampoco. Es una forma de no comprometerse del todo, de poder borrarse y hacerse el bolud*o si las cosas salen mal o si la voluntad flaquea. Ese no es mi caso, no es por eso que oculto mi dieta. Es por esto que venía diciendo, de que no quiero la compasión de nadie, que me resulta paternalista y peyorativa (omnipotente, yo? nahhh...) y porque además no quiero opiniones ajenas. No quiero deditos levantados, gente diciendo "tenés que hacer así, tenés que hacer asá". De nadie. Ni de otros gordos, que adelgazan medio kilo y ya la tienen clarísima y te dan cátedra, con un aire de superioridad que me da por el ort*o. Ni de flacos, porque sus consejos parten de un enfoque sano hacia la comida, y por lo tanto no me van a servir nunca, y porque aparte me hace sentir patética, ver que ellos pueden controlar el tema de la comida y yo no. 


"I'm not your project!"
 al estilo Tai para Cher en Clueless
Ahora que lo pongo por escrito veo que hay una buena dosis de orgullo en mi opción de no contar. Es llamativo. La vez anterior que adelgacé, recuerdo que era muy influenciable. Había un colega de trabajo que me había adoptado como "proyectito". Me decía "vos te tenés que dejar el pelo largo", "tomá un poquito de sol que quedás más linda", etc, etc. Antes de adelgazar yo lo interpretaba como actos de bondad, "qué buen pibe, cómo se preocupa por mi", pero cuando empecé a adelgazar me empezó a molestar, "qué soy yo? una gorda loser que el pibe tiene que "arreglar" como acto de bondad?". Fuc*k me, no way! Y empecé a oponer resistencia, a decirle un poco que se metiera en sus cosas y que no quisiera arreglarme mi vida. Pienso, relacionado con eso, que esta vuelta tengo más fuerza. Que no me siento tan la pobrecita sin herramientas para tomar las riendas de su vida y su alimentación. En este tiempo he hecho mucha terapia, he explorado el tema de mi imagen corporal, de mi femeneidad, mi sexualidad, y creo que cuando adelgace no me voy a sentir tan vulnerable y tan expuesta como la primera vuelta. De hecho, estoy como intrigada a ver cómo manejo las cosas esta vez, y parte de mi desea exponerse, y hasta que las cosas me salgan mal, para ver cómo reacciono. 

Pesarse todos los días vs. pesarse una vez por semana?

[NOTA: este post lo escribí ayer, pero recién hoy lo subí.]


Estoy medio densa con el seguimiento del peso, me doy cuenta. Pero es que finalmente estoy viendo numeritos que me agradan y lo quiero festejar!!! Ya que no le cuento a nadie de mi vida "real" (como opuesto a mi vida bloggera), no tengo otra que postearlo minuto a minuto. 

Recuerdan que anteayer estaba bastante preocupada porque no sabía si el 666 era un error de la balanza, y ayer estaba preocupada por haberme comido esa ensalada fuera del plan? Esta mañana me fui a pesar rogando que el número se mantuviera, cualquier cosa con tal de no subir. Y clavé un 66,2 kg! No lo podía creer. No solo no subí, sino que bajé 400 gramos. 

Nuevamente, ya empecé a pensar que no puede ser. Que seguramente se debió a que me paré mal en la balanza, medio de costeleta. Así que hasta me intenté autoconvencer de que no me tengo que confiar en ese número, ya que seguramente mañana voy a ver un número más realista, cuando me pese derecha. (¡¿?!) Si, ya sé que soy una idiota, que veo siempre el vaso medio vacío. Es que supongo que tengo miedo. Miedo de entusiasmarme, de pensar que estoy en camino, y por otro lado miedo de desilusionarme si al otro día vuelvo a ver un número más alto. 

Debería sacarme un poco la presión de pesarme todo el tiempo? Alguna gente se pesa una vez por semana nada más, lo cual los ayuda a no volverse obsesivos con el seguimiento del peso, y a poner distancia con la comida, con el peso, con los "rollos" (los de la cabeza, no los de la panza). Pero a mi me da miedo que si no me controlo todos los días, puedo darme mayores "permisos" sin ver totalmente las consecuencias. En la clínica hablan de que hay que estar siempre "atentos". Pero no sé dónde termina la atención y comienza el trastorno obsesivo compulsivo, la verdad. En mi caso, tanta atención sobre el problema hace que lo ponga en el centro de la escena, que no piense casi en nada más, que me enfoque en éso a todo o nada anulando otras cosas en mi vida, que maquine permanentemente en el sobrepeso, mi imagen, la dieta y todo lo dieta-related, y que quiera todo YA. Entonces, cuál es la respuesta? Creo que por el momento, y hasta tanto no llegue a mi peso de fluctuación, prefiero cierto nivel de obsesión que el riesgo de irme a la mierd*a.

martes, 17 de julio de 2012

Resistir la tentación. Hoy: "ensalada" de gambas

Por suerte hoy sigo en el bonito número de 666. No fue una anomalía estadística, ni un error en la balanza el de ayer. Así que buenísimo!
Mi plato era algo así
Versus algo así
Hoy fui a comer con mi jefe, a ese lugar super rico que les contaba. Pedí una ensalada de gambas, pensando que iba a ser lo más discreto del menú, pero el plato de ensalada no tenía nada finalmente. Era un plato completo de gambas al vapor, flotando en aceite con perejil. Me las comí a todas, previo escurrirles el aceite a cada una en el costado del plato. No comí pan ni postre, sólo un cortadito al final. The boss, en cambio, se pidió una tortilla española babé con chorizo, y de postre una natilla catalana con caramelo y canela. ALTA envidia, pero no me tenté. A pesar de que mi porción estaba fuera de lo que puede contener una vianda de Ravenna, considero que mi comportamiento fue un éxito. Recién busqué en CalorieCount.com cuántas calorías tiene lo que me comí. Es medio difícil calcularle porque los tipos pesan en onzas, pero aproximadamente debe haber tenido como 200 calorías de gambas y algo más de aceite, no sé. Acabo de cenar mucho más liviano que de costumbre, comí una micro porción de tortilla de espinacas light. Más bien una feta que una porción, diría. Un caldito antes y un litro de jugo Clight de postre. Así que estoy llena como un sapo, pero en media hora más vale que me duerma, porque se va a digerir en muy poco tiempo y me voy a cantar de hambre.


Espero que mañana la remil put*a balanza no me cobre este mini exceso, porque tengo el pesaje de los miércoles, y el peso se anota en la tablita. Necesito un buen descenso para mostrar que estoy enganchada en el grupo de los gordos!


Atención que ya está definido el lugar de la salida del día del amigo, y no es muy adelgazamiento-friendly, me parece. Ésa va a ser la verdadera prueba de la semana. A respirar hondo.